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Torrencial Springsteen

El ‘Boss’ volvió a encandilar en su tercera visita a Donostia a 43.000 fieles, en un concierto que estuvo consagrado en buena parte a 'The River' y que duró más de tres horas

Una crónica de Juan G. Andrés. Fotografía Javi Colmenero - Miércoles, 18 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:12h

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SpringsteenSpringsteen y la E Street Band, en los primeros compases del concierto de ayer en Anoeta.Un fan muestra una camiseta con el nombre del cantante.Seguidores de Springsteen, poco antes de la actuación.El estadounidense, en pleno concierto.Unos 43.000 espectadores recibieron al 'Boss'que inició el concierto con 'Working on the highway', coreado por todo el estadio al unísono sin dejar de saltar y alzar las manos.
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hacia las 18.00 horas se abrieron las puertas de Anoeta y las 1.500 personas que estos días han hecho guardia en las inmediaciones del estadio donostiarra salieron en estampida. Querían ubicarse lo más cerca posible de Bruce Springsteen, a una distancia razonable y sin tener que estar mirando continuamente las pantallas gigantes.

Fuera, una salvaje riada de gente aguardaba pacientemente mientras se entregaba al avituallamiento ante el previsible maratón que les esperaba. En las inmediaciones se escuchaba el rumor de la reventa, se palpaban los nervios del novato y también las ganas del bruceadicto reincidente. El público comenzó a acceder de manera cadenciosa pero ininterrumpida y las estrictas medidas de seguridad no retrasaron en exceso el inicio de uno de los acontecimientos musicales del año.

Pasaban ocho minutos de las 21.00 horas cuando el ídolo, vestido con camisa negra, saltaba al escenario al grito de “kaixo, Donostia!”. Los primeros acordes no dejaban lugar a dudas e introducían mínimos cambios con respecto al inicio de gira en Barcelona: si allí abrió fuego con Badlands, aquí lo hizo con Working on the highway, que interpretó con guitarra acústica literalmente en la primera fila del público. Si no se completó el aforo de 43.000 almas fue porque solo se quedaron sin vender unos pocos tickets, pero todo el estadio coreó al unísono sin dejar de brincar y alzar las manos No surrender y My Love Will Not Let You Down. El guion a partir de entonces fue bastante similar. Lo que siguió fue el parecido segmento de temas rescatados del disco The River, a cuyo 35 aniversario está consagrada esta gira: la primera tanda estuvo compuesta por The Ties That Bind, Sherry Darling, Two Hearts e Independence Day, tocada a petición del público y que fue el primer momento en el que hubo oportunidad de recuperar el aliento. Pero por poco tiempo porque enseguida llegó Hungry Heart y la fiesta de desató sin solución de continuidad, con el Bosshaciendo el paseíllo de rigor en las primeras filas.

inesperada ‘fire’Out in the street, Crush on You y You Can Loose fueron los siguientes platos de un menú que continuó con la inesperada Fire, en la que el músico mostró su cara más juguetona con voz y guitarra. Incluso flirteó en escena con su esposa, Patti Scialfa, a quien besó junto al micro mientras hacía los coros antes de la almibarada I Wanna Marry You, en la que blandió las maracas.

Uno de los tramos más emocionantes de la noche lo anunció la reconocible melodía de armónica de The River, en la que Springsteen se mostró pletórico de voz, especialmente cuando remató tamaño baladón con un falsete de lo más evocador. Por unos instantes el concierto continuó en clave lenta y en penumbra con la majestuosa Point Blank, hasta que el ritmo se aceleró y la electricidad se erigió en protagonista absoluta a una velocidad torrencial. El show subió varios enteros con peinados como Murder Incorporated, Darlington County o I’m Going Down, que fue enlazando sin descanso, con la E Street Band sonando a todo trapo y Bruce cambiando de guitarras sin que dejara de sonar la música.

La velada continuó adelante con temas como Waiting On a sunny Day, en la que el rockero de Asbury Park hizo subir a una niña que cantó el estribillo arrancando un mayúsculo aplauso de la audiencia, o el himno Promise Land, en el que hubo otra ración de armónica por parte del Jefede la barraca.

El clásico Because the Night atronaba en el estadio cuando la rotativa estaba a punto de engullir este periódico a las dos horas y media de concierto. En la edición de mañana -Bruce mediante- ya habrá tiempo de narrar con mayor pausa y menos urgencia qué deparó una fiesta que, si las previsiones se cumplieron, sobrepasó ampliamente las tres horas de rock and roll.


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