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Cuando una copa es demasiado y 50 insuficientes

Cinco alcohólicos confiesan que llegaron a “perder la dignidad” antes de coger las riendas de su vida gracias al grupo de recuperación de San Bartolomé, en Donostia, una de las comunidades de AA AA que trabajan en Gipuzkoa.

Un reportaje de Alicia Zulueta. Fotografía Ruben Plaza - Sábado, 11 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:13h

A la sede de Alcohólicos Anónimos de San Bartolomé acuden una media de 70 personas a cada reunión.

A la sede de Alcohólicos Anónimos de San Bartolomé acuden una media de 70 personas a cada reunión.

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A la sede de Alcohólicos Anónimos de San Bartolomé acuden una media de 70 personas a cada reunión.

una sola copa de alcohol les convierte en la peor versión de sí mismos. Obsesivos, compulsivos, idealistas, extremistas, fabuladores. Se vuelven mentirosos, iracundos y vengativos. No importa la edad, ni la condición social. Como el doctor Jekyll y Mr. Hyde, los alcohólicos son capaces de transformarse y destrozar su vida sin quererlo. Pero una vez que tocan fondo, pueden encontrar la comprensión y el ejemplo en Alcohólicos Anónimos (AA AA), que cumplió ayer 81 años de su nacimiento en Estados Unidos. Donde les enseñan a mantenerse sobrios durante las 24 horas del día, pero también les educan para remendar sus destrozos y para empezar a vivir.

En Gipuzkoa existen 39 grupos de AA AA, de los cuales ocho se encuentran en Donostia. A la sede de San Bartolomé, suelen acudir unas 70 personas de media a cada una de las reuniones. Entre ellas, Andoni, Gotzon, Ion Gurutz, Nacho y Marta, que han elegido estos nombres falsos para preservar el anonimato.

Cada mes acuden dos o tres personas nuevas, a las que se recibe “estén en el grado que estén”, recalca Ion Gurutz. Algunos llegan porque no pueden controlar lo que beben y cuando toman un trago se dispara su obsesión hasta no poder más. Otros tocan el timbre de San Bartolomé porque ya se han quedado sin pareja, sin casa y sin trabajo. Pero lo que todos tienen en común es que “han tocado fondo”.

Suelen decir que “una copa es demasiado y 50 no son suficientes”, una frase con la que se identifican porque comparten una “inconsciencia” en la forma de actuar. “El alcohólico hace cosas que no quiere”, añade Andoni, uno de los veteranos, que cuando bebía, a veces acababa hablando solo y diciéndose que quería irse a casa, pero no era capaz. De hecho, en sus últimos días de ebriedad no podía con la primera copa, pero luego no se detenía hasta pasar tres días de borrachera tirado en la calle, porque al ser progresiva cuanto más tiempo pasa, se vuelve fatal.

“El problema no es el alcohol, es el individuo porque es un enfermo mental”, destaca. Esta enfermedad, reconocida por la Organización Mundial de la Salud, tiene un componente físico, uno mental y otro emocional. El primero es una contradictoria “intolerancia” al alcohol, pues su cuerpo lo tolera en exceso y químicamente reacciona de manera distinta que el de los millones de personas que también lo consumen. Con una cerveza ya son otra persona. El alcohol actúa como “chivato de la enfermedad”, como la punta del iceberg.

Pero debajo de la línea de flotación, de lo visible, se encuentran los pensamientos retorcidos y explosiones de emoción que experimentan los alcohólicos. Se califican a sí mismos como “adictos a las emociones” y su enfermedad les lleva a “emborracharse de ira, orgullo y resentimiento” y a actuar de forma inconsciente aún sin probar una gota, apunta Ion Gurutz. Tienen los instintos desbocados ante cualquier circunstancia, como la muerte de alguien, una boda, perder un trabajo o incluso ganar la lotería. Por eso continúan acudiendo a las reuniones a pesar de haber dejado los tragos, para aprender a controlarse y para no solucionar la coyuntura anestesiándose con alcohol.

Esto ocurre sobre todo cuando ya no beben, tienen una perspectiva realista del mundo y deben “enfrentarse a la calle”, a los “marrones” que dejaron cuando estaban borrachos. “Al ser consciente de las situaciones que has creado con la nueva perspectiva, como no estés en la dinámica de AA AA, no las vas a poder ni soportar”, admite Ion Gurutz.

A través de la experiencia

Esta tarea, que forma parte del programa de AA AA y es la más complicada, puede tomar tantos años o más de los que un alcohólico ha “desperdiciado” bebiendo. Sin embargo, cuando uno es consciente de que está enfermo recupera “la dignidad” y es capaz de afrontarla a través de la experiencia y la vivencia del alcoholismo de sus compañeros.

Así, cada uno toma el tiempo que necesita y asiste a las reuniones que él mismo determina. Todos los lunes del año, a las 20.00 horas, se celebra una reunión abierta a familiares e interesados, los martes y jueves se desarrolla una reunión de recuperación y dos viernes al mes se dedican íntegramente a trabajar los pilares de AA AA., que son los pasos y tradiciones.

Gotzon se ganó el divorcio, Nacho perdió 30 años de su vida y rompió a su familia, Marta no era feliz y de forma inconsciente obligaba a su padre a responder por sus destrozos, Ion Gurutz perdía los papeles y Andoni acababa borracho y tirado por los suelos. Pero Alcohólicos Anónimos les ha “salvado la vida” y les ha permitido conocer “la felicidad”. Por eso, le deben el resto de sus vidas.

Los grupos de AA AA

En Donostia. Está en el número 30 de la calle San Bartolomé. Pertenece a uno de los 8 grupos de Alcohólicos Anónimos de Donostia. Teléfono: 943 454 847.

El resto del territorio. Hay grupos en Andoain, Arrasate, Azkoitia, Azpeitia, Beasain, Bergara, Eibar, Elgoibar, Errenteria, Eskoriatza, Hernani, Irun, Legazpi, Oiartzun, Oñati, Ordizia, Orio, Pasai San Pedro, Segura, Tolosa, Villabona, Zarautz, Zumaia y Zumarraga.


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