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eurocopa 2016 grupo B

La Virtud de la aspereza

Italia, en una versión espesa y seria, se convierte en la segunda selección en alcanzar los octavos de final del torneo después de derrotar a suecia con un gol de eder en el minuto 88

Igor G. Vico - Sábado, 18 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Eder celebra el tanto que puso el 1-0 final al encuentro y que dio el pase a octavos de final a Italia.

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Eder celebra el tanto que puso el 1-0 final al encuentro y que dio el pase a octavos de final a Italia.

Italia 1

Suecia 0

ITALIA: Buffon, Barzagli, Bonucci, Chiellini, Florenzi (Min. 85, Sturaro), Parolo, De Rossi (Min. 74, Motta), Giaccherini, Candreva, Eder y Pellé (Min. 60, Zaza).

SUECIA: Isaksson, Lindelöf, Johansson, Granqvist, Olsson, Larsson, Ekdal (Min. 79, Lewiki), Källström, Forsberg (Min. 79, Durmaz), Guidetti (Min. 85, Berg) e Ibrahimovic.

Goles: 1-0: Min. 88;Eder.

Árbitro: Viktor Kassai (Hungría). Amonestó a De Rossi (Min. 69) y Buffon (Min. 93) por Italia.

Incidencias: Encuentro de la segunda jornada del Grupo E, disputado en el estadio de Toulouse ante 33.000 espectadores.

Italia tiene una idiosincrasia. Antonio Conte, un plan. Y así, en esa dicotomía, con ese monstruo de dos cabezas, un conjunto azzurro cojo de talento y pausa en la sala de máquinas, donde asoman como estiletes a fogonazos Antonio Candreva, Alessandro Florenzi y Emanuele Giaccherino, se mece ya en los octavos de final de la Eurocopa de Francia. Italia es así. Siempre lo ha sido. Para Italia un 0-0 es un tesoro a explotar por un yerro futuro de las defensas rivales. Lo fue con el gol de Eder, en el 88. El delantero del Inter de Milán, más bien apático y estático durante toda la contienda, se aprovechó de un balón peinado de Simone Zaza en tres cuartos de campo para superar a una defensa sueca cansada y desarmada, sin estridencias el resto del envite -aunque tampoco con penurias-, y batir a Andreas Isaksson con un disparo seco al palo largo. Mientras, Eder, brasileño nacionalizado, se había acomodado el balón a la derecha mientras penetraba por un pasillo amarillo en el borde del área.

La intrahistoria del tanto, otro que decide un choque a las últimas de cambio, destaca en su germen. Fue Giorgio Chiellini, artista eterno en el palo, quien abrió la jugada con un saque de banda. Antonio Conte tiene un plan. Chiellini forma parte de su eje, al igual que Leonardo Bonucci y Andrea Barzagli. ADN juventino. Arte del azote y la contención. Así es Italia. Y, cuando concedes el timón a estos tres hombres, a los que se une un Daniele de Rossi que no se caracteriza por su estilismo, la pátina del bloque no deja de ser más áspera que lamer una lija. Como el encuentro de ayer. Hirsuto hasta el tuétano.

Porque Suecia no es nada sin Zlatan Ibrahimovic, y quizás los detalles de Ekland y Kallstrom. Cuando funcionó el mágico delantero bocón de Malmö, la maquinaria amarilla se puso en marcha. Eso sí, sacrificando hasta el paso por vestuarios a un talento especial en la delantera para poner un tallo creador en el cetro del campo. Zlatan es un outsider, un alma libre. Así, la primera parte fue un tostón;sí, pero un tostón nórdico. La posesión fue sueca, merced a la decisión del bloque de Conte de amanecer ordenaditos, sin fisuras y con Graziano Pellé y Eder en la punta del ataque, esperando algún regalo.

Demasiado parados y estáticos, ninguno de los delanteros transalpinos anunció ambición colorista. Solamente Florenzi, por el perfil izquierdo, y Candreva, en el derecho, mostraron síntomas de electricidad. Conformismo. Aun así, atrincherados sus rivales, Suecia, con posesiones más largas, no hizo daño. Guidetti vagó, solo, inerme. Y, aun teniendo a un rematador como Ibra, la opción de sorprender a una selección armada para sobrevivir era una quimera. Las basculaciones de una Italia sobria, con las ideas defensivas claras, evitó males mayores. Así es Italia: pelín sosa, pero efectiva. Pero algo cambió tras el paso por vestuarios. O a Zlatan se le acabó la necesidad de crear o los de Conte subieron un pelín más la presión. Fuera lo que fuese, la principal estrella nórdica, y uno de los mejores jugadores del mundo, se apagó. Pasó de ser guía y faro a fundirse en la pelea con los cimientos azzurri en la zaga. Apagón general.

Tres disparos a puertaItalia comenzó a ascender en el terreno de juego. Estirándose. Zaza entró por un romo Pellé. Giaccherini, habilidosísimo, rumboso, se activó y el peligro se empezó a oler. Los tres puntales italianos de la defensa cedieron el protagonismo a los verticales Giaccherini, Candreva y Florenzi. Conte no cambió el dibujo aunque Italia necesitaba de otra cosa y sustituyó a De Rossi por Motta. Más madera. Suecia desapareció. Y, en el 82, el menudo centrocampista de Talla, todo talento -un recorte después fue para enmarcar-, culminó la única combinación larga de Italia, con más de 25 pases, en un centro a la cabeza de Marco Parolo que dio al larguero. Fue el segundo disparo a puerta de todo el partido. Un clásico. El tercero, después de un saque de banda de Chiellini, fue el gol. Pura Italia. A octavos de final.


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