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Opinión 26J

Nada será igual que el 20-D

Juan Mari Gastaca - Miércoles, 15 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:12h

cuando el escepticismo sobre si será posible un gobierno tras las nuevas elecciones se ha apoderado peligrosamente del clima social por culpa del anodino debate sin lesionados del lunes, es posible armar una corriente entusiástica para proclamar, sobre una cierta dosis de realismo, que ya nada será igual que el 20-D. De entrada, con los datos del 26-J habrá investidura, en el segundo intento claro, de un nuevo presidente -muy posiblemente el mismo de ahora- y para una legislatura que se augura corta por la inestabilidad política, los desafectos autonómicos y la incertidumbre de la asfixia que pretenda Bruselas. Es decir, ya el rey no sufrirá más sobresaltos ni desaires como el que le propinó Mariano Rajoy en uno de los gestos peor interpretados y de mayor rentabilidad política.

Tampoco será nada igual para el resto de partidos mayoritarios, otra vez incapaces de someter siquiera de lejos la supremacía de ese PP acosado por la corrupción sí pero que ya no le penaliza, atrincherado en su quietismo ante las exigencias de la regeneración democrática y entregado a las exigencias de los recortes amenazantes de la Unión Europea por ese déficit galopante que nadie se atreve a envarar. Pero nada comparable con el frío que recorre la médula espinal del PSOE, mucho más aterido desde que en Ferraz han visto dos veces el vídeo de Pedro Sánchez en el debate que su candidato no ganó cuando disponía de la bala de plata para despejar mínimamente las funestas sospechas sobre su suerte en las urnas. Ahora, esa histórica militancia que sigue suspirando desde una mentalidad quizá todavía guerracivilista por la victoria de la izquierda sobre la derecha rumia su desconsuelo porque sabe que tampoco esta vez será posible. El sorpassoharía imposible que los restos arcaicos del felipismo y su cordón umbilical de los barones entronizaran presidente -aun asistido de la mayoría suficiente- a Pablo Iglesias porque supondría la defenestración para algunos quinquenios del PSOE. En cualquier caso, el golpe de mano de Podemos viene cargado de veneno para los socialistas porque de entrada y sin dar un paso al juego de posibles coaliciones le desplazaría como partido de la oposición. Una ruina. Todo lo contrario al ánimo de Pablo Iglesias que levita a camino de los sondeos y de La Sexta, sabedor de que cualquier resultado, por inesperado que sea, le favorece. Son las cosas de jugar a varias bandas.

Y Ciudadanos también verá otro escenario distinto al de las pasadas elecciones. El PP le espera con los brazos abiertos para acercarse a la mayoría que anhela. O, tal vez, ambos se encuentren sin mucho esfuerzo a medio camino porque les empujan sus urgencias. Para entonces no quedará rastro de la exigencia de un gobierno sin Rajoy. El lunes mismo, la exigencia de Albert Rivera apenas pasó de requerir al presidente que reflexione. Lo hará mientras se fuma un puro durante la Eurocopa, su pasión.


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