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La lonja de nunca acabar

Pocos se acuerdan de Alejandro Zaera, el ‘superarquitecto’ que en 2009 fue elegido para levantar en Pasai San Pedro una lonja que iba a ser símbolo de la regeneración. El puerto vio que con 16 millones no iba a llegar, así que resolvió el contrato y apostó por otro proyecto de hasta 18 ‘kilos’. El constructor ofertó hacerlo por 14,97 y ahora cuesta 20: un sobrecoste sin soporte legal que ha terminado en los tribunales.


Un reportaje de Mikel Mujika
Fotografía Gorka Estrada

Domingo, 19 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Fotomontaje de la nueva lonja, integrada en un ajardinado entorno urbanístico en pleno Pasai San Pedro.

Fotomontaje de la nueva lonja, integrada en un ajardinado entorno urbanístico en pleno Pasai San Pedro.

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Fotomontaje de la nueva lonja, integrada en un ajardinado entorno urbanístico en pleno Pasai San Pedro.

La imagen de los agentes de la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) en el puerto de Pasaia es una estampa inusual en Gipuzkoa. Es el episodio más reciente de la pesadilla en la que se ha convertido la construcción de la lonja de Pasai San Pedro y su entorno urbanístico, un proyecto que se emprendió en 2009 como una actuación urgente para el cuarto puerto del Estado que más pescado mueve y que, a la vez, estaba llamado a ser el primer paso hacia la regeneración integral de la bahía.

Pero lo que iba a ser símbolo de la recuperación de una zona degradada se ha convertido en un mal sueño: una adjudicación suspendida de la que ya pocos se acuerdan, acusaciones de plagio a los creadores del actual proyecto y un sobrecoste sin cobertura legal son de momento la carta de presentación de una infraestructura que en primer lugar iba ser un edificio industrial de 13,7 millones de euros y cuya construcción era “urgente”;después pasó a ser un edificio “singular” que iba a integrarse con el paisaje y podía costar 16;luego se pensó que eran pocos millones y se presupuestó en 18;más tarde los constructores dijeron que lo harían por 14,97 y finalmente ha costado 20. El cuento aún no ha terminado.

Por suerte, la idea de acompasar las obras sin lastrar la actividad fue un acierto y pese a que las actuaciones pendientes han sido detenidas sine die a la espera de que se resuelva el entuerto, cientos de minoristas guipuzcoanos acuden allí a diario para adquirir género. La nueva lonja funciona desde noviembre de 2013 y solo falta rematar su entorno, pero lo más difícil es deshacer el entuerto presupuestario que ha llevado a la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil a investigar en el puerto. Los tribunales deberán decidir si en el sobrecoste de cinco millones detectado hay o no delito y de quién.

maraña institucional Pero el mal fario de la lonja viene de lejos. Ya fue difícil poner en marcha el proyecto y consensuar una actuación que implicaba a cuatro administraciones, tres de ellas de diferente color: el Gobierno central y el Ejecutivo Vasco con el PSE-EE al frente;la Diputación de Gipuzkoa con PNV y EA;y el Ayuntamiento de Pasaia con la izquierda abertzale. Una maraña institucional que echaba chispas a cada paso. Pero la actuación era urgente y finalmente se dio el pistoletazo de salida.

Pocos se acuerdan ya del prestigioso arquitecto Alejandro Zaera-Polo, con estudio en Londres, que fue el primer designado para levantar la nueva lonja. Su proyecto, Pasaia, paisaia, encandiló al jurado y los 16 millones que iba a costar no fueron obstáculo para apostar por él. Una estrella de la arquitectura.

Ya se había producido un cambio respecto a la concepción inicial. El socialista Miguel Buen, por aquel entonces presidente de la Autoridad Portuaria de Pasaia (APP), admitió que la idea inicial de construir una lonja de estilo industrial se había descartado por la de un edificio “singular” de mayor coste e integrada con el paisaje. El propio puerto vio que aquella obra de Zaera iba a costar más dinero.

La idea inicial era construir un edificio industrial, pero luego se apostó por un diseño “singular”, símbolo de la regeneración de la bahía

año y medio perdidoSu decisión fue dar por “concluido sin acuerdo” el contrato con el estudio de Zaera y licitar de nuevo el proyecto, dotándolo de más millones: se presupuestaron 18 kilos. El salto ya era notable, toda vez que los estudios previos realizados por una ingeniería para analizar la conveniencia de construir una nueva lonja estimaban el coste de la misma en 13,7 millones.

El nuevo concurso se anunció en marzo de 2010;habían pasado tres meses desde el anuncio de que Alejandro Zaera-Polo iba a ser el ejecutor de la superlonja. El nuevo proceso suponía, además, retrasar el inicio de las obras varios meses. Se asumió como un mal menor. Pero el problema no iba a ser solo ese. En julio de 2010 se supo que el nuevo concurso lo ganó el estudio donostiarra de arquitectos Astigarraga y Lasarte.

acusaciones de plagioEl lío estaba montado. Alejandro Zaera acusó a los ganadores del nuevo concurso de plagio por incorporar a su proyecto la idea de la cubierta ajardinada integrada en el paisaje. Tal como vino, la polémica se fue y la voz de Zaera dejó de sonar desde Londres.

Las obras de la nueva lonja se adjudicaron a finales de noviembre de 2011;casi dos años después del episodio Zaera. El equilibrio institucional también se había visto alterado y la izquierda abertzale, que antes solo tenía el Ayuntamiento de Pasaia, gobernaba, ahora en el seno de Bildu, también la Diputación de Gipuzkoa;El PSE seguía en el puerto de Pasaia (Lucio Hernando), en el Gobierno español y en el Ejecutivo vasco, aunque tenía los días contados en Madrid, ya que Rajoy le acababa de ganar por mayoría absoluta en los comicios estatales.

Las obras fueron adjudicadas a FCC y Lurgoien por 14,97 millones. Nadie reparó entonces que dicho montante era una cantidad inferior a los 16 millones que en su día parecían insuficientes para ejecutar el proyecto de Zaera. Los trabajos se iniciaron en diciembre de 2011, coincidiendo con la llegada del PP al Ministerio de Fomento.

no llega el presupuestoLos primeros modificados llegaron en junio de 2012, con la redacción de un proyecto complementario por 616.000 euros. Ya estábamos en 15,5 millones. Las obras continuaron y en octubre de 2012, el PNV ganó las elecciones autonómicas, lo que le permitió gobernar en Lakua. Y en febrero de 2013, Ricardo Peña, el actual presidente del puerto, accedió al cargo nombrado por el PNV.

Pero la obra estaba costando más y en febrero de 2015 los responsables técnicos redactaron un informe justificando la necesidad de un nuevo proyecto complementario, lo que llevó al presidente de la APP a advertir al interventor, quien realizó una auditoría económica y encargó otra auditoría técnica a una ingeniería independiente. Se habían pagado ya los 14,9 millones de la adjudicación, más 2,08 millones de los modificados. Un total de 17 millones de euros. Todo en regla.

Pero el margen se había agotado, ya que desde 2011 la ley marca el límite del sobrecoste en una obra en el 10% sobre el precio de adjudicación. La luz de alarma saltó en julio del año pasado, según reconoció hace poco Ricardo Peña en las Juntas Generales de Gipuzkoa para explicar el caso y las destituciones del anterior director del puerto y el director de obra. Había tres millones de euros más de sobrecoste sin cobertura legal. El resto de la historia la escribirán los jueces.


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