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Unos clavos más espectaculares que los de Charlie Sheen

El legazpiarra Ricardo Mediavilla es uno de los últimos herreros que quedan en Gipuzkoa. Siendo así, no es de extrañar que Albaola le haya encargado los enormes clavos del ballenero ‘San Juan’. Él está dispuesto a todo. Hasta a forjar el ancla.

Reportaje y fotografía de Asier Zaldua - Miércoles, 25 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Ricardo Mediavilla, en plena elaboración de sus famosos clavos XXL, en el interior de su taller de forja de Legazpi.

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Ricardo Mediavilla, en plena elaboración de sus famosos clavos XXL, en el interior de su taller de forja de Legazpi.El herrero legazpiarra Ricardo Mediavilla muestra un clavo recién forjado.

Al actor Charlie Sheen, el juerguista más famoso del mundo y toda una eminencia en materia de clavos, le ha salido un duro competidor: Ricardo Mediavilla. Eso sí, los clavos de este legazpiarra no son fruto de la juerga de la víspera, sino del trabajo en la forja: está haciendo unos clavos XXL para el ballenero San Juan.

Mediavilla es uno de los últimos herreros que quedan en Gipuzkoa, por lo que no es de extrañar que los responsables de construir el navío se acordaran de él cuando llegó la hora de decidir cómo se iban a hacer los clavos. No en vano, el legazpiarra trabaja tal y como lo hacían antaño y el ballenero pretende ser una réplica del original en todos los sentidos.

Al herrero legazpiarra le ha tocado forjar un millar de clavos en su taller de la antigua papelera de Legazpi. Y no son unos clavos corrientes, de los que se pueden encontrar en cualquier ferretería. La nao San Juan es un barco formidable y, por lo tanto, sus clavos también. Algunos de los que ha hecho Mediavilla tienen una longitud de 35 centímetros y una anchura de 15x15 milímetros. “Además, he hecho una partida especial para una exposición que van a montar en Estados Unidos. Será en julio, en Washington. Para esa muestra he forjado unos clavos de 75 centímetros de largo”.

Mediavilla no sabe en qué parte del navío se colocarán sus clavos, pero sí que tendrán que hacer mucha fuerza. “Seguramente irán junto con las piezas de madera más grandes del barco. Nunca había tenido que hacer unos clavos tan gruesos y largos. Los más grandes que había hecho hasta ahora eran para las vigas de los caseríos”, comenta.

El material En cuanto al material a utilizar, no ha tenido dudas. Está usando el acero con el que trabaja habitualmente: el del tipo F114. “Es el material que más me gusta. Antiguamente utilizaban hierro puro y el F114 tiene carbono. Es duro, pero muy moldeable. Y en este caso es muy importante, pues tiene que sobresalir un cacho de clavo de la junta y después hay que doblarlo y volver a meterlo para adentro. Hay que tener en cuenta que el tirafondo no existía hasta el siglo pasado. Eso sí, mejor tirafondo que el sistema que se va a utilizar con mis clavos no existe. Una vez que se mete eso, no sale”.

El legazpiarra está orgulloso de formar parte del equipo que está construyendo la nao San Juan. “Me hace mucha ilusión formar parte de este proyecto. Sobre todo, porque es un reto. Llevo desde los catorce años trabajando en la herrería y tomar parte en la reconstrucción de un ballenero del siglo XVI es el reto más grande al que me he enfrentado”.

De momento le han encargado solo los clavos, pero no le importaría que le encargaran el resto de las piezas de metal que llevaba el barco. “En aquel tiempo todas las piezas de metal las hacían los herreros: los clavos, las bisagras de las puertas de los camarotes, las bridas... Me imagino que si siguen contando conmigo, me encargarán también otras piezas”.

El legazpiarra se muestra dispuesto, incluso, a fabricar el ancla. En el pueblo de las ferrerías y de Patricio Echeverría, oyen la palabra hierro y se vienen arriba. “No sé cómo harían las anclas en aquella época, pero todo es ponerse... Si se forjó en 1500, ¿no voy a forjarlo yo en 2016?”.

De tal hierro, tal viruta Mediavilla proviene de una familia de herreros y la forja no tiene secretos para él. Aprendió el oficio de la mano de su padre. Ricardo Mediavilla padre se encargaba de arreglar aperos de labranza en un pueblo de Palencia. Cuando el campo se empezó a mecanizar, vio que le esperaba un negro futuro y decidió venir a Legazpi.

Aquí, otro herrero, el mencionado Patricio Echeverría, había montado una gran fábrica de herramientas. En cuanto vieron cómo trabajaba el palentino, le contrataron sin pensárselo dos veces. Su hijo recuerda que en Palencia no tenía más que un fuelle y una fragua y, cuando vio la maquinaria que había en la fábrica de Legazpi, se quedó impresionado. Quisieron ponerle de encargado de la forja, pero consideraba que para ese puesto hacía falta tener más estudios y declinó la oferta.

Su hijo también trabajó para Echeverría. El encargado de forjar los clavos para el ballenero San Juan considera que la fábrica del empresario legazpiarra fue una universidad de la forja. Él empezó a trabajar allí con catorce años y, con toda la maquinaria a su servicio, pronto se convirtió en un maestro. Tras la desmembración de la empresa Patricio Echeverría, trabajó para GKN.

De Legazpi al mundo Su pasión por la forja le llevó a montar un taller artesanal. La maquinaria se la compró a la empresa Patricio Echeverría. El martillete, la fragua y la prensa se hicieron allí mismo. El martillete tiene más de 100 años. Se dedica, sobre todo, a elaborar tenazas a la carta para algunas de las forjas más importantes del entorno. Sus herramientas se utilizan en todos los continentes. Resulta más rentable encargar las tenazas a un artesano que hacerlas en serie, porque son tenazas hechas a la medida de la pieza que el cliente quiere estampar. Son series pequeñas. Calcula que habrá hecho unas 500 tenazas distintas.

También realiza labores de restauración. Ha restaurado, por ejemplo, las bisagras del palacio Igartza de Beasain y varias balconadas. Además, trabaja con el escultor Juan Mari Burguera, que tiene el taller al lado del suyo. El trofeo que se entregó en la Vuelta al País Vasco que finalizó en Legazpi, lo hicieron ellos. Le da a todo. Hasta a los clavos. Siempre que sean de metal.


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