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Una vida en 35 mm

Leire Apellaniz, vizcaina afincada en Donostia, ha plasmado la transición del cine hacia el modelo digital en ‘El último verano’, un filme seleccionado en festivales internacionales

Un reportaje de Leyre Eguskiza - Sábado, 4 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Leire Apellaniz comenzó a trabajar con Miguel Ángel como proyeccionista en los cines de verano, una labor que desarrollaron en lugares como Madrid o Andalucía.

Leire Apellaniz comenzó a trabajar con Miguel Ángel como proyeccionista en los cines de verano, una labor que desarrollaron en lugares como Madrid o Andalucía.

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Leire Apellaniz comenzó a trabajar con Miguel Ángel como proyeccionista en los cines de verano, una labor que desarrollaron en lugares como Madrid o Andalucía.foto

habrá quien aún guarde un agradable recuerdo de aquellas calurosas noches de verano en las que un pueblo entero se congregaba frente a una pantalla, a pie de calle. Una vez en marcha, el inconfundible sonido del proyector anunciaba que el celuloide había comenzado a girar y quedaban por delante al menos un par de horas de risas o lágrimas compartidas.

Ese punto de encuentro que fueron (y todavía son) los cines de verano constituye el eje central de El último verano, el curioso proyecto cinematográfico de la cineasta Leire Apellaniz (Galdakao, 1975). Como responsable del departamento técnico del Zinemaldia de Donostia, ciudad en la que reside, ha sufrido en primera persona el llamado apagón analógico y la transición hacia el cine digital, una “compleja circunstancia” que la ha hecho “reciclarse” en el ámbito personal y en el profesional.

Aún recuerda con nostalgia que “hasta no hace tanto” debían unir a mano los más de 2.500 metros de celuloide que tiene una película de 90 minutos, para luego cargar entre varias personas con las pesadas bobinas de una sala de proyección a otra. “Fui a un taller que impartía el documentalista chileno Patricio Guzmán y pensé: tengo que contar esto que he vivido”, relata Apellaniz.

Decidida a ponerse detrás de las cámaras de cine por primera vez, su principal inquietud era encontrar una manera “bonita e interesante” de contar esa historia. Descartó unirlo al contexto del festival donostiarra e inició la búsqueda de “ese protagonista que me faltaba”. Solo le hizo falta echar la vista atrás para recordar sus propios inicios en el mundo del cine de verano. “Yo fui una de esas proyeccionistas que en verano recorría los pueblos de la Sierra de Madrid con su furgoneta, el proyector...”, cuenta. Y allí fue donde conoció a Miguel Ángel, el protagonista de esta historia.

Ese “pirata honrado”, junto al que trabajó durante algunos años, ha dedicado toda su vida a las proyecciones de verano. Junto a sus inseparables proyectores de 35 milímetros, ha llevado el cine hasta los pueblos más recónditos, pero con la llegada del cine digital se ve obligado a renovar toda la maquinaria y “no le salen los números”, cuenta Apellaniz. Es entonces, en pleno ocaso de su vida laboral, cuando se ve en la encrucijada de reciclarse y modernizarse o dar carpetazo a la gran pasión de su vida. En definitiva, renovarse o morir.

Esa cercana historia personal concedió a la cineasta vizcaina “el vehículo perfecto” para plasmar la zancada hacia la era digital, centrada en este caso en pequeños negocios como el de Miguel Ángel. Junto a su socio en la productora Sr&Sra, Aritz Moreno, convenció a un pequeño equipo de colaboradores para sumarse al proyecto y visitar al proyeccionista. “Me dijo que estaba loca de remate, pero cuando se lo propuse se entregó en cuerpo y alma”, confiesa, entre risas. Y así comenzó El último verano. Concretamente el de 2013, año en el que fue programado el ya citado apagón, es decir, la fecha límite elegida para dejar de producir películas en formato de 35 mm, un final que acabaría dilatándose durante un año más.

Del corto al largoCámara en mano, todo el equipo partió hacia Madrid con intención de realizar un cortometraje, algo que descartaron tras el visionado de las 60 horas de grabación que reunieron. Fue entonces cuando vieron que “era el principio de algo” y decidieron continuar grabando durante el verano de 2014.

El resultado de todo ese esfuerzo es “una obra de no ficción” que bebe del documental pero que también posee trazas de ficción. Según explica su directora, los diálogos y reflexiones del propio Miguel Ángel van tomando un protagonismo absoluto en la pantalla. No hay voz en off, no hay entrevistas, ni siquiera una banda sonora que adorne la desnuda historia. “No quiero dirigir la opinión de nadie, sino que sea el espectador quien saque sus propias conclusiones”, explica. En busca de esa objetividad, se ha nutrido de una realidad que conoce a la perfección pero tratando de permanecer “lo más alejada posible” y poniéndose en la piel de quien se sienta en la butaca de cine.

En un principio, Apellaniz pretendía que Miguel Ángel fuera el cauce a través del que contar la situación por la que atravesaba en aquel momento el sector cinematográfico, pero la personalidad arrolladora del protagonista terminó por dar un giro a sus planes. “Tiene tanto carisma que logró cambiar hacia él el foco de la cinta, colocando sus vivencias en un primer término y el tema general de fondo, algo que es de agradecer”, apunta.

La falta de recursos económicos suficientes impidieron que este homenaje al celuloide que es El último verano fuera grabado en ese formato, aunque el equipo quiso hacerle un pequeño guiño en el último plano de la película, mostrando a Miguel Ángel en 35 mm.

Festivales internacionalesUna vez dieron forma al proyecto llegó la hora de mostrarlo, y con ello vinieron nuevas sorpresas. El último verano ha iniciado una carrera internacional en el Festival Cinematográfico de Uruguay, donde pudo verse a finales de marzo. De allí ha viajado hasta el BAFICI de Buenos Aires, una cita de referencia en Latinoamérica. “Este proyecto era algo muy personal y el hecho de que haya festivales muy gordos que ya nos hayan dicho que cuentan con nosotros, era algo que no esperábamos”, afirma. De hecho, a principios del mes de julio la realizadora presentará su filme en la sección de documentales del Festival de Cine Karlovy Vary de Praga, uno de los grandes eventos europeos del verano.

Habrá que esperar algo más de tiempo para descubrir qué ha ocurrido con Miguel Ángel. Mientras tanto, larga vida al celuloide.

‘El último verano’

Zuzendaritza eta gidoia: Leire Apellaniz.

Argazki zuzendariak: Javi Aguirre Erauso eta Aritz Moreno.

Soinua: Alazne Ameztoy.

Muntaia: Marcos Florez.

Produkzioa: Sr &Sra.

Iraupena: 93 minutu.

EGILEA

Zinema jaialdi ezberdinetan egin du lan galdakoztarrak, baina gaur egun Donostiako Zinemaldian aritzen da, sail teknikoaren arduradun gisa. Cólera edo El Método Arrieta bezalako ikus-entzunezkoen produkzioan ere ibili da, Aritz Morenorekin batera sortutako Sr&Sra ekoiztetxearen eskutik. El último verano da zuzendu duen lehenengo lana eta bera ere, protagonista bezala, herriz herri zihoan udako zinemetan pelikulak jartzen.


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