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Quousque tandem!

Moderado optimismo

Por Carlos Etxeberri - Domingo, 5 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:13h

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el balance que ha ofrecido la Bienal de la Máquina Herramienta celebrada esta semana en Bilbao, con una afluencia de 40.000 visitantes, es decir, un 12,7% más que hace dos años, y el aumento en la materialización de operaciones de venta gracias al fuerte crecimiento de la demanda interna no puede ser más positivo porque nos aproxima a la pujante actividad que el sector vivió en el año 2008, es decir, el año anterior al inicio de la crisis, que coincidió con una edición del certamen. Como dato anecdótico, nunca desde entonces se había completado el parking del BEC, que tiene una capacidad para 4.000 vehículos. Ocho años después, a media mañana del pasado jueves, los responsables de esta instalación tuvieron que colocar el cartel de completo porque el aforo se había cubierto en su totalidad.

A pesar de este positivo indicador que puede estar acompañado con la bajada del número de demandantes de empleo en las oficinas de Lanbide que se está registrando en los últimos meses, en este VIII año D.C. (Después de la Crisis) que con fino humor suele distinguir el ciclo económico que finaliza en 2008 y el que tiene este año como punto de partida el responsable del informe Ekonómetro del Colegio Vasco de Economista, Joseba Barandiaran, existe una sensación agridulce en la que parece que hemos salido del túnel, pero la vía todavía no está lo suficientemente despejada para coger velocidad de crucero.

Esa fue una de las conclusiones a la que se llegó en la mesa redonda que el BEC y el Colegio Vasco de Periodistas organizaron con motivo de la celebración de la Bienal de la Máquina Herramienta y en la que intervinieron el director general de Elkargi, Marco Pineda;el director general del BEC, Xabier Basáñez;el director gerente de Bost Machine Tools, Fernando Arocena;el director ajunto del Clúster Aeronáutico Hegan, Martín Fernández Loizaga;la gerente de Engranajes Juaristi, Ana Belén Juaristi, y el responsable del Ekonómetro, Joseba Barandiaran, y la participación de un grupo de cinco periodistas de información económica, entre los que fui invitado.

La alegría que existía antes de la crisis ha dado lugar a un optimismo ligeramente moderado, como apuntaba el director general de Elkargi, Marco Pineda, que tiene que ver con las incertidumbres que existen en el mundo y que están afectando de manera muy importante a nuestras empresas porque compiten en un escenario totalmente globalizado. La evolución de China, la difícil situación de países emergentes como Brasil, Rusia y la caída de los precios de las materias primas dibujan un panorama del que es muy difícil predecir un futuro en el corto plazo.

Si a ello añadimos unas empresas descapitalizadas que tuvieron que echar mano de los fondos propios para poder aguantar la crisis y que el aumento de la financiación para acometer nuevas inversiones que se está registrando no se sabe si tiene su origen en un aumento de la capacidad productiva o en la renovación de maquinaria -que se ha quedado obsoleta después de estos ocho años de parón-, la situación que se presenta es mejor que lo conocido hasta ahora pero, sin embargo, sigue siendo volátil y con mayores incertidumbres.

Que los crecimientos que se van a producir en los próximos años en torno al 2,5% y 2,7% pueden mantenerse en el tiempo en una tendencia que no va a volver a recuperar la situación anterior a la crisis, es una constatación en la que coincide todo el mundo, por lo que las empresas deberán ser más agiles en la búsqueda de nuevos mercados y tratar de competir por calidad y valor añadido, en vez de realizar ajustes en precio para evitar reducciones importantes en los márgenes comerciales.

Esa va a ser la salvaguarda de continuidad de nuestro tejido industrial que durante la crisis ha visto reducir en cinco puntos su peso en el PIB vasco, pasando del 30% al 25%, y que tiene que ser preponderante en la economía vasca, tal y como han constatado los expertos de competitividad subnacional de varios países sudamericanos que, en una reunión celebrada en Donostia bajo los auspicios la Organización de los Estados Americanos (OEA,) han comprobado que nuestro modelo económico se parece más al de Alemania que al de España.

Varias empresas vascas llevan mucho tiempo trabajando sobre el terreno, a raíz del levantamiento de las sanciones que los países de Occidente realizaron contra este país como consecuencia del desmantelamiento de su programa nuclear que tuvo lugar en junio del año pasado. Sin embargo, el retraso de la entrada de Irán en el sistema financiero internacional y las dudas que todavía tiene Estados Unidos sobre su evolución están haciendo que los bancos españoles sean reticentes a la hora de dar líneas de créditos para realizar operaciones comerciales con lo que la situación presenta todavía ciertas inseguridades para apostar con fuerza por la segunda economía de Oriente Próximo.

Sobre todo si se tiene en cuenta la actitud pusilánime que el Gobierno español ha mantenido en este asunto y que ha perjudicado de manera importante a empresas del sector de la máquina-herramienta vascas al paralizar pedidos con licencia de exportación y con el anticipo correspondiente por valor de varios millones de euros o la puesta en marcha de nuevas infraestructuras por la duda de que esas máquinas pudieran tener doble uso y se utilizaran para la fabricación de material militar.

Basta recordar la penosa imagen de miembros de la Guardia Civil entrando en una empresa de Elgoibar en septiembre de 2014 hasta el punto de paralizar la producción durante varias horas e incautarse maquinaria ante la sospecha de que estaban produciendo máquinas de doble uso que ponen de relieve el seguidismo del PP a las directrices emanadas de Washington y el desprecio por el tejido industrial que ha tenido.

Mientras aquí se obedecía a Estados Unidos, otros países como Italia o Alemania actuaron por su cuenta, aprovecharon la coyuntura y se hicieron con los pedidos que el gobierno español impidió que se materializaran, con lo que han pasado a controlar ese mercado que, en este momento, es uno de los más apetitosos en los sectores de petroquímica, automoción y acero. Por eso, manifestaciones como la del secretario de Estado de Comercio, Jaime García Legaz, afirmando que “el Gobierno español dará todo su apoyo a las empresas que quieran estar en el mercado iraní” suenan a canto de cisne.

Por otra parte, es satisfactorio ver cómo en este país existe tal nivel de conocimiento, tecnología y saber hacer que no solo se hace visible en una feria como la de la máquina herramienta -en donde dos empresas guipuzcoanas como Ibarmia y Danobat han sido galardonadas con sendos premios a la innovación-, sino que también está presente en un sector como el de la consultoría, que hasta ahora se despreciaba por esnobismo y por pensar que lo de fuera es mejor.

La operadora telefónica MásMóvil, que trata de convertirse en la cuarta empresa del sector en el Estado, ha confiado en la consultora donostiarra Norgestión el proceso de abandono del Mercado Alternativo Bursátil (MAB), donde está desde el año 2012, para entrar en el Mercado Continuo a través de un listing que tiene como objetivo conseguir una valoración mayor y el aumento de liquidez, así como una mayor reputación de la empresa.

Las previsiones de MásMóvil, que acaba de adquirir la empresa Pepephone, para dar este salto al Mercado Continuo de Bolsa apuntan a una cartera de 400.000 clientes de banda ancha en 2018 y un millón en móvil, lo que significa contar con una cuota del mercado del 2,5% frente al 0,2% de la actualidad. El plan de negocio prevé unas ventas de 250 millones de euros, es decir un aumento del 20%, y un beneficio de 70 millones, frente a los 11,5 millones contabilizados en 2015.

No es la primera vez que la Norgestión afronta operaciones de gran importancia y relieve en el mundo de las empresas. La ingeniería financiera utilizada para que el grupo de directivos encabezados por el CEO, José Antonio Jainaga, haya adquirido la siderúrgica Sidenor por 155 millones de euros -y con ello la recuperación de sus centros de decisión en Euskadi después de diez años-, fue diseñada por esta consultora donostiarra. Un dato que evidencia que lo bueno no tiene por qué tener nombre en inglés.

Hay una sensación agridulce en la que parece que hemos salido del túnel, pero la vía aún no está despejada para coger velocidad de crucero


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