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Opinión

Denunciar la sociedad del desperdicio

Por Iulen Lizaso - Domingo, 5 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:13h

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En un artículo titulado¿El compost es la clave de la gestión de residuos?, Julen Rekondo decía: “…el compost de biorresiduos tiene unos competidores muy buenos y fuertes, y hoy en día se prefiere la turba, la fibra de coco, la fibra de madera, etc.”. Y más adelante concluía: “…en Gipuzkoa, una comisión interdisciplinar estudió este tema y la conclusión fue que la agricultura no necesita compost. Es más, hay un excedente de purines”.

Los materiales que Rekondo relaciona como competidores del compost, no son tales sino que se utilizan como estructurante indispensable para aporte celulósico a la materia orgánica de origen domiciliario con gran contenido de agua, con el fin de obtener un resultado final equilibrado y estabilizado. El compost así obtenido contiene nutrientes para la tierra;esos “competidores”, no.

Por otra parte, el uso de purines está muy restringido en la UE. ¿Qué gestión de trazabilidad lleva la Diputación? Ninguna, ya que se vierten en crudo sin ningún tratamiento de estabilización previa (higienización termófila) y en concentraciones de hasta diez veces superior a lo permitido por las normas de la UE. Los baserritarras no saben qué hacer con sus excedentes ni las consecuencias de ese exceso de nitratos concentrados cuando realizan riegos diseminados, en particular en pastos e incluso terrenos de uso hortícola para alimentación humana. No saben la contaminación bacteriológica que producen también al alterar la calidad de aguas superficiales y subterráneas poniendo a riesgo la salud. ¿Por qué en las necesidades de compost para nuestros montes, campos y huertas, Gipuzkoa también es diferente a esos territorios europeos y rechaza desde 2002 lo que otros reconocen como el Oro negro de las basuras?

Hoy, con otra conciencia ecológica y operatividad responsable, estaríamos favoreciendo a la biosfera al devolver a la Tierra parte de lo que a diario nos da como alimento, el sobrante de lo que de ella recibimos para nuestro sustento transformado en compost y así cerrar el ciclo vital de la cadena trófica.

Cerrar el ciclo con amabilidad, sí es riqueza de vida y fomento de la Economía Circular: de la tierra a la casa, de la casa a la mesa, de la mesa al cubo y del cubo a la tierra. Toda una pedagogía, aunque habrá quien lo confunda con una cursilada romántica y apueste por lo contrario, es decir, dejarla pudrir en un vertedero o destruirla por combustión en una incineradora porque la falta de legislación soporta cualquier grosería.

En el artículo Combatir la sociedad del desperdicio del 24 de mayo, Rekondo dice: “El umbral de riqueza de una población se mide por la cantidad de basura que produce”. Yo entiendo que la cantidad de basura generada marca un umbral, pero no de riqueza sino de derroche derivado de un poder de compra ligado a la inconsciencia de las consecuencias derivadas de ello. Si en las sociedades pudientes generamos entre 250 y 500 kilos por habitante y año de residuos, el umbral de riqueza lo mediría el grado de conciencia: ciudadana, gobernante y medios de comunicación, por su empeño, o no, en educar para evitar al máximo la cantidad de errefusa y huella de carbono que provoca esa innecesaria caravana de camiones diaria que de Gipuzkoa va a Cantabria;en educar para evitar la huella de metano que produce en el vertedero de Meruelo unaerrefusaque contiene biorresiduos como mínimo un 35% del peso total.

Quedan dos opciones más: relleno en espacios degradados (previo tratamiento para asimilarla a inerte) y/o su combustión, que deja un resto tóxico del 30% de lo incinerado, lo cual impide cerrar el ciclo y también los vertederos. Si desde ya no se apuesta a favor de un sistema con restricción en la recogida de errefusaa solo dos o cuatro días al mes, la única solución a los residuos de Gipuzkoa es la incineración. Depende de la voluntad de media docena de municipios o de la obligatoriedad a partir de una legislación exigente como la de países y territorios como Alemania, Austria, Catalunya y Flandes

La tendencia del actual equipo de GHK es la inversa a la anterior, en la que con datos en la mano y no con literatura de prensa, se alcanzaban cotas de recogida selectiva, principalmente de materia orgánica, que ya en 2011 superaban los objetivos trazados por la UE para 2020. La actual tendencia regresiva global en los datos de recogida selectiva promueve la incineración.

Conseguir el cierre de ciclo es clave;fácil cuando se pone el foco en el estudio de la errefusa y no tanto en el de reciclaje, pues la caracterización o tipología de la primera es la que marca los índices alcanzables del segundo, y a partir de ambos, diseñar las infraestructuras de tratamiento necesarias para un cierre de ciclo real y nunca al revés, como lo venimos viendo en Gipuzkoa.

Seis años enmarañados en la polémica de datos de reciclado alcanzados con cada sistema de recogida porque GHK no puede (o no quiere) consensuar una metodología común. Ciudadanos desinformados decidiendo entre dos sistemas con resultados dispares, orientados por posicionamientos mediáticos muy alejados de la neutralidad, hasta el punto de asegurar: “El sistema de contenedores, es un método más limpio, cómodo y económico y que, al mismo tiempo, logra idénticas tasas de recogida selectiva que el actual PaP”.

Esto lo pudimos leer a través de la prensa mayoritaria, que permite reiterarse a unos y silenciarnos a otros, sin reparar en que la diferencia de resultados en la recogida separada media entre un sistema y otro en Gipuzkoa es de 1 a 2,5.

Desde el punto de vista cualitativo, el sistema ideal es el que consigue que la bolsa de errefusa contenga lo mínimo de materia orgánica fermentable, siendo el principal parámetro de toda gestión de residuos y del que menos se habla. ¿Cómo saber cuanto contienen? En los países y territorios mencionados lo saben con precisión desde hace más de un cuarto de siglo, pues realizan muestreos periódicos abriendo bolsas para separar y pesar las fracciones. En Gipuzkoa, “desbrozaría” todas esas dudas de lo que hoy no son más que elucubraciones sobre la cantidad que se recicla con este y aquel sistema, máxime sabiendo que en la Mancomunidad de Pamplona lo vienen haciendo desde 1992 en la planta de Góngora. Si la caracterización de la errefusa es una herramienta de análisis y gestión fundamental para saber lo que depositamos indebidamente como rechazo, ¿por qué quienes habitualmente gestionan GHK desdeñan ese trabajo de campo que permite conocer el dato de reciclaje de manera inequívoca? Trabajo de base para los futuros dos becarios: de Hernani van a Cantabria 54 kilos por habitante y año de errefusa, y de Urnieta 214 kilos. Tres veces menos habitantes movilizan cuatro veces más camiones, también Zumarraga, Donostia, Lasarte, Irun, Eibar… Una huella ecológica tercermundista y el diputado Asensio pidiendo solidaridad a EH Bildu y con la prensa gorda callada, cuando por lo del turismo a Funes...

No son ni actitudes ni comportamientos que favorezcan ni el acercamiento político ni el discernimiento a la hora de decidir de los ciudadanos. Si al total generado (estimación) se le resta esa errefusa (precisión), tenemos el dato de recogida selectiva real para reciclar (deducción) y, a la vista de esos datos, lo de “idénticas tasas de recogida selectiva”… solo en esa prensa.

Julen Rekondo habla de combatir la sociedad. Yo pido “combatir” a quienes desde tribunas mediáticas generan tanta confusión al denigrar sistemas eficientes y a su vez promover los que generan tanto desperdicio;“combatir” a quienes legislan sin la exigencia debida para que penalicen a quienes operan con esos resultados desde la premisa: quien contamina paga.

Como verás, a tus títulos y opiniones genéricas contrapongo mis datos, que a su vez se contraponen con los que habitualmente leemos en esa prensa.

Ondo izan, lagun.


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