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El único debate a cuatro tampoco sirve para desempatar la carrera electoral

Rajoy sobrevive en una pugna entre dos bloques que siguen buscando hacerse con el apoyo del 30% indeciso

Jurdan Arretxe - Martes, 14 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posan antes del debate.

Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posan antes del debate. (Efe)

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Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias posan antes del debate.

DONOSTIA- El debate de anoche llegaba polarizado en dos bloques y se fue igual. Los temas que había sobre la mesa no fueron más que la excusa para la autoafirmación. El uno para prometer “perseverar las medidas de la pasada legislatura” -que, tras la última fallida, se refería en realidad a la anterior-. El segundo, para lamentar “todas esas propuestas que hoy podían ser realidad” no lo son desde marzo porque Podemos y PP votaron no. El tercero, para “ser más ambicioso y mejorar lo que ha hecho el PP”. Y el último, para derogar lo derogable y proponer un “gobierno progresista”.

El transcurrir del tiempo terminó por dar ventaja de nuevo a Mariano Rajoy, don Perseverar. Los focos estaban puestos sobre él, ausente del debate del 20-D, y en si Sánchez, Rivera e Iglesias arrancarían en tromba contra su gestión. Frente a Rajoy, y tras conocer las últimas encuestas de intención de voto, Pablo Iglesias partía en la segunda posición. He ahí los dos ejes: por un lado, PP versus Unidos Podemos. Por otro lado, Rajoy e Iglesias frente a Sánchez y Rivera.

Los dos que consiguieron un pacto de investidura insuficiente acabaron con la mirada puesta en el aspirante de Unidos Podemos, aunque trataban de minar al presidente en funciones en cada acto de la función. Por alusiones, Rajoy despachó: “Estos señores están todo el rato hablando de mí, y yo soy el candidato de un partido que intenta ocuparse de los problemas reales”.

Daba igual si era el segundo bloque sobre políticas sociales o el primero, sobre economía y empleo. La primera media hora ya dejó sobre la mesa las líneas maestras de un debate que llegaba con dos candidatos con poco que ganar en las esquinas del plató -Rajoy e Iglesias- y dos aspirantes con muchas necesidades y urgencias. Quien tuviera que marcharse a la cama para hoy levantarse pronto, lo había visto casi todo.

Con muchos datos y muchos argumentos de instituciones como Eurostat u OCDE, los candidatos trataron de buscarse su hueco en un debate encorsetado y por momentos con menos punch que el que se vivió durante el día en Twitter entre el PP vasco y varios tuiteros a cuenta del anuncio Alde Rajoy.

Buscaron activar a su militancia ante el riesgo de la abstención y llamar al 32,4% de los indecisos, que, según el último CIS, son más del 42% de los jóvenes entre 18 y 24 años. Pretendieron, en el caso de Sánchez, recuperar la bandera de izquierdas lograda por Podemos tras su golpe de efecto con Izquierda Unida. Por el mismo precio, volver a presentarse como la alternativa a un Rajoy que, sin apenas mirarlos, se refirió de salida a sus contrincantes como “intervinientes”.

Desde el centro -del plató-, los candidatos que alcanzaron un acuerdo de investidura parecía que mantenían el pacto y se repartieron de salida los papeles. El dirigente socialista, con corbata granate y al que casi nadie atacó salvo el previsible “el adversario no soy yo, Pedro, es Rajoy” de Iglesias, interpeló en varias ocasiones al presidente del Ejecutivo en funciones, al otro encorbatado -azul marino- de la noche a excepción de los moderadores.

Rivera, con chaqueta y camisa blanca, buscó por su parte al candidato de Unidos Podemos. Mientras se negó a “compartir el triunfalismo de Rajoy”, se opuso a “derogar a todo, como dice Podemos”, en una estrategia de retener los votos que duden entre C’s y PP.

El candidato de Ciudadanos abrió así la segunda clave de un debate que había arrancado con un ataque de los tres a Rajoy por “autocomplaciente”, “conformista” y “triunfalista”. En el escenario, dos esquinas, dos enemigos a batir. La polaridad.


Corrupción y final La “regeneración democrática” que los candidatos centraron en la corrupción enfrentó primero a Sánchez e Iglesias a cuenta de las puertas giratorias y abrió una cascada de alusiones a pagos en B, a Venezuela -tardó hora y media en aparecer el gran tema de la precampaña, antes se habló de Grecia-, de declaraciones a Salvados y cuándo se tiene que marchar un político implicado en un caso de corrupción.

Eso sí, terminó por enzarzar a los dos clásicos. Al “usted es presidente de un partido en B con la contabilidad y la financiación en B” que lanzó un casi siempre ausente Sánchez, Rajoy respondió con que el socialista “no hablaría de la corrupción si a mí no me perjudicara” para decir que se guardó ataques al PSOE por el bien del país.

Un Estado del que, habida cuenta de los ausentes como PNV, EH Bildu, Geroa Bai, CDC y ERC -que también anoche mantuvieron un debate online-, cuestiones como Euskadi (salvo la mención de Iglesias a las rentas básicas de Hegoalde, Garoña y al final a cuenta de Catalunya, donde se presentó como partido capaz de vencer “a los independentistas”) pasaron casi desapercibidas.

Temas que, como la violencia de género que necesitaron de varias interpelaciones de los moderadores, apenas tuvieron sitio en una sucesión de materias que conducían a un final que abordó los pactos post 26-J. Un encuentro que se marchó como llegó. Como quería Rajoy, don Perseverar. Sin terminar de despejar si valdrá para que los indecisos decidan. En el caso de que siguieran despiertos hasta el final.


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