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¿Por qué hemos llegado hasta aquí?

Por Etikarte - Martes, 24 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Después de la agonía de una legislatura estéril, nos disponemos a unas nuevas elecciones. La falta de acuerdo para construir una mayoría parlamentaria, nos conduce de nuevo a las urnas. Es la primera vez, desde la aprobación de la Constitución en 1978, que se da este hecho debido a que los partidos no han sido capaces de entenderse.

En estos momentos tienen pleno sentido las palabras de Jean Monnet: “Nada es posible sin las personas, pero nada es duradero sin las instituciones”.


2.- Pactar y ceder es sumar.Vivimos en un ambiente individualista que rinde culto al dinero, a la fama y al propio beneficio, sin que importe utilizar prácticas corruptas y cuesta entender la política como servicio solidario, aceptando que pactar y ceder es sumar. Todavía no hemos aprendido a dialogar y consensuar. En una sociedad plural, es normal que se presenten proyectos diferentes con sus propias estrategias. Pero por desgracia, muchos partidos, no todos, no lo han entendido así y han tardado menos en levantarse que en sentarse, propiciando la vieja política de la confrontación, anteponiendo cargos y nombres a compromisos y contenidos imprescindibles. Los meros tacticismos, las repetidas descalificaciones calculadas, imputando por sistema al contrario el propio fracaso, crean hastío general y descrédito de la actividad política. “Yo contra mi hermano”. “Mi hermano y yo contra nuestro primo”. “Mi hermano, nuestro primo y yo contra los vecinos”.

Se ha demostrado que los partidos hasta ahora, han sido refractarios a un mínimo común. Buscar una mayoría estable, compartida por varios partidos y con un programa básico, es una responsabilidad de los partidos que sería bien aceptado por el electorado. Pero tampoco es un mal, un gobierno minoritario, con apoyos suficientes en cada momento.


3.-Objetivos a tomar en consideración. Ese mínimo común debe afrontar: a.- Definir y concretar una política económica centrada en la creación de empleo de calidad, en la que se aborde de manera efectiva la terrible tasa de paro, la búsqueda de una justa reforma laboral, el fraude fiscal y la corrupción, así como la disminución del porcentaje de la deuda pública sobre el PIB. La situación económica de un país, condiciona de forma sustancial la calidad democrática del mismo. Un país con los actuales niveles de desempleo y deuda es una fuente de inestabilidad social y política.

b.- La idea del cambio se emplea como un mantra: “Queremos un pacto para el cambio…”, “Somos un partido del cambio…”, “Cambio de ciclo…”, “Hay que llenar las urnas para cambiar las cosas…”. Se utiliza la palabra “cambio” como enganche, para atraer la atención de los electores. Es preciso aclarar los fines y los medios que hacen relación a ese cambio necesario. Un cambio auténtico exige voluntad y pedagogía, necesita no solo candidatos, sino un pueblo consciente y responsable de los que no admiten marcha atrás y que se apoya en una base cultural y una práctica de vida contrastada y revisable. Aplicar con celeridad el principio maoísta de “movilizar al pueblo para ganar la batalla política”, tiene poco recorrido efectivo. No basta convertir el desencanto en combustible de la revolución permanente. No se deben hacer promesas que no se puedan cumplir. El bien posible políticamente es el bien exigible éticamente. c.- Abordar la configuración territorial del Estado de forma democrática y pactada. En concreto, el “derecho a decidir”, que se expresa de forma reiterada en Cataluña y el País Vasco, debe tener un lugar preferente en la agenda del nuevo Gobierno. Este punto apenas se ha trabajado. No abordarlo en profundidad es expresión grave de ceguera política.

A veces, decepcionados, buscamos chivos expiatorios en los cuales depositar nuestra frustración: los políticos, los partidos, el Gobierno, etc. ¿Por qué no pensar en quiénes hemos votado? Protestamos por el despilfarro, la corrupción, la mentira, etc., pero ¿no será esto reflejo de nuestra propia sociedad, donde evadir impuestos, engañar, boicotear y manipular a los demás es un arte admirado? Este es el cambio radical que necesita nuestra sociedad. Una democracia no asentada en unos valores éticos compartidos, es de muy mala calidad.

Sabemos que muchas de estas ideas son ignoradas, despectivamente ignoradas, en la pugna política, pero hay que seguir recordándolas. La banalidad del mal debe ser vencida por la fuerza de la razón y el bien.


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