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Ni un paso atrás

Después de caer en la final del Manomanista,
Urrutikoetxea solo piensa en trabajar para continuar en la buena senda de las txapelas

Igor G. Vico - Jueves, 2 de Junio de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Mikel Urrutikoetxea, en un instante de la entrevista en su casa de Zaratamo tras la final del Manomanista.

Mikel Urrutikoetxea, en un instante de la entrevista en su casa de Zaratamo tras la final del Manomanista. (Foto: Oskar Martínez)

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Mikel Urrutikoetxea, en un instante de la entrevista en su casa de Zaratamo tras la final del Manomanista.

Zaratamo- Mikel Urrutikoetxea (Zaratamo, 1989) estaba de pie, mirando hacia el infinito, como pensando hacia dentro. Con el pie derecho apoyado en la pared izquierda. El mundo se había parado. Un silencio perenne. Mientras, el público explotaba con Iker Irribarria tras un zurdazo que se le fue abajo al zaratamoztarra. Un parpadeo, una eternidad. La pose, tranquila, relajada, denotaba cierta nostalgia de victoria. Poco a poco, tras un tiempo así, quieto, parado, pensando, esperando a que le llamaran para subirse al segundo escalón del podio del Manomanista, los chavales de club Upo Mendi de Zaratamo se acercaron a su altura, sobre el tres, para animarle. Capitaneados por Beñat García, los niños se olvidaron de cómo había sido el partido y se dedicaron a honrar a su héroe caído en un duelo más parejo de lo que mostraba el 13-22 del luminoso. Mikel les vio. Se fue del trance. Escapó. Y se acercó a ellos. Fue entonces cuando le cambió el gesto, sacó la sonrisa y chocó a todos los críos para los que es referencia y con los que “muchas veces” pasa tiempo en el frontón Elexalde de Zaratamo. “Hay que saber perder, por eso lo hice, por eso me quedé ahí”, concreta Urrutikoetxea. Después, en los vestuarios, algunos compañeros vizcainos le esperaban con cara torcida por el duelo.

Mikel ya había empezado a pasar página de un partido que se le escapó ante un adversario del que Oinatz Bengoetxea dice que “está tocado por una varita mágica” en este instante. Era la cuarta final consecutiva del vizcaino en menos de un año y, tras tres txapelas seguidas, no pudo seguir la senda de Julián Retegi. El eratsundarra fue el único capaz de ganar cinco títulos sin parar: Cuatro y Medio, Parejas y Manomanista de 1990 y Cuatro y Medio y Parejas de 1991. Eso sí, Urrutikoetxea ya pertenece al selecto grupo de pelotaris que han jugado cuatro finales de forma ininterrumpida junto al magonavarro, Juan Martínez de Irujo, y Aimar Olaizola. Asimismo, Mikel tiene el récord de ser el primer pelotari en ganar sus tres primeras finales de Primera. Un hito para enmarcar.

En el ejercicio sano del paso de página, Urrutikoetxea desvela que no ha “dado” muchas vueltas a la final del domingo. “Está claro que quería llevarme la txapela, pero hay que ser conscientes de que en el deporte se gana o se pierde. El domingo no fue mi día e Irribarria hizo, en líneas generales, un mejor partido que yo. Solo puedo felicitarle. Que la disfrute. Yo lo hice en la medida que pude”, manifiesta el delantero de Zaratamo.

Esa es su lectura. Así de sencilla y de humilde. El pelotari que se quedó apoyado en la pared izquierda del frontón bilbaino de la pelota es el mismo que habla recapitulando sobre el choque. Cuestión de deportividad. Eso lo tiene hasta el tuétano un Urrutikoetxea que destila relajo en cada palabra. Pero también determinación. Seguirá luchando. Ni un paso atrás.

Evoca el delantero el momento tras errar su último sotamano con la izquierda, cómo el planeta pelota se movía a velocidad de vértigo y él, fiel a sí mismo, se quedaba en capilla. “Esperando”. Ese momento. Ese parpadeo. “Hay que saber perder en esos instantes. En las buenas y en las malas hay que estar presente en la cancha. Pase lo que pase. Me quedé allí porque somos el ejemplo de muchos chavales”, argumenta el tricampeón vizcaino, quien desgrana que “nosotros teníamos allí a los del club de pelota y hay que transmitirles y enseñarles que no ganamos todos los partidos, que también perdemos. Y que también sabemos perder, como ellos también pierden. Quise que se quedaran con eso en la cabeza. Lo hice con esa intención, como un ejemplo”.

Y el aplomo le nace cuando evoca cómo fueron sus amigos a su vera, a decirle que se viniera arriba. “Todos mis seguidores se portaron fenomenal. Yo sigo trabajando como lo he hecho hasta ahora para poder llegar a otra final y poder hacer disfrutar a mi afición tanto como lo hago yo”, afirma. Siempre hacia adelante.

Respecto al encuentro, en el que cayó con holgura en el luminoso pero no en la cancha, el zaratamoztarra explica que “Iker acertó en los momentos vitales”. Y no le afectaron de manera distinta los nervios que atemperó en anteriores contiendas de tamaño calado. “No me sentí más tenso que en otras ocasiones. La tensión es la misma, la de una final, pero las sensaciones, tanto en el calentamiento como en el partido, fueron buenas. A la hora de terminar el tanto, él acertó más que yo y ahí estuvo la llave”, declara Urrutikoetxea

Asimismo, aclara que “hubo dos momentos claves: el 10-13, cuando me acerqué en el marcador, pero cometí dos errores de precipitación, y después en el 13-16, que se me cayeron dos sotamanos al suelo que son fáciles de llevar. Ahí se me escapó. Son momentos puntuales, pero claves”.

Incluso, el manista todoterreno reconoce que fueron golpes que “normalmente” no suele fallar y que eran “fáciles de llevar”. “Hay días que salen las cosas y días que no”, cuenta. “Irribarria no me sorprendió porque sabía que iba a estar tranquilo”, apostilla.

A pesar de la distancia en el marcador, de nueve tantos, la sensación de igualdad fue patente. La zurda explosiva del aramarra apareció, pero atenuada por la defensa de aire del colorado. “A la hora de rematar, Iker anduvo más fino, pero en el peloteo no hubo mucha diferencia, estuvimos de tú a tú, jugamos a gran ritmo. Peloteando, el partido estuvo ahí”, desbroza Urrutikoetxea, quien considera que “la pena fue que en el último tramo se me fue en el marcador por ciertos detalles”.

Como no suele suceder, al vizcaino -experto en remontadas épicas como en la final del Cuatro y Medio contra Martínez de Irujo, en la que levantó un 10-20, o en el mismo Manomanista ante Joseba Ezkurdia- se le escapó el rival. Admite que “me vine un poco abajo”. “Quería seguir luchando hasta el último tanto, como siempre he hecho, pero era muy complicado. El inicio fue muy peloteado, jugamos a gran nivel y me sentía bien físicamente y de juego. En cosas que normalmente suelo acertar, no tomé las decisiones adecuadas. Son cosas que pasan en partidos de este nivel”, asevera el zaratamoztarra.

“nadie es campeón siempre”La victoria se había convertido en una costumbre en la carrera deportiva de Mikel Urrutikoetxea en los últimos 365 días. Su rol en Asegarce ha dado un giro de 180 grados: es el actual número uno de su operadora, con permiso de Aimar Olaizola y Oinatz Bengoetxea, y un comodín, porque han comprobado que es capaz de adaptarse a todas las circunstancias del juego, delantero, zaguero o pelotari individualista.

El de Zaratamo es el Joker de la operadora bilbaina. Pero el momento de la derrota tenía que llegar en algún momento. Él lo sabía. Lo tenía procesado, aunque siempre quiere más. “Nadie ha sido capaz de aguantar con el gerriko colorado toda su vida”, advierte. “Sabía que iba a llegar algún día esto. Alcanzar una final, la cuarta seguida, es una cosa muy grande para mí. No he conseguido la txapela pero he estado ahí, peleando hasta el final por ella. Para perder las finales hay que llegar a ellas. Lo más importante es estar y, luego, ya se perderá o se ganará”, dice Mikel.

No le pesa el sabor de la derrota. “Ahora mismo intentaré desconectar y no dar vueltas al partido. Seguro que más adelante lo veré para tratar de corregir mis errores. Hay que analizarlos y aprender de cada uno de ellos”, recita Urrutikoetxea, quien apostilla que “esta es otra lección en la vida. De las derrotas siempre se aprende. Siempre analizas qué has hecho mal y qué no y tratas de mejorarlo. Más adelante trataremos de hacer hincapié esos errores”.

“Un año muy positivo”Se le acaba ya el curso de colorado a Mikel Urrutikoetxea. Lo estrenó en los Sanfermines de 2015, feria para la que no estaba prevista su inclusión, pero su victoria en la final y la baja de Oinatz Bengoetxea le abrieron las puertas de la cita iruindarra. Desde entonces hasta su próximo partido, previsto para el Cuatro y Medio de San Fermín, ha lucido el anagrama de campeón. “Este año ha sido muy positivo. Los últimos cursos, en los que me han respetado las lesiones, me he sentido bien. Estoy disfrutando de la pelota. Este año he disfrutado y los resultados me han acompañado. De colorado he podido ganar dos txapelas”, profundiza Urrutikoetxea.

Dice el pelotari que no le ha pesado ser el poseedor del título del Manomanista, que, normalmente, suele significar una presión añadida. “Durante estos meses no me ha pesado la txapela, porque ni siquiera le he dado vueltas”, señala el vizcaino, quien finaliza que “en este último campeonato es donde he sentido la presión del colorado. Quería ganar y demostrar por qué estaba ahí. No ha podido ser, pero llegar a la final del Manomanista ya es algo muy grande”.


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