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Comprando en la Cochinchina

en el mercado hay sitio para todos, desde los más innovadores hasta los productores tradicionales

Por Xabier Iraola - Domingo, 26 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:13h

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cuando iba a casarme, la que hoy es mi esposa me mandó a comprar el colchón para el lecho marital y, tras visitar tres tiendas, salí de todas ellas abrumado por la inmensa oferta de colchones (duros, viscoelástico, semiduros, látex, mixtos, etc.). Como se podrán imaginar, volví a casa sin colchón que, a la postre, lo adquirí en una tienda que solo tenía una única clase de colchones, “el colchón normal”, como me dijo la responsable del comercio.

Por otra parte, un amigo del sector lácteo me comentaba que un producto de su empresa ya era un producto “maduro” que, irremediablemente, tras su periodo de sorpresa y consolidación, había comenzado su cuesta abajo y que, por lo tanto, ya era momento de ir lanzando la siguiente novedad al ansioso mercado.

De estos sucedidos y otros cuantos me acordé mientras corría mis kilómetros matutinos escuchando en la radio, Euskadi Irratia para más señas, una tertulia en la que participaba Jon Sarasua, exbertsolari y actualmente profesor universitario, que llegó a afirmar, con sus palabras claro, que el actual sistema económico y productivo endiosaba la importancia de la innovación, provocando un cambio y renovación constantes en todos los ámbitos de la actividad.

No le falta razón a Sarasua puesto que la inmensidad de la oferta, en nuestro caso de alimentos y productos alimentarios transformados, hace que mucha gente estime que es imprescindible estar generando novedades, o sea innovando, para llamar la atención del consumidor final y, en consecuencia, ganarse un hueco en su cesta de la compra antes de que se aburra por falta de novedades.

Unos pretenden innovar sacando nuevos productos con los que enriquecer su oferta, otros introducen nuevas variantes y/o nuevos sabores de un mismo producto, otros adecuan su producto a un colectivo objetivo concreto (ancianos, deportistas, gays, alérgicos, etc.), algunos otros innovan en el formato o packaging bien para hacerlo más llamativo, cómodo, accesible, ecológico, etc. y otros cuantos recurrirán a otra serie de estrategias con el fin último de ganarse un hueco en el mercado y el beneplácito de los consumidores.

Y la verdad sea dicha, la cuestión pinta bastos, ya que, según un estudio de la consultora Nielsen presentado en el Congreso Aecoc, aunque un 40% de los consumidores incluyó en el último año un producto que no había comprado anteriormente en su cesta de la compra, aún así, solo dos de cada diez novedades de marcas de fabricante que se lanzan al mercado superan el año de vida en el lineal y para ello, el camino al éxito pasa por ser una innovación realmente novedosa, pero de momento solo el 7% de las innovaciones en gran consumo se pueden considerar como tal, mientras que el resto no llegarían a ser innovaciones como tal.

Para Nielsen, la clave para sobrevivir más de un año en el lineal y ser una innovación exitosa pasa por entender que cada nuevo producto tiene que desempeñar una función en la vida de las personas, es decir, cada producto que le ofrezcamos al consumidor tendrá éxito en función de si resuelve alguno de los problemas que tiene y será desechado, en la misma medida, en cuanto no responda adecuadamente a problema alguno.

Ahora bien, teniendo en cuenta los datos de Nielsen y conocedores de la amplia oferta de productos alimentarios que están a mano del consumidor, tanto en mercados y tiendas como a través de las nuevas tecnologías con las que podemos acceder a alimentos de la Cochinchina y con los que, directa o indirectamente, deben competir nuestros productores, estimo que una de las estrategias puede ser la dirigida a dar satisfacción a un consumidor necesitado de productos ricos, sabrosos, organolépticamente sumos y dar respuesta a los momentos de placer y satisfacción que demanda en determinados momentos u ocasiones. Para ello, perdonen que les diga, algunas veces y con algunos productos muy nuestros, no hace volverse locos ni inventar el Cantábrico sino que, contrariamente a lo que pueda parecer y en dirección diametralmente opuesta a la innovación constante, es más que suficiente con ser fieles al producto, a la tradición y a lo que la mayoría de los consumidores esperan de uno.

En un mercado lleno de constantes novedades y productos que desaparecen inmediatamente, muchos consumidores, no todos por supuesto, prefieren, preferimos, seguir disfrutando de los sabores auténticos, de los productos tradicionales y de todo aquello que nos reafirma en nuestro apego por la tierra y por lo nuestro.

Creo que en el mercado hay sitio para todos, tanto para los innovadores como para los más innovadores, pero también hay un nicho que no debemos arrinconar, minusvalorar y menos despreciar, para aquellos productores que ofrecen sabor, autenticidad y tradición.


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