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Colaboración

Debemos dar confianza al dinero criminal

Por Mikel Casado - Viernes, 20 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Cientos de veces hemos leído y oído decir a políticos en el poder, así como a economistas y supuestos expertos periodistas y tertulianos, que hay que llevar a cabo políticas que den confianza o se sometan a las exigencias de los mercados (financieros) porque, de lo contrario, no podremos disponer de la necesaria financiación para salir de esta crisis financiera (¿o estafa?). Un ejemplo de tal tipo de sentencias es la siguiente: “Guindos apuesta por una gran coalición para dar confianza a los mercados” (11-01-2016), como si estos fueran una parte inevitable de la naturaleza económica. Y bien cierto es que gran parte de la ciudadanía nos lo hemos creído como si fuera una verdad indiscutible, sin pararnos a pensar qué hay detrás o debajo de esa palabra mercados. Pero veamos cómo quedaría la sentencia después de sustituir mercados por su significado.

En el opúsculo Quiénes son los mercados y cómo nos gobiernan de Bibiana Medialdea y otros, se afirma que los mercados financieros son espacios de intercambio de dinero para que, quienes disponen de él y quieran aumentarlo lo máximo posible, como por ejemplo, familias ahorradoras y grandes fortunas, se lo presten a quienes tienen necesidad de él, por ejemplo las administraciones públicas, empresas u hogares. Es decir, se trata de invertir para sacar algo de lo invertido. Hasta aquí es fácil de entender qué son los mercados, y habrá quien diga que para ello no hace falta leer ningún libro, que eso es algo que se aprende viviendo.

El intercambio se realiza mediante (el libro dice que quien dirige el mercado son) agentes inversores como los grandes bancos (comerciales y de inversión) e inversores institucionales (fondos de inversión, fondos de pensiones, compañías de seguros) y otros como las oscuras agencias de calificación. Al parecer, la magnitud que se gestiona es tal que, como se ha podido ver en las diferentes crisis económicas, inciden enormemente en la evolución de la bolsa y la deuda pública. Los angustiosos días de la famosa prima de riesgo, cuando se aceptaban préstamos a intereses de escándalo, son un ejemplo de ello. El caso, entonces, es que hay que dar confianza a los agentes inversores, expertos en obtener ganancias en países necesitados de financiación, para que presten el dinero de los ahorradores. Sigamos indagando cuál es, en parte, ese dinero que, en consecuencia, nos sugerirá quiénes son los ahorradores, entre los cuales los hay que han ganado el dinero de forma legal y moralmente aceptable (por ejemplo, ahorradores que suscriben fondos de pensiones), otros de forma inmoral y otros de forma criminal. En interés del argumento, quiero poner ejemplos de dinero obtenido inmoral y/o ilegalmente.

Se estima que unos 7,5 billones de euros es dinero negro procedente del negocio del tráfico de drogas, armas, seres humanos, empresas de mercenarios, corrupción, asaltos, secuestros, contrabando, evasión de impuestos, etc. Sabido es que ese dinero negro se guarda y lava en paraísos fiscales, que Emir Sader llama “verdaderos prostíbulos del capitalismo”. Sader dice que, “según el FMI, el blanqueamiento de dinero representa entre el 2% y 5% del PIB mundial y la mitad de los flujos de capitales internacionales circulan o residen en esos Estados, entre 600 mil millones y 1 trillón y 500 mil millones de dólares sucios”.

Es ya de dominio público también que en bancos de esos paraísos fiscales se guarda dinero que se usa para transacciones monetarias sin pagar los impuestos que se deberían pagar en sus países de origen. Según el Informe Oxfam 2016, 188 de las 201 mayores empresas están presentes en al menos un paraíso fiscal. Juan Hernández Vigueras, doctor en Derecho, miembro del Consejo Científico de Attac y cofundador de Tax Justice Network, dice que, según el último informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, el 94 % de las grandes empresas del IBEX 35 (33 empresas) disponen de sociedades mercantiles registradas en países y territorios considerados paraísos fiscales. Los papeles de Panamá están evidenciando lo que ya se sabía.

Además, en esos paraísos fiscales se esconde el dinero procedente de la evasión de impuestos que debería haberse pagado en los lugares de residencia. Creo innecesario hablar de cifras mundiales al respecto, indudablemente escandalosas, que en Europa, según Hernández, pueden ascender al billón de euros, y que en España, según informaba La Sexta el pasado 18 de abril, son unos 60.000 millones, de los cuales 40.000 se van a paraísos fiscales. Estos últimos datos de la evasión fiscal referidos a España deben tenerse muy en cuenta para el objetivo de este artículo, a saber, la traducción de la sentencia “Hay que dar confianza a los mercados”.

Por último, parte del dinero guardado en paraísos fiscales es, según Hernández, el del negocio “descontrolado de la titulización o conversión en títulos bursátiles de los créditos hipotecarios subprime”, hipotecas que se concedieron de manera dudosamente moral. Pues bien, la utilización financiera del dinero de los paraísos fiscales es lo que se ha dado en llamar banca en la sombra, por no estar controlada por los bancos centrales.

Expuesto todo ello, es posible traducir la sentencia del ministro De Guindos (así como de muchos otros políticos, agentes económicos, economistas e incluso ciudadanía en general) “hay que dar confianza a los mercados” por la siguiente: “Hay que dar confianza a los mercados, esa banca en la sombra que maneja ingentes cantidades de dinero obtenido, en su mayor parte, de forma criminal, inmoral o bien mediante alguna combinación de ambas”.

Antes he querido llamar la atención sobre el caso de la evasión fiscal porque el viaje de ida y vuelta que realiza es insultante: se deja de pagar a la hacienda del Estado de residencia para, después de llevarse a y ocultarse en paraísos fiscales se trae a invertir en el país del que se evadió en forma de compra de deuda pública a alto interés. Es decir, el dinero que correspondía a la ciudadanía se utiliza para hacer negocio contra la propia ciudadanía. Y nos seguirán diciendo que hay que darles confianza.


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