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Campañas cruzadas

El éxito de Sanders empuja a Clinton a posicionarse más a la izquierda que nunca y a Trump, a rascar votantes del demócrata

Domingo, 12 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Hillary Clinton, en el discurso que dio el viernes en un evento de la Fundación Planned Parenthood, en Columbia.

Hillary Clinton, en el discurso que dio el viernes en un evento de la Fundación Planned Parenthood, en Columbia.

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Hillary Clinton, en el discurso que dio el viernes en un evento de la Fundación Planned Parenthood, en Columbia.

El final de las precampaña norteamericana deja a los dos partidos del país en una situación poco común: ambos buscan los votos que pueden darles la victoria en el extremo opuesto de su rival. Los republicanos tratan de atraer a los demócratas de izquierdas, mientras que los demócratas esperan convencer a los conservadores de que les conviene más abandonar a su candidato.

El espectáculo de la candidatura de Donald Trump ha desviado hasta ahora la atención de la campaña demócrata, pero lo ocurrido en esta otra mitad del espectro político norteamericano es importante tanto por lo que significa como por las consecuencias que puede y probablemente tendrá.

Esta semana, Hillary Clinton se convirtió oficialmente en la candidata demócrata con una victoria mayor de lo esperada en California, donde su rival - Bernie Sanders - tenía puestas sus últimas esperanzas de conseguir la nominación de su partido. Una derrota en California, o una victoria mínima, podía haber descarrilado la campaña de Clinton, pero su victoria fue contundente y dejó a Sanders en mantillas.

El problema de Clinton no era que le faltaran los votos, sino que los resultados no fueran lo bastante claros como para demostrar que la base demócrata de verdad la quiere y que no es simplemente la favorita de los bonzos y mandamases del partido, pero su victoria por amplio margen anuló estos riesgos.

Quizá lo más importante es fijarse en lo que motivó el inesperado fenómeno Sanders, un senador de Vermont que ni siquiera milita en las filas demócratas porque se declara “independiente” y que puedo tenérselas tiesas con la ex primera dama, ex ministra y ex senadora, a pesar de que era la gran favorita de los líderes del partido. Y no solo eso, sino que Sanders, a sus 74 años, se ha llevado de calle a las generaciones más jóvenes.

Probablemente, ello se debió en buena parte al contraste entre una candidata amparada por unas estructuras que los jóvenes rechazan porque no ven qué beneficio les puede aportar, frente a la imagen de honestidad y hasta de idealismo que Sanders supo proyectar.

Donde no hay dudas es en las consecuencias: para ganar, Hillary se ha tenido que ir mucho más a la izquierda de donde ha estado siempre y de donde le conviene estar en las elecciones generales. Con este giro, Sanders ha conseguido ya buena parte de lo que se proponía, aunque no pueda sentarse en el Despacho Oval. Sus seguidores son como una versión americana de los anti-sistema o los anticapitalistas, quieren acabar con “la gran banca”, con “Wall Street”, aunque no definen -ni ellos ni Sanders- lo que eso significa ni cómo lo harían y quieren ampliar las prestaciones sociales siguiendo modelos socialistas. Todo ello es contrario a lo que siempre ha defendido Clinton y está por ver si, a pesar de tender una mano a Sanders, la ex primera dama se subirá a este carro.

lucha por los votos del otro Ahora que está ya claro quiénes se disputarán la Casa Blanca dentro de cinco meses, podemos ver mucho mejor la estrategia que parece apuntar en los dos partidos. Consiste principalmente en una lucha cruzada para la que hay pocos precedentes, en que ambos apelan a los votantes del otro partido.

Es decir, el candidato republicano Donald Trump tratará de atraer a quienes hasta ahora siguieron a Sanders. No hay que sorprenderse de que un republicano se vaya al ala más progresista de los demócratas, porque Trump realmente tiene poco de republicano y mucho de manipulador de mercados, ya sean inmobiliarios, mediáticos o electorales y las medidas que ha insinuado están mucho más cerca del progresismo de Sanders que de la moderación de Clinton en sus programas sociales, aunque esto lo compense con bajadas de impuestos que aumentarían el déficit público a niveles insostenibles.

También Clinton busca votos entre los republicanos a quienes Trump repugna, no solo por sus declaraciones racistas, el populismo de sus argumentos y hasta la vulgaridad de sus palabras, sino por las consecuencias de sus propuestas: además de los niveles de déficit ya mentados, promete un aislacionismo económico y político contrario a las ideas republicanas y ha sugerido medidas como “negociar” la deuda norteamericana y pagar tan solo una parte, como cualquier república bananera. Algo que no solo perjudicaría a Estados Unidos, sino que haría tambalear todo el sistema financiero, lo que podría agradar a los anti-sistema que siguen a Sanders.

Clinton tiene la ventaja de un partido mucho más disciplinado en estos momentos que el republicano, además de una base electoral más extensa, pero se enfrentará al problema de tener dos mensajes contradictorios: uno para apelar a los seguidores de Sanders y otro para atraer a los republicanos tradicionales, que se han quedado huérfanos al no tener más representación que su millonario candidato neoyorkino.

Trump corre otros riesgos. Lo más problemático no será atraer a los seguidores de Sanders, a quienes el populismo de Trump les puede parecer un mal menor frente a la disposición de Clinton a negociar con los poderes económicos establecidos, sino mantener un mínimo de cohesión entre su base republicana, con el riesgo de que se le escape la gran masa de voto moderado.

cumbre romney Un botón de muestra de los problemas de Trump para mantener su base unida es la “cumbre Romney” este fin de semana en el estado de Utah, donde vive el ex candidato presidencial que perdió en 2012 contra Barack Obama. Romney, parece estar organizando un grupo de trabajo que prepara ya al partido para recuperarse de la derrota electoral que le parece inevitable y sentar las bases de la era “post-Trump” para las elecciones de 2020. No solo asisten figuras claramente opuestas a Trump, sino incluso políticos que le apoyan públicamente, entre ellos el presidente del partido republicano, Reince Priebus. Asistirá hasta un famoso demócrata, Leon Panetta, ex secretario de Defensa con Obama.

Ciertamente, Trump puede seguir los consejos de sus asesores de imagen pero cualquier conducta “normal” puede desencantar a quienes han admirado la crudeza de su lenguaje y el simplismo de sus argumentos.

Al final, como en todas las campañas, lo probable es que la decisión esté en el centro, en la gran masa de escépticos ante soluciones claras y fórmulas sencillas, de independientes dispuestos a adaptarse a las necesidades del momento y a dar su voto al candidato que no les parezca ideal, pero sí el menor de los males.


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