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Kanpolibrean;por Xabier Iraola

La alergia de PHIL

las cuotas lácteas europeas deben ser flexibles, adaptables y periódicamente revisables

Por Xabier Iraola - Domingo, 29 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:12h

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esta última semana, personalmente hablando, ha sido bastante fastidiosa puesto que la dichosa alergia al polen me está dejando literalmente KO, con una debilidad general que atontece mis huesos, los ojos llorosos y un dolor de cabeza que, tal y como dicen los de mi cuadrilla, dado el tamaño de la misma, es un dolor harto considerable.

Pues bien, dicho lo anterior, espero que sepan ser condescendientes con mis desvaríos pero es que la última moda de los ayuntamientos de plantar tanto árbol floreado, moda que hace que este país parezca más Japón que Euskadi, me tiene con una flojera mental que sabrán tener en cuenta porque ahora que yo también he comenzado a fomentar la empatía, les tengo que informar de que esta semana he empatizado con el responsable foral de conformar el grupo de 300 representantes de la sociedad organizada que acudieron a Tabakalera al pomposo acto de presentación del proyecto Etorkizuna Eraikiz (Construyendo el futuro), al habérsele olvidado a dicho responsable integrar algún representante del sector primario entre la sociedad organizada porque, la verdad sea dicha, este olvido no me cuadra con las prioridades que oficialmente se proclaman. No pasa nada, será la alergia y yo, consiguientemente, empatizo con él/ella.

La astenia primaveral, igualmente, anda atacando duro a los responsables del grupo de supermercados castellano-leoneses El Árbol, perteneciente al grupo Dia, que esta semana tuvo a bien ofertar la leche a 0,20 euros/litro (el tique de compra reflejaba que el precio real era de 0,59 pero descontándole una oferta de El Árbol de 0,39, la leche quedaba para el consumidor en los 20 céntimos) rompiendo así el acuerdo lácteo suscrito por ellos mismos en sede ministerial que recogía, entre otras muchas cuestiones, no utilizar la leche como producto gancho en sus promociones y no fomentar la banalización de un producto como la leche, tan importante para la nutrición humana.

Parece ser que esta oferta, denunciada públicamente por los ganaderos principalmente afectados y que se volvió viral en la activa y tenaz facción agro de las redes sociales, fue retirada a las 48 horas y aunque creo que este caso trasciende a los efectos de la alergia, por lo que me resulta bastante difícil empatizar con sus cabecillas, hay que recordarles a estos irresponsables de la distribución en cuestión que el mal ya está hecho y que caigan en la cuenta, de una santa vez, de que si las empresas distribuidoras y, por extensión, las industrias quieren seguir contando con leche autóctona en sus lineales y silos respectivamente, deben dejar de jugar con fuego porque la situación está, sobretodo en algunas comunidades, más que fastidiada.

Ahora bien, con el que sí empatizo es con el comisario europeo de Agricultura, Phil Hogan. Lo suyo debe de ser un raro ejemplo de alergia que le produce un gran dolor de cabeza y le dificulta pensar con claridad, captar la realidad con la nitidez suficiente para caerse del guindo y darse cuenta de que las previsiones sobre las que la Comisión Europea basó la fatídica decisión de eliminar las cuotas lácteas han errado drásticamente y que por ello, no hay más remedio que rectificar las medidas adaptadas y/o promover otras medidas estructurales que permitan regular la producción europea a la demanda de los mercados y dejarse de parches coyunturales como las ayudas al productor.

Unas cuotas lácteas, a mi entender, que debieran ser consideradas con carácter europeo, flexibles, adaptables y periódicamente revisables para que la cabaña ganadera europea pueda ir adaptando su capacidad productora a lo que marquen los mercados, tanto interior como exterior, respetando un grado de autoabastecimiento en cada uno de los estados miembro que componen la amplia UE pero que, en todo caso, dicha regulación pueda ser fácilmente retocada en función de la marcha del mercado lácteo. No puede ser, al menos en mi opinión, que el comisario reconozca que la previsión de demanda láctea asiática no está cumpliéndose y mientras tanto se niegue a tomar medida alguna para atajar los dramáticos efectos que los ganaderos están sufriendo en su propia carne.

Los bajos precios al ganadero son generalizados en toda la Unión Europea, la misa va por barrios como diría aquel pero dejando claro que el precio de la leche percibido por el ganadero comunitario en marzo pasado fue de 27,47 euros/100kg, precio de marzo que no había sido tan bajo desde 2009 que, a su vez, tuvo el precio medio anual más bajo registrado desde 1999. O sea, todo un poema.

Como decía la misa va por barrios, unos andan fastidiados y otros moribundos, a unos les amenazan con no recogerles la leche y otros tienen la venta asegurada, unos recogen retornos cooperativos que complementan el precio base y otros deben conformarse con el duro suelo de la base y así, hasta que el poderoso mercado libre se lleve por delante a los ineficaces, a los que van por libre, a los que destinan su leche única y exclusivamente a industrias de leche líquida y lamentablemente, estimado lector, no es por casualidad que la inmensa mayoría de los que responden al perfil de los “expulsables” estén en los países del sur.

Termino que la alergia me está matando pero no crean, me da pena acabar este artículo sin saber realmente lo que le ocurre al Comisario Hogan y así poder empatizar con él más fácilmente, no sé si lo que tiene es alergia al polen como me ocurre a mí o si, por el contrario, es intolerancia a la lactosa o, algo peor, como mucho me temo, alergia a los sureños.


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