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Tribuna abierta

Paradojas del drama de los refugiados

Por Emilio Olabarria - Lunes, 6 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Una mujer observa un mapa del anhelo de muchos refugiados: Europa.Foto: Afp

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Una mujer observa un mapa del anhelo de muchos refugiados: Europa.Foto: Afp

La integración de un refugiado requiere configurar elementos de integración laboral, cultural o asistencial que deben poseer una duración temporal coincidente con su estancia entre nosotros.

La Secretaría General de la ONU para Migración y Desarrollo, a través de su representante, Peter Sutherland, pidió a los países de la Unión Europea un mayor esfuerzo para resolver en buena medida la crisis de los refugiados. Advertía que tras el cierre de la ruta de los Balcanes y el acuerdo firmado entre la UE y Turquía para la readmisión de refugiados y la intensificación de la actuación impune de las mafias y los traficantes de personas, el Mediterráneo se ha convertido de nuevo en la vía de acceso al Viejo Continente y además en la más peligrosa. Más de 14.000 muertos en 2015 y 2016 legitiman la invocación de la ONU.

Tampoco las Naciones Unidas pueden ufanarse demasiado en relación a su intervención en estas crisis y en otros conflictos. Primero, por su debilidad política, que en ocasiones adquiere la condición de irrelevancia;y después, porque quien quiera conocer algunos aspectos del funcionamiento de sus agencias, puede leer el recomendable libro Habitaciones sin miedo, de Vicente Romero, que acredita como testigo presencial algunas atrocidades del siguiente tenor: en algunos países africanos los Cascos Azules venden sus armas a las guerrillas, lo que ha obligado a crear una Policía de control del uso del armamento por los mismos;son numerosos los Cascos Azules procesados por pasar la noche con niñas menores a cambio de la entrega de un dólar y son numerosos los testimonios acreditados por este corresponsal en donde Cascos Azules afirman taxativamente que su presencia en los contingentes se funda solo en la necesidad de obtener dinero y renuncian a intervenir en cualquier acción o contingencia.

Tampoco las reflexiones en relación a Acnur deben ser particularmente apologéticas. Como afirma Vicente Romero en el libro indicado, sus responsables no traspasan prácticamente nunca las fronteras, vallas y alambradas, resultando por ello imposible que puedan cumplir adecuadamente sus funciones.

Afirmaba con lucidez Juan Ignacio Pérez el pasado 28 de mayo en este mismo periódico lo siguiente: “Los seres humanos disponemos de mecanismos neurológicos que generan comportamientos de solidaridad con los demás miembros del grupo al que pertenecemos. Somos compasivos y generosos por esa razón. Y aunque esos rasgos no adornan a todos por igual, lo hacen en una medida suficiente como para garantizar la cohesión interna del grupo. Pero son esos mismos mecanismos los que generan comportamientos de rechazo al otro -extranjero, diferente- y en mayor medida cuanto más pobre es el otro y más riesgo atribuimos a su presencia entre nosotros.

Los pensadores de la Ilustración formularon el ideal cosmopolita con la intención, precisamente, de atenuar esas tendencias”.

Por lo anterior, la pedagogía política basada en los ideales de la Ilustración es más necesaria que nunca y, por ello, la movilidad de personas entre países y continentes es uno de los retos de nuestro tiempo y, en muchas ocasiones, es además una oportunidad para sociedades necesitadas de nuevas energías y de factores de reposición demográfica.

También en los estudios relativos a la denominada Responsabilidad Social de las Empresas y en el ámbito del modelo de la Guía de la Global Reporting Initiative o a la iniciativa Global Compactde Naciones Unidas se requiere una política de recursos humanos de calidad atendiendo a mínimos legales que adquieren especial importancia en los esfuerzos en materia de integración de la discapacidad, protección de la salud, reducción de la siniestralidad laboral, formación e integración, entre otros colectivos, de trabajadores extranjeros.

La intervención de la UE en relación al cumplimiento de mínimos legales e inspiración en los ideales de la Ilustración no puede ser más decepcionante. Observamos en Europa una contravención, prácticamente masiva, de normas y principios como: impermeabilización de las fronteras;creación de guetos, junglas, esquats;refutación de la Convención de Ginebra, los Tratados para la protección de los Derechos Humanos y Libertades Fundamentales en materia de asilo;obstaculización de los Tratados Comunitarios y de Schengen;competencia ministerial sobre migraciones en el Mediterráneo Occidental (Sistema SIVE);financiación de la externalización y control de migrantes fuera de las fronteras de la UE, a través del Fondo Europeo de Desarrollo en el Magreb;efectos del Acuerdo Dublín II convirtiendo a países de tránsito en países de destino (Polonia, Rumania);exigencia de visados en países fronterizos de la Unión (Polonia, ciudadanos rusos, chechenos, ingushes);retornos forzosos;levantamiento de vallas contra el permiso de libre circulación;vulneración del Reglamento Dublín II y Código de Fronteras Schengen en el Adriático y en el Mediterráneo y en alta mar en general;negación del principio de no devolución del art. 33 de la Convención de Ginebra (consolidación de rechazos colectivos);negocio de empresas de seguridad que fabrican muros electrónicos a cambio de notables beneficios;trata de seres humanos y de menores (10.000 menores han desaparecido en los distintos movimientos migratorios).

El incumplimiento generalizado de la legalidad internacional no nos aleja solo de los ideales de la Ilustración y de los ideales de los pioneros intelectuales de Europa (Robert Schuman, Alcide De Gasperi, Konrad Adenauer, Jean Monnet, etc.). Nos estamos alejando de los requerimientos del humanismo más elemental, el que sintetizó el pensamiento socialdemócrata con el humanismo cristiano, el que resumió los principios del romanticismo continental con el iusnaturalismo francés.

En todo caso, facilitar la integración económica y cultural de los que llegan o intentan llegar es una operación que no se puede articular de cualquier manera, ni basarla en un humanitarismo desordenado, asistemático y carente de un mínimo ensamblaje legal. La integración de un refugiado, en general, la integración de un extranjero, no requiere solo la integración a nuestra comunidad, no está solo vinculada a aspectos locativos como la búsqueda de una vivienda o un centro de acogida, sino que requiere configurar elementos de integración laboral, cultural o asistencial que deben poseer una duración temporal coincidente con la estancia del extranjero entre nosotros.

Estas reflexiones solo pretenden incorporar elementos de ordenación que, lejos de limitar los derechos de los refugiados y de los extranjeros contra las inequidades del mundo, pretende evitar que el voluntarismo inadecuado se convierta en un elemento de frustración más.

El problema migratorio está poniendo de relieve la decadencia de los principios humanitarios que Europa se ha atribuido a sí misma, y particularmente en su seno la Unión Europea, donde los estándares humanitarios, la configuración de su mercado de trabajo, sus sistemas de protección social, su dimensión económica definida en la Cumbre de Lisboa y sus diez principios de actuación no solo no son ya elementos identificadores sino que se encuentran en franco retroceso. Europa está retrocediendo en la gestión del problema migratorio, está retrocediendo a través de sus reformas laborales como la del Estado español, la de Francia, la de Grecia y otras que están relativizando los paradigmas del estado del bienestar;Europa está retrocediendo en la configuración de los sistemas de protección social caracterizados originariamente por ser universales, públicos y suficientes en su cuantía, y, desafortunadamente, Europa no está avanzando en la conformación de unas instituciones políticas relevantes en el concierto mundial. Mal asunto.


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