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Paco Ibáñez cantante

“Con cien Blas de Otero cambiamos este puto país que es España”

Paco Ibáñez clausuró en Bilbao con sus canciones la semana de homenaje a Blas de Otero en su centenario. Los aplausos le parecieron ramos de flores

Julio Flor Oskar Martínez - Lunes, 13 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Paco Ibáñez, cantante.

Paco Ibáñez, cantante.

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Paco Ibáñez, cantante.

donostia- Tenía 14 años cuando pasó andando, en plena noche, de la España negra a la Francia libre del exilio. Desde lo alto de la colina, Paco Ibáñez pudo ver un faro que llenaba de luz la madrugada. Aquel faro de Biarritz representa hoy la poesía. Una luz que explota por dentro. Un faro que te avasalla de emoción.

Le voy a presentar como un guipuzcoano de Aduna.

-Yo soy un guipuzcoano de Aduna, de Valencia, de Francia, de todos los países que quiero y con los cuales me identifico. Todas las nacionalidades caben en una.

Su infancia fue feliz en aquel universo de Aduna, donde había poesía y música.

-Es verdad. Fui feliz viviendo en el campo con las vacas, caminando por el monte. Allí construí mi mundo. Me sentía bien con las broncas del tío Ramón, con la tía Romana rezando y dulcificándolo todo, con el abuelo hablándome solo en euskera. Y ahora que lo pienso soy más feliz aún que cuando lo viví. Viví plenamente aquella infancia en Gipuzkoa.

Allí cuidaba las vacas cantando, iba a la escuela cantando. Se ha pasado la vida cantando.

-Suelo decir que ya cantaba en el vientre de mi madre. Un día me moriré cantando, y después seguiré cantando. Recuerdo que le sisaba dinero a mi tía para comprar en San Sebastián las letras de las canciones para aprenderlas bien y cantarlas.

Las canciones de Jorge Negrete…

-Exactamente. O los boleros. O Antonio Machín. Aquella de “pasaremos la noche en la luna viviendo en mi casita de papel” (canta). ¿De dónde las sacaba, si no teníamos radio? Ni agua, ni electricidad había en el caserío. No sé, a veces pienso que esas canciones me las enseñaban las vacas. Lo importante es que me llenaban la vida.

“Estamos en medio de un holocausto cultural. Que no nos compren por un plato de lentejas ni no nos digan que el dinero es lo más importante”

El primer poema que musicó fue ‘La más bella niña’, de Luis de Góngora, ¿no?

-Sí. Al leer aquel poema de Góngora, me puse a encontrarle la música, la compuse y la canté. Había una chica que me la escuchó y que siempre me la pedía. “La más bella niña / de nuestro lugar, / hoy bella y sola / y ayer por casar, / viendo que sus ojos / a la guerra van / a su madre dice / que escucha su mal: / Dejadme llorar / orillas del mar” (canta). Ahí percibí una cosa, porque el poema decía “Dejadme llorar / orillas del mar”;no decía “a orillas del mar”. Ahí coge todo su vuelo la canción. Al quitarle la “a” es una explosión de emoción. Sin aquella “a” el poema volaba.

Góngora le llevó a Lorca, Lorca a Quevedo, Quevedo a Alberti…

-Así es. Y así fui llegando hasta Neruda. Me encontré con “el continente de los Andes” que era Pablo en persona en París. Le canté su poema de Machu Pichu, le acompañé al ascensor y entonces me dijo: “Tienes que cantar mis poemas, porque tu voz está hecha para cantar poesía” (imita el acento del poeta chileno). Hostia, será posible. Así compuse luego diez de sus poemas.

“Hecho para cantar la poesía” de Neruda y de muchos otros poetas

-Habré musicado desde entonces a unos 40 poetas, o más, en lengua castellana. También algún poeta francés. Lo que no he hecho, fíjate qué cosa más rara, es musicar poemas en euskera. Ha sido como una traición casi, jolín. Un día me van a coger y en Euskal Herria me van a meter en la cárcel.

¿Quién le llevó a la poesía de Blas de Otero?

-Poetas vascos como Blas o Gabriel Celaya sí he cantado, pero ambos escribían en castellano. Vasco en mi lógica emocional es que escriban en euskera. Blas es vasco. Su estilo es vasco, habla de Bilbao, de Artxanda, pero el idioma no está presente, algo que él sufrió porque ya dijo “lo primero que hicieron fue cercenarme la lengua”. No he musicado un poema en euskera. “Dices que eres vasco y no has musicado poemas en euskera, ¡eh!”. Así que les digo que soy vascolenciano. Aunque otros aseguran que si mi madre era vasca, ya está, entonces soy vasco.

En Bilbao cantó hace unos días tres canciones en euskera, la de Mikel Laboa, la de Lete…

-La traducción de Lete del poema de Cesare Pavese La muerte vendrá a buscarme y tendrá tus ojos. Jakinen dugu egun hartan, oh / itxaropen! / bizitza zarela eta ezereza…” (canta). Qué poemón. Lete superando en la traducción a Pavese.

“Suelo decir que ya cantaba en el vientre de mi madre. Un día me moriré cantando, y después seguiré cantando”

Estuvo en París en mayo de 1968 y sé que no le gustó aquella protesta. ¿Qué le pareció la indignación de la España del 15M, en 2011?

-Una juventud que no es rebelde es como un pozo sin agua. Con el 15M y la indignación de las plazas de España empecé a respirar un poco mejor. Luego vienen los sabios, los que empiezan a teorizar, los que se olvidan del lado emocional, y todo se diluye.

Dicen que el 15M ha traído a Podemos ¿Le ofrece esperanza Unidos Podemos?

-En absoluto. Sé que parten de una buena voluntad, pero puede ser como lo de Marx, que trajo a Lenin, Lenin a Stalin, Stalin trajo el Gulag. Te guste o no, si no sintonizas con sus criterios te apartan. O te mandan al Gulag. No le oigo a Pablo Iglesias hablar de la creatividad, ni de cómo este país se hunde en la bestialidad, en cómo los norteamericanos están haciéndose con el mundo entero, cómo lo convierten en una pocilga.

En España o en Euskadi, ¿quién le ofrece confianza?

-Nadie que esté organizado. Sólo la gente popular, los que tienen sentimientos, los que no son asimilados ni engullidos, los que no dejan que nadie piense por ellos.

¿Qué nos ofrecen esos 40 poetas, cuyos poemas ha musicado en estos 50 años, esos versos cantados por el mundo entero?

-La poesía te ofrece que seas capaz de tomar el pulso y toda la dimensión que tiene la existencia. Hay que llenar el alma. La poesía traduce la vida. Si ignoras la poesía, te quedarás como un corcho que va flotando a donde le da la gana el río.

¿Cómo se sintió en Bilbao, en el concierto de catorce canciones del centenario de Blas de Otero?

-Sobre el escenario tuve la sensación de que todos los aplausos eran ramos de flores para Blas de Otero. Un día después, como ahora, pienso que las 300 personas que abarrotaban el salón le decían a Blas “aquí estamos contigo”.

“Reparto ‘quevedos’ y ‘góngoras’ como otros reparten leche en Donostia, como hacía mi tía cuando yo era pequeño”

Detrás suyo había un cartelón donde podía leerse “cien”, por el Centenario de Blas.

-Se me olvidó decir que con cien Blas de Otero cambiamos este puto país que es España. Que no se parezca en nada a lo que es. Un país donde no se piense tanto en llenar las barrigas, sino en llenar los cerebros y el corazón. Y que la sangre circule.

En los muros del Metro hay carteles con poemas de Blas: “Escribo en defensa / del reino del hombre / y su justicia / pido la paz y la palabra”.

-Hay que hacer la revolución de cada día, que en francés suena mejor. No el padre nuestro de cada día. Y no dejar pasar ni una. No permitir que la lengua del mundo sea el inglés. No. Que no nos colonicen.

Un amigo periodista, y poeta, asegura que padecemos el “holocausto cultural”.

-Estoy de acuerdo. Eso es lo que nos pasa. Es la negación de la existencia de la vida. Es el infantilismo del fútbol. Es la sociedad “bambi” que viene a definir el momento actual, con las camisetas de sonrisas dibujadas que no dicen nada. Es terrible. Sí, estamos en medio de un holocausto cultural. Que no nos compren por un plato de lentejas. Que no nos digan que el dinero es lo más importante.

Saramago decía que “un pesimista es un optimista bien informado”.

-Yo respondo a los criterios de Saramago. Estoy cargado de ilusión, de ganas de componer canciones, y de que las cantes tú y el otro y la otra. Que como dice Atxaga de mí, repartiéramos quevedos y góngoras como otros reparten leche en San Sebastián, como hacía mi tía cuando yo era pequeño.

Me pregunto de dónde saca tanto entusiasmo un hombre de 81 años.

-Los 81 años míos son una ficción. Mis huesos tendrán esa edad, pero yo no, te lo digo en serio. Soy un chaval con las canicas en los bolsillos para jugar. Con la ilusión intacta.

Pienso en todos los poetas que le acompañan y en los amigos que se han quedado por el camino de la vida.

-Echo de menos a Alberti, o a Imanol… Hay ausencias que duelen. Uno me dijo que Xabier Lete se había muerto, que había pasado a otra vida, pero cuando te pones a pensar que se ha muerto y que no lo volverás a ver, entonces se te hace un nudo y muchas veces pienso en Imanol y siento una pena fuerte, como siento que no estén Lete, o Mikel Laboa, o Brasssens, o Yupanki. Ni mi madre o mi hermano, que tampoco están. Mi padre tampoco. Y un día yo tampoco estaré.

¿Es casualidad que las primeras canciones que cantó en Bilbao hablaran de la muerte?

-Sí, es verdad. Muy optimista salió todo. Pero sigo soñando y no dejo de cantar. Lo único que te puedo desear de verdad es que sigas soñando como yo durante toda tu vida.

Quiero terminar con lo que solía decirle Xabier Lete: “Ona haiz, Paco. Ona haiz eh!” (“Eres bueno, Paco. Eres bueno, ¡eh!”).

-Y yo te contesto “Bai eh!”. “Bai, Xabier”. No dejes de soñar nunca, Julio. Si dejas de soñar, empiezas a morir.


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