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Opinión

Escocia también quiere jugar en la Eurocopa

Por Mikel Burzako - Domingo, 26 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Mikel Burzako viaja a Edimburgo

Mikel Burzako viaja a Edimburgo (DEIA)

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Mikel Burzako viaja a Edimburgo

transcurridaslas primeras horas del “shock” inicial que produjo el resultado del referéndum en el Reino Unido, las reacciones inmediatas de los principales líderes políticos en Europa han sido correctas y acordes a sus respectivos puestos. De un lado, David Cameron ha anunciado su dimisión, que será efectiva a partir de octubre, dejando un verdadero papelón a su sucesor para la verdadera negociación de la salida de la Unión Europea. No le cabía otra opción, después de haber fracasado en un referéndum al que se vio abocado a convocar, tras haber supuesto una de sus principales promesas de campaña y tras haber errado en su previsión inicial y gobernar, de manera inesperada, con mayoría absoluta. Últimamente, David Cameron había previsto, de manera táctica, que el referéndum podría propiciarle una mayor unidad en su partido político, una mayor armonía territorial interna y una mayor integración con el continente europeo, pero el resultado de este 23 de junio ha mostrado justo lo contrario en los tres aspectos. Y, de otro, también se han expresado las autoridades comunitarias y los jefes de estado, apelando al respeto y a la legitimidad de la decisión del pueblo británico, a una cierta calma para poder gestionar debidamente este complejo escenario y a la reafirmación de un proyecto europeo aparentemente debilitado.

Toca, a partir de ahora, poner en práctica el mecanismo de salida previsto en el artículo 50 del Tratado de la Unión. Lo cual va a requerir, en primer lugar, de un cierto componente de innovación por ambas partes, ya que se trata del primer caso práctico de salida de un Estado miembro. Seguidamente, de constancia en unas negociaciones que aunque se prevé vayan a desarrollarse en dos años, seguramente se extenderán bastante más en el tiempo, como ya han anunciado algunas voces cualificadas. En tercer lugar, de flexibilidad a la hora de negociar determinados contenidos, que conduzcan a una relación comercial bilateral fluida, en beneficio de ambas partes, y que ayude a mitigar las previsiones anticipadas por los principales organismos internacionales acerca de una caída considerable en el nivel de renta. Y finalmente, de dosis de inteligencia y una especial sensibilidad por parte de la Unión Europea hacia los diversos resultados habidos el mismo 23 de junio, lo cual debe conducir a tender puentes tanto a nivel territorial -sin duda en el caso de Escocia o de Irlanda del Norte-, como a nivel intergeneracional, donde también han existido mayoritarias respuestas pro-europeas. Especialmente significativo resulta este último caso, pues tampoco Europa puede hipotecar el futuro de toda una generación de jóvenes con sentimiento europeo por la decisión mayoritariamente adoptada por personas a partir de una determinada edad.

Creo sinceramente que el Euzkadi Buru Batzar acertó a la hora de decidir, en primer lugar, acudir al referéndum en Reino Unido. Porque tal como se ha comprobado, va a tener una influencia relevante en el futuro de Euskadi, desde el mismo momento que se abre una nueva etapa en el proyecto de construcción europea. Y que también se acertó en la elección de Edimburgo como destino. Pues a partir de nuestros vínculos históricos y afectivos, desde Euskadi se entiende bien a Escocia. Y así se cumplió nuestro doble pronóstico de que Escocia tendría una amplia respuesta favorable a Europa y que, al mismo tiempo, marcaría una clara diferencia respecto al resto de la Unión, nada menos que 14 puntos finalmente. El mensaje de Nicola Sturgeon, nueva primera ministra y líder de un Scottish National Party sólido y homogéneo, a la entrada de su colegio electoral fue rotundo: “Voto a Europa con el corazón y con la razón. Porque el futuro de Escocia quiere seguir ligado al de la Unión Europea”. Y así se dieron los resultados tan abrumadores.

Qué enorme contraste con una Inglaterra, en donde los dos grandes partidos se han mostrado totalmente divididos. Donde Boris Johnson se ha erigido en el líder del brexit en contra de la posición oficial del Partido Conservador. Y donde el Partido Laborista ha tenido que reemplazar a un Jeremy Corbyn inactivo que, en el fondo no comulgaba demasiado con un discurso europeísta, y echar mano en las últimas semanas de Gordon Brown o de la diputada asesinada, Jo Cox. Esta ha sido una de las claves del resultado final. La falta de unidad interna de los dos grandes partidos británicos que han llevado a un resultado final paradójicamente opuesto a lo que representa el actual Parlamento, y que previsiblemente puede conducir a una grave crisis interna, cuando no escisión, en ambos casos.

La otra gran clave, que no la última, habría que buscarla en la propia Unión Europea. En una Europa que no funciona, y no hay más que ver la incalificable gestión de las personas refugiadas de este último año, por poner tan solo un ejemplo. En una Europa que no tiene alma y que no ilusiona, y así el brexitha sabido captar todos los votos emocionales, quizás a excepción de Escocia y de Irlanda del Norte, por motivos más bien propios e internos. Europa está viviendo el momento más delicado de la historia de su proyecto. En la próxima salida del Reino Unido. En la proliferación de movimientos xenófobos e intolerantes. En el cada vez mayor rechazo y alejamiento por parte de su ciudadanía. Pero los momentos de crisis deben ser, ante todo, momentos de oportunidades. Y nuestro único futuro en la aldea global pasa por la reafirmación y también por la reconstrucción del proyecto europeo. Lo cual implica necesariamente situar a la política en el espacio central del proyecto europeo. A partir de ella, Europa debe primeramente recuperar su espíritu y sus valores fundacionales. Europa debe dar un salto cualitativo en su propio proyecto, avanzando significativamente en tres dimensiones urgentes, la económica, la migratoria y la de seguridad exterior, y seguidamente en la política, una vez que tengan lugar las elecciones en Francia y en Alemania de 2017. Y, finalmente, Europa debe garantizar y reforzar el principio de subsidiariedad, para poder estar próxima y trasladar la esencia del proyecto y de los valores europeos directamente a la ciudadanía. En este sentido, el lehendakari, en un ejercicio de responsabilidad y de compromiso, acaba de dejar patente en su última declaración institucional su voluntad de adhesión a un proceso de construcción europea, que a buen seguro resultará, para todos, fructífero.

Es hora de comenzar a dar los primeros pasos en este largo camino…


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