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elecciones generales 2016

¿Elecciones por tercera vez?

los candidatos a la presidencia española mantuvieron sus vetos en el debate televisivo y no despejaron las alianzas

Un reportaje de Míriam Vázquez - Miércoles, 15 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Mariano Rajoy ayer en Roquetas de Mar, junto con Rafael Hernando y cargos locales del PP.

Mariano Rajoy ayer en Roquetas de Mar, junto con Rafael Hernando y cargos locales del PP. (EFE)

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Mariano Rajoy ayer en Roquetas de Mar, junto con Rafael Hernando y cargos locales del PP.

A pesar de la expectación que había generado el debate entre los cuatro candidatos a la presidencia española, ninguno de los aspirantes logró sorprender ni lanzar mensajes novedosos en la emisión televisiva del lunes. Mariano Rajoy, Pedro Sánchez, Pablo Iglesias y Albert Rivera fueron sobre seguro para no cometer errores y se atrincheraron en posiciones ya conocidas. Todo ello propició que el debate terminara como comenzó, con la misma duda sobrevolando el panorama político español: ¿Serán capaces los partidos de ponerse de acuerdo tras el 26 de junio, o habrá que celebrar las elecciones generales por tercera vez? El socialista Sánchez volvió a rechazar el derecho a decidir que propone Unido Podemos y que sigue siendo uno de los principales escollos para que cuaje una mayoría de izquierdas que desaloje a Rajoy. Además, recordó de manera machacona que su investidura no salió adelante por el veto conjunto de PP y Podemos, un reproche que evidencia la desconfianza y el resquemor de los socialistas hacia la formación morada. Por su parte, el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, el único aliado potencial al que podría fiar la investidura el PP, se mostró muy severo con el presidente español en funciones.

Esa fotografía llega después de que la encuesta del CIS, publicada la semana pasada, dibujara un panorama endiablado en materia de gobernabilidad. Ni el bloque de la derecha (PP-C’s) ni el de la izquierda (PSOE-Unidos Podemos) suman mayoría absoluta, de modo que sería necesario el concurso de los nacionalistas vascos y catalanes. PP y Ciudadanos se quedarían como mucho en 160 escaños, 16 por debajo de la mayoría absoluta, un obstáculo aritmético al que se suma que esos dos potenciales socios chocaron en el debate por los casos de corrupción. Ciudadanos no tendría ningún problema en pactar con el PP siempre y cuando Rajoy diera un paso atrás para regenerar el partido. El presidente en funciones se mostró molesto con Rivera en el debate, y llegó a considerarlo un inquisidor. Por el contrario, Sánchez y Rivera no tuvieron ningún choque dialéctico, lo que se ha interpretado como una señal de que aspiran a reeditar su pacto insuficiente. Lo único que ha pactado Rivera en el Congreso ha sido ese acuerdo de investidura con los socialistas, no con el PP, aunque quedó en papel mojado porque no logró más adhesiones.

En ámbitos populares siguen poniendo en valor que son el partido más votado y confían en atraerse a Ciudadanos y al PNV. Los jeltzales no le negarán la palabra a nadie y se sentarán a dialogar, pero no ocultan que sería necesario un viraje espectacular en las posiciones del PP para acordar la investidura.

La otra gran esperanza de Rajoy, su plan B, pasa por engordar a Podemos para que sea segunda fuerza y el socialismo quede tan debilitado que no participe en una maniobra de desalojo. Quedar en tercer lugar sería catastrófico para el PSOE, habría presiones para que Sánchez dimitiera, el partido estaría abocado a una refundación y seguramente quedaría en manos de una gestora. En ese contexto, el PP cree que el socialismo se abstendría para dejar gobernar a Rajoy. Pensar en el apoyo socialista en otras condiciones sería una ensoñación. Sánchez se mostró inflexible con el presidente en funciones en el debate, pero lo cierto es que tampoco terminó de echarse en brazos de Unidos Podemos para conformar una mayoría alternativa de izquierdas pese a los hipnóticos susurros de Iglesias, que respondía a cada ataque del PSOE puntualizando que el rival es el PP.

izquierdaSegún el CIS, PSOE y Unidos Podemos podrían llegar a los 172 escaños. Si Iglesias quedara por delante de Sánchez, la debacle socialista y el clima de abatimiento y refundación harían muy difícil un gobierno alternativo. Si Sánchez volviera a quedar por delante de Unidos Podemos, podría repetirse el sainete de las pasadas negociaciones, con los dos partidos incapaces de llegar a un acuerdo por sus discrepancias sobre el derecho a decidir, la insistencia de Iglesias en entrar en un gobierno de coalición, y las reticencias del socialismo a la hora de forjar un acuerdo en exclusiva con el partido morado que lo obligara, además, a contar con los nacionalistas catalanes.

Los presentadores del debate preguntaron nada más comenzar la contienda si los cuatro candidatos se comprometen a evitar terceras elecciones. Rajoy estuvo cómodo, asegurando que la solución es respetar al más votado: él, según todas las encuestas. Esa vía supondría un suicidio para el socialismo, salvo que mediara una debacle electoral que obligara al PSOE a hacerse a un lado. Iglesias, además de Rajoy, fue el único que respondió a pecho descubierto apostando por una alianza solamente de izquierdas. No está claro si el PSOE se empeñará en el acuerdo a izquierda y derecha, con Podemos y Ciudadanos, que ya ha fracasado estos meses.


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