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Tribuna abierta

El cáncer profesional existe

Por Jesús Uzkudun - Miércoles, 8 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Varios miembros de la Asociación de Víctimas del Amianto.

Varios miembros de la Asociación de Víctimas del Amianto.

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Varios miembros de la Asociación de Víctimas del Amianto.

Los cánceres profesionales son evitables, su prevención es posible, incluso, es fácil la sustitución de algunos cancerígenos. La legislación señala claramente la obligación del empresario para evitar o reducir el riesgo con rigurosas medidas preventivas.

Según la Organización Mundial de la Salud, el cáncer es la segunda causa de muerte en la mayoría de los países desarrollados y la principal causa de muerte en el trabajo. Se estiman unas 107.000 muertes anuales en el mundo, por la inhalación de fibras de amianto.

¡Ojo! No se puede olvidar que existen otros cancerígenos laborales, a los que están expuestos un 24% de los trabajadores/as;en Euskadi, por el peso industrial, es probable que el porcentaje sea superior. Frente a las sustancias cancerígenas, se requieren rigurosas medidas de prevención. Una asignatura pendiente en la mayoría de las empresas.

La IARC (Agencia Internacional del Cáncer) reconoce 433 agentes cancerígenos, aproximadamente la mitad, están presentes en el ámbito laboral.

Además define dieciocho procesos productivos como cancerígenos: producción aluminio, fabricación caucho, freír con altas temperaturas, fundición de hierro o acero, trabajo nocturno…, al quedar demostrados los mayores índices de cáncer.

La exposición laboral a sustancias como el amianto, sílice cristalina, polvo de maderas duras, fibras cerámicas, humos de soldadura, cromo, hidrocarburos aromáticos, cloruro de vinilo, etc..., son causa de cientos de cánceres y graves enfermedades respiratorias que año a año se generan en nuestra Comunidad.

Conocer el riesgo y no implicarse en el reconocimiento del origen profesional de estas graves enfermedades es colaborar con el fraude y la ocultación de las mismas por parte de las mutuas, lo cual supone burlarse de las víctimas (que pierden la salud y las prestaciones económicas), evita la adopción de rigurosas medidas de prevención en las empresas y condenan a muertes prematuras a otros trabajadores.

Los cánceres profesionales son evitables, su prevención es posible, incluso, es fácil la sustitución de algunos cancerigenos. La legislación señala claramente la obligación del empresario, para evitar o reducir el riesgo con rigurosas medidas preventivas. Obligación que viene siendo ignorada con la colaboración de los servicios de prevención y la vista gorda de la Inspección de Trabajo.

Al parecer, la mayoría de las empresas y sus Mutuas prefieren “la práctica del avestruz”, ignorar el riesgo, para evitar futuras demandas judiciales de las víctimas, mientras rechazan que la prevención es la opción más rentable para las víctimas, empresas y el conjunto de la sociedad.

Para la Comisión Europea, el cáncer profesional es la primera causa de mortalidad laboral, atribuyéndole el 53% de las muertes en el trabajo, por cierto, unas cifras muy diferentes a las aquí registradas (diez cánceres en los cuatro primeros meses y el 40% en Euskadi en el registro del CEPROSS), dejando al descubierto la inhumana ocultación del origen laboral de las enfermedades.

Ante la gravedad del problema, la Comisión Europa legisla la mejora de la protección de trabajadores y trabajadoras, frente a estás sustancias, modificando la Directiva 2004/37/CE sobre Carcinógenos y Mutágenos, reduciendo los niveles de concentración máxima permisibles a 13 sustanciascancerígenas (cromo, polvo de madera, fibras cerámicas, sílice cristalina,…) en los lugares de trabajo. Aunque el nivel de seguridad, frente a un cancerígeno, es 0 exposición, reducir la exposición supone un avance. Reducción que es necesario, trasladar con urgencia a las empresas.

Según la comisaría europea de Empleo, Marianne Thyssen, “el cáncer tiene repercusiones devastadoras en los trabajadores, las familias, la industria y la sociedad”. Con la modificación prevista de la Directiva, “se salvarían cien mil vidas en los próximos 50 años”.

Decenas de miles de trabajadores/as continúan expuestos a sustancias cancerígenas en su trabajo, con el agravante del olvido en la adopción de medidas de prevención. Por otro lado, sin que nadie persiga esas infracciones preventivas de carácter criminal.

Resulta incompresible que las autoridades sanitarias continúen dando importancia exclusiva en sus campañas a los hábitos individuales de vida de los trabajadores, olvidando la intensa exposición a cancerígenos en el trabajo, precisamente, donde más fácil y eficaces pueden ser las medidas contra la epidemia de cáncer y enfermedades respiratorias.

Si alguien tenía dudas, múltiples sentencias judiciales demuestran como las empresas, han incumplido la legislación vigente desde hace medio siglo. Legislación que establecía: “El aire de los locales de trabajo y anexos, se mantendrá en un grado de pureza tal que no resulte nocivo a la salud del personal y cuando pueda llegar a serlo, se dispondrá de analizadores e indicadores de su composición, imponiéndose medidas preventivas”. Asimismo, desde 1961 se imponía (la necesidad de medir y reducir) los niveles máximos de concentración de partículas de amianto y sílice en los lugares de trabajo. Como luego se ha demostrado, dichos niveles de concentración no garantizaban la protección de la salud. Aun así, de aplicarse, se hubiera reducido la actual epidemia de cáncer y enfermedades respiratorias.

Las empresas incumplieron con descaro las leyes de Seguridad e Higiene, incluso la más elemental medida preventiva, como “lavar la ropa de trabajo”, para evitar el traslado del riesgo al domicilio.

Si las empresas continúan incumpliendo la legislación preventiva frente a los cancerígenos, la autoridad laboral debe perseguir a los responsables, aplicando castigos ejemplares, incluida la legislación penal. Hay demasiadas vidas en juego para seguir mirando hacia otro lado.

Para terminar, resulta lamentable escuchar voces sindicales, reduciendo los daños del trabajo a los inaceptables accidentes de trabajo, mientras olvidan las muertes por cáncer y otras enfermedades profesionales. Finalmente, quiero animar a los trabajadores/as y delegados/as sindicales, que aun teniendo en cuenta las dificultades para la acción sindical generadas por la reforma laboral, es necesario implicarse en la defensa de la salud laboral, el control de las sustancias y haciendo visible el indiscutible origen profesional de la epidemia de cáncer pulmonar y enfermedades respiratorias. Necesitamos recuperar el proverbio “piensa mal y acertaras” cuando un compañero o persona jubilada enferma de cáncer tras haber estado expuesto a tóxicos laborales.

Reconocer el origen profesional del cáncer, cuando afecta a un compañero, unida a la exigencia de compensación, es la mejor garantía para la adopción de medidas preventivas y la sustitución de las sustancias cancerigenas en el ámbito laboral.


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