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El fin de la filosofía o el camino hacia la sociedad masa

Por Lázaro Echegaray

Por Lázaro Echegaray - Martes, 21 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:10h

La Universidad Complutense de Madrid ha anunciado la eliminación de hasta diez de sus facultades, entre ellas la de Estadística y la de Filosofía. En realidad, la desaparición de estas facultades no significa la pérdida de las disciplinas, pero sí la reestructuración y redistribución de éstas en otras. Así, por poner sólo algunos ejemplos, carreras como Enfermería u Óptica quedarían dentro de lo que se denominará Medicina y Ciencias de la Salud;Estadística en Matemáticas;Filosofía en Filología, se supone que por aquello de ‘Filosofía y letras’;Trabajo Social con Sociología y Ciencias Políticas. Da la sensación de que de lo que se trata es, precisamente, de romper con la aportación que hace la universidad a la división del trabajo social, una de las características que diferencian a nuestra sociedad y la hacen más efectiva y especializada.

Es muy difícil entender cuál es la perspectiva del gobierno en lo que tiene que ver con los planes universitarios. Es tan complicado que los grandes partidos incluso se ponen de acuerdo a la hora de tomar decisiones. Y nunca a favor del conocimiento. La crisis económica ha hecho que los políticos del ramo se hayan preocupado de imponer recortes presupuestarios y reformas estructurales en la universidad. La sociedad y el Estado han sufrido la fuga de capital intelectual, también llamada de cerebros, formados con fondos públicos. Entre las preocupaciones figura no estar a la altura de la media europea, no tener ninguna universidad entre las cien mejores del mundo, lo que ha podido justificar recortes (no se cuenta casi nunca que sí las hay entre las ciento sesenta) pero hasta hace poco no había siquiera un censo sobre el capital intelectual que había salido del país para ofrecer su conocimiento a quien quisiera comprarlo. En efecto, no se ha invertido lo suficiente en universidad, pero total, para que se lo lleven otros;esa podría ser la lectura. Ya no queda del todo claro si lo que hay es carencia de miras o mala baba.

Lo de la estadística sorprende. El arte de convertir los hechos sociales en números, proporciones y porcentajes, se ha convertido en una pauta cotidiana, noticia de telediario y de programa de información semanal ¿Quién no incluye hoy una encuesta entre sus contenidos? Si atendemos a lo que dicen los expertos en nuevas tecnologías, disciplinas como el Big Data, tan de actualidad, van a requerir en un futuro mucha mano de obra capaz de obrar a partir de ingentes cantidades de datos que deben ser tratados estadísticamente. Pero de acuerdo, la estadística es una parte de las matemáticas y por ahí se puede solventar la demanda de profesionales. Lo de la Filosofía, sin embargo, no sorprende en absoluto porque esta materia lleva ya tiempo padeciedo el anuncio de su muerte y sufre ya una enfermedad crónica. El varapalo que le ofrece hoy la Complutense podría ser solamente el principio del fin. La tendencia ya se anunciaba en 2012 y volvía a la palestra informativa en 2015. La nueva reforma educativa marginaba el arte del pensamiento y amenazaba con eliminar la Filosofía del listado de asignaturas de los colegios, o dejarla morir haciéndola optativa. Entre las amenazas se incluía también la de eliminarla como carrera universitaria, debido a que no congregaba a demasiados estudiantes en sus aulas. Vuelve a quedar claro cuáles son las intenciones de los gobiernos que sufrimos y hemos sufrido respecto a aquellas disciplinas que fomentan el pensamiento, que nos ayudan a ser un poco más críticos, un poco más independientes, bastante más demócratas y aptos para la vida social y política. Cuestionar la impartición de clases de una materia que ha diferenciado a Europa porque ha sido su cuna, germen de las democracias occidentales, es tanto como anunciar a los cuatros vientos que no nos interesa crear generaciones pensantes. Aparece otra vez en escena la brecha que se empeñan en mantener entre el desarrollo del juego democrático y el papel imprescindible que en el mismo se debiera otorgar a la educación. Cuando una materia como la filosofía pierde adeptos en las aulas, la labor de todo gobierno en democracia sería impulsar su interés, nunca eliminarla.

Puede alegarse contra todo lo dicho que la Filosofía no desaparecerá del panorama universitario español, que seguirá existiendo unida a otras carreras como la Filología. Aunque la Filosofía no es una parte de la Filología. Sin embargo, una carrera sin facultad es como una empresa sin oficinas, algo que pierde presencia y deja mala imagen. Todavía es peor cuando lo que se hace es desposeerla de su sede, deslocalizarla, quitarle la visibilidad social que la facultad, centro de conocimiento, otorga a la disciplina.



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