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Bertako Gaia

El agua milagrosa de Zumarraga

La fuente de Ipintza es un lugar muy especial para los zumarragarras. Los vecinos iban allí a coger agua para casa y a lavar la ropa. El Ayuntamiento incluso montó un vivero de truchas para repoblar los riachuelos de la zona.

Un reportaje de Asier Zaldua - Martes, 17 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Un niño llena una cantimplora en la fuente de Ipintza

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Un niño llena una cantimplora en la fuente de Ipintza

Astérix y Obélix tienen la pócima del druida, Popeye tiene las espinacas... y los zumarragarras tienen el agua de la fuente de Ipintza. Durante décadas muchas familias del pueblo saciaron su sed con el agua de esta fuente de Kalebarren. Ver a un vecino llenar una marmita o un bidón de plástico con el agua que viene del monte Beloki era una estampa habitual. Con la mejora de la calidad del agua que llega a los grifos esta escena dejó de ser tan cotidiana, pero la fuente de Ipintza sigue teniendo un gran valor simbólico y es uno de los lugares emblemáticos de Zumarraga. ¿Qué tiene el agua de Ipintza para que esta fuente se convirtiera en la favorita de los vecinos y el Ayuntamiento incluso montara una piscifactoría al lado?

El archivero Antonio Prada explica que ya en un documento de 1745 se mencionan los manantiales de Ipin-tza. “Los vecinos de Kalebarren cogerían el agua de esa fuente desde que se pobló esa zona de Zumarraga. El agua no empezó a llegar a las casas hasta finales del siglo XIX”. Por lo tanto, los vecinos de Kalebarren bebieron agua de Ipintza durante varios siglos. También lavaban allí su ropa, pues en Ipintza había un lavadero.

Fue la fuente principal del casco urbano y sigue siéndolo, pues ninguna se ha mantenido tanto tiempo en el mismo enclave. “Donde está la iglesia de las mercedarias había otra fuente: la de Loidi. Cuando se construyó el ferrocarril, los vecinos de aquella zona se quedaron sin fuente e hicieron la de la calle Piedad. Después, se recuperó la fuente de Loidi. Primero estuvo en la entrada de las mercedarias y después se llevó al parque que se hizo donde ahora está la trinchera. En la actualidad, está en la trinchera”.

Más que una fuente parece el Guadiana, pues aparece y desaparece. Eso ha hecho que la fuente de Loidi no sea tan popular como la de Ipintza. Otra fuente histórica es la de Bidezar, pero tampoco cuenta con el apego de la protagonista de este reportaje.

Vivero Es que la fuente de Ipintza es más que una fuente. Algo tiene su agua cuando solo falta que la bendigan: el Ayuntamiento construyó un cobertizo para que los vecinos pudieran llenar sus recipientes protegidos de la lluvia y a comienzos de los años 80 incluso montó un vivero con el agua de Ipintza. Vamos, que solo le faltó montar un balneario.

La piscifactoría se abrió para repoblar los riachuelos de la zona. Llevaban huevas de trucha y cuando llegaban a alevines los echaban a los ríos de Brinkola, Ormaiztegi...

En la actualidad la piscifactoría está cerrada y ya no acude tanta gente a coger agua, pero Ipintza sigue siendo un lugar muy especial para los zumarragarras. E incluso para los urretxuarras. El alcalde de Zumarraga, Mikel Serrano, nació en el barrio San Martín de Urretxu, frente a Ipintza, y recuerda que de niño solían mandarle a la fuente con un bidón de cinco litros. “Este tema me trae muchos recuerdos. Desde el balcón de la casa de la ama se ve de maravilla Ipintza. De niños nos mandaban a la fuente con una bidón de cinco litros. Tenía una bicicleta BH y solía llevar el bidón atado con unas gomas. No me hacía mucha gracia ir a por agua, pero había que hacerlo...”.

Como otros muchos, preferían el agua de Ipintza a la del grifo de su casa. “Mi abuela, mis tíos y mis primos vivían en Kalebarren y también iban a Ipintza. Era un lugar de encuentro. Nos juntábamos vecinos de todas las edades. Y en el camino solía pararme en el matadero para ver los terneros”, recuerda.

Todavía hay vecinos que beben agua de Ipintza, pero la mayoría consumen la de la red. “Hoy en día el agua del grifo es de gran calidad, pero antes la que venía del monte era mejor. Además, estaba fresca”, añade.

Otro que ha bebido litros y litros de agua de Ipintza es Marcelino Okariz. Así ha llegado a los 87 años en tan buen estado. Este hombre nació en Kalebarren, por lo que ha hecho cientos de viajes a la fuente de Ipintza. “De niños íbamos a Ipintza a por agua. También iba mucha gente a lavar la ropa. Incluso la hija del empresario Esteban Orbegozo, cuando vinieron de Zarautz para montar la empresa”.

Okariz tiene una triste historia relacionada con Ipintza que refleja con claridad el papel que ha jugado esta fuente en la historia de Zumarraga. “En 1958 se me murió un hermano. Tenía 23 años. Cuando ya estaba muy mal, me pidió que le llevara agua de Ipintza”. Murió bebiendo el mismo agua que le dio su madre nada más nacer y con el que sació la sed durante toda su vida. El agua es indispensable para vivir y él hizo el viaje de la vida con la de Ipintza. La de recuerdos que le tuvieron que venir a la cabeza cuando tomó aquel último trago...


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