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Nibali, en el laberinto

El siciliano, desconcertado por su bajo rendimiento en el Giro, trata de encontrar respuestas en su organismo, que no funciona: “No sé lo que me pasa, pero hay algo que no va”

Un reportaje de César Ortuzar - Jueves, 26 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Vincenzo Nibali, cuarto en la general del Giro de Italia, no está ofreciendo su mejor versión en la carrera italiana, en la que está sufriendo.

Vincenzo Nibali, cuarto en la general del Giro de Italia, no está ofreciendo su mejor versión en la carrera italiana, en la que está sufriendo. (Foto: N.G.)

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Vincenzo Nibali, cuarto en la general del Giro de Italia, no está ofreciendo su mejor versión en la carrera italiana, en la que está sufriendo.

nibali se toca las piernas y las piernas están ahí. Donde siempre. Son las suyas, aunque le parezcan ajenas, de otro, porque no responden como las que él conoce, las suyas, las que conquistaron un Tour, un Giro y una Vuelta. En la camilla del fisioterapeuta, un masajista con rango, Pallini, su confesor -las manos de los masajistas son los oídos que mejor escuchan a los ciclistas-, le dice a Nibali que sí, que las piernas que cuida, que mima después de cada etapa, le pertenecen a él, aunque desobedientes no atienden a sus órdenes. Le cuelgan las piernas a Nibali como a las marionetas. Trata la mente del italiano de tirar de ellas, de reactivarlas, de hacerlas fuertes y resistentes, pero su cabeza y sus piernas no conectan en el Giro. Hablan idiomas distintos. No existe comunicación. Guerra fría. No hay hilo del que tirar. Las piernas no responden. Los hombros, sí. Se encogen. Arrugados en la incomprensión. “No voy a poner excusas. Mi condición actual es esta, aunque yo no lo entiendo porque parece que estoy bien. Incluso cuando Michele Pallini (su fisioterapeuta) me da el masaje me dice que las piernas están en su lugar”, explicó el siciliano a la Gazzetta dello Sport después de estrellarse en Andalo, donde se quedó sin aire y sin Giro.

Partía Nibali con el dorsal de máximo favorito hasta que la carrera -aunque en el Trentino generó ciertas dudas- que más ama le fue negando semejante status en tres actos, principalmente: Corvara, Alpe di Siusi y Andalo. Nibali gravita fuera del podio, demasiado lejos de Kruijswijk, el líder soleado. El ciclismo no tiene memoria ni deudas, aunque Italia es para los italianos y el Giro el epítome de esa idea. Nadie mejor que Nibali para representar esa Italia, pero ocurre que el héroe siciliano está enredado en su propia indefinición. No sabe lo que le pasa, pero no está más mal que bien. La preocupación barniza su discurso porque no encuentra el motivo de su rendimiento, alejado de lo que se supone que es Nibali, un ciclista muy regular, experimento y que sabe llegar a las carreras en el momento exacto.

El italiano, sin embargo, está desajustado. “Hay algo que no va”, dice lacónico. Necesita repuestas Nibali, datos que le tranquilicen el desasosiego, que le alumbren la desesperanza porque su silueta de ganador se ha difuminado. “Vamos a revisar algunos valores. Los análisis de sangre que me voy a hacer en las próximas horas nos servirán para entender más”. Quiere comprender a su cuerpo Nibali, desajustado. Emilio Magni, el médico del Astana, tampoco ha podido establecer ningún motivo concreto que explique el escaso rendimiento del siciliano.

A falta de dos etapas monstruosas, las del viernes y el sábado, y a pesar de que al italiano le falta fotogenia en este Giro, el orgullo del siciliano, su piel de campeón, le mantendrán sobre la bicicleta. “No abandono, quiero llegar a Turín. Tienes que saber aceptar una derrota por respeto a los adversarios y mis compañeros”. El amor por el Giro lo puede todo, aunque le duela a Nibali la imagen que proyecta en los cierres de etapa, cuando se hacen las sumas y las restas. “Estoy en problemas, no entiendo lo que me pasa. No sé qué decir cuando paso la meta. No me gustan estas actuaciones, para mí son humillaciones”, subrayó el italiano, que no busca compasión, simplemente ser quien era. Su deseo es dar con una respuesta. “Vamos a evaluar bien con los exámenes. Por ahora, espero que no haya nada, incluso si hay algo que me hace temer que puede ser una hipótesis válida”.

Si bien Nibali y su entorno se han lanzado a la búsqueda de una causa que pueda concretar su bajo rendimiento, no contempla el italiano izar la bandera blanca. Siempre de pie. “No, no me rindo. A Turín llego, no puedo renunciar”, apuntó el líder del Astana. “Son fantásticos, están haciendo todo lo posible para ayudarme. Desde el inicio del año trabajamos juntos, sufrimos por este objetivo”. Nibali, que parece haber abandonado toda idea de vestir la maglia rosa, se centrará en colaborar con otra causa: obtener el premio a la mejor escuadra del Giro. “No me doy por vencido. Aunque solo sea para defender el primer puesto del Astana en la clasificación por equipos”, explicó Nibali, en medio del laberinto.


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