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Colaboración

Cultura del enfrentamiento

Por Javier Otazu Ojer - Miércoles, 8 de Junio de 2016 - Actualizado a las 10:39h

¿De qué eres? ¿De izquierdas o de derechas? ¿Del Real Madrid o del Barcelona? ¿Creyente o no creyente? ¿Taurino o antitaurino? ¿Del PP o del PSOE? Si estás en contra de la vieja política, ¿con quién comulgas más? ¿Podemos o Ciudadanos?

Sin duda, la mayor parte de los lectores se habrán apuntado a alguno de estos dos grupos. Recuerda a la célebre cita de Antonio Machado acerca de las dos Españas, ¿verdad? Además, dentro de estos grupos a menudo se cumple un principio: los míos son los buenos y los otros, los malos.

Todo esto nos lleva a formular una pregunta que me parece muy pertinente: ¿no existe una cultura del enfrentamiento demasiado arraigada en nuestro país? Es evidente que eso no es bueno, ya que fomenta división, sectarismo y hace más difícil la creación de un proyecto social conjunto dentro de las diferencias, las cuales siempre son necesarias y fundamentales.

Comencemos por un aspecto social, las discusiones. No es lo mismo un debate que una discusión, ya que hay una diferencia fundamental. En un debate las personas intercambian ideas y conocimientos de manera que la visión de una puede modular y mejorar la visión del otro lado, incluso puede hacerle cambiar de opinión (personalmente, no me gusta la expresión cambiar;prefiero indicar modular la opinión). ¿Quién no ha cambiado de opinión por desconocer algún detalle relevante del asunto debatido?

En otras palabras, en un debate las personas pretenden aprender. En una discusión, imponer. Es ésa la razón por la cual es imposible ganar una discusión, incluso teniendo razón. La idea es simple. Una argumentación puede ser irrebatible para la otra persona, la cual, llegado un momento dado, puede verse sin salida. Pero admitir su derrota es también una humillación personal (en especial si la discusión ha estado adornada por descalificaciones hacia la otra parte), y en consecuencia la relación entre las personas puede verse deteriorada. Desde este enfoque, lo que vamos a ver en la campaña electoral que se avecina está claro: discusiones, no debates para buscar consensos comunes.

Esta cultura del enfrentamiento hace que muchas veces estemos más en contra de un lado que a favor de otro, lo cual tampoco es bueno, ya que nos habituamos a alegrarnos del mal ajeno. Desde el punto de vista del apartado futbolístico una anécdota ilustra esta idea. Hace años, cuando el Barcelona o el Real Madrid jugaban en Europa, la mayor parte de los aficionados de un equipo preferían que el otro ganase al ser un equipo del mismo país. Hoy en día, las cosas han cambiado. La mayor parte de los aficionados del Barcelona quieren que el Real Madrid pierda en Europa y viceversa.

Esto nos lleva a otra idea, ¿quién gana con estos enfrentamientos?

Sin duda, las partes implicadas en los mismos. Al fin y al cabo, una parte no es nada sin la otra. Esa es la razón por la que en España se venden tantos periódicos deportivos. Pero el deporte, deporte es. Más importantes son nuestras normas de convivencia, las cuales vienen marcadas por los partidos políticos mediante leyes y la sociedad civil mediante costumbres.

El enfrentamiento secular entre partidos alimenta muchos negocios: debates en los medios de comunicación (muchos tertulianos viven así) o colocación de asesores afines en cargos influyentes en la vida de la comunidad son los más claros, sin olvidar otros aspectos como prebendas o influencia social.

Así, hemos establecido un nuevo tipo de mercado económico: aquél en el que una parte necesita a la otra para sobrevivir. Y eso que puede ser bueno al estimular la competencia (mercado de la aviación, Boeing y Airbus), origina incentivos perversos en otros mercados, en especial en el de la política (¿cuántas ideas innovadoras hemos escuchado?).

¿Cómo podríamos arreglar eso? Buscando aproximaciones a las soluciones de los problemas ya que no se puede contentar a la vez a todo el mundo. Valorando aspectos nuevos como la tecnología aplicada a la medicina, el auge de la economía colaborativa o la sostenibilidad a medio plazo de las pensiones en el marco de la sociedad civil y de la política. Comprendiendo que una opinión modulada es una opinión mejorada. Y, desde luego, teniendo claro que nadie posee la razón absoluta.

Terminaremos en el principio. ¿Izquierdas o derechas? Depende del tipo de problema y del enfoque aplicado. ¿Real Madrid o Barcelona? A gusto o disgusto del consumidor. ¿Creyente o no creyente? Eso depende, principalmente, de la educación. Podemos repensarlo. ¿Taurino o antitaurino? Con imaginación, existen opciones comunes. Y, por supuesto, no pasa nada por cambiar de lado. Es parte de la evolución humana.

Estamos acostumbrados a ver enfrentamientos y más enfrentamientos de manera que aquellos que los fomentan salen ganando. ¿Por qué no premiar a los que buscan entendimientos y caminos comunes?

No existe otro camino para avanzar.


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