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Trump y la OTAN

Por Germán Gorráiz Lopez - Martes, 17 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

La aparición de Donald Trump como presidenciable en EEUU añade nuevas incertidumbres a la relación con la Rusia de Putin y nuevas razones para considerar una nueva era de Guerra Fría.

EL padre de la Constitución argentina, Juan Bautista Alberdi, en su libro El Crimen de la Guerra, escrito en 1872, afirma que “las guerras serán más raras a medida que la responsabilidad por sus efectos se hagan sentir en todos los que las promueven y las incitan”, con lo que se anticipa en casi un siglo al final de la escalada nuclear que tuvo su punto de inflexión en la Crisis de los Misiles de Cuba y que culminó con la firma por Kennedy y Jrushchov del Acuerdo de Suspensión de Pruebas Nucleares (1962) y la implementación de la Doctrina de la Coexistencia Pacífica. Sin embargo, tras la anexión de Crimea a Rusia mediante referéndum, asistimos a la división de Ucrania en dos mitades casi simétricas y separadas por el meridiano 32 este, quedando el sur y Este del país (incluida Crimea) bajo la órbita rusa, mientras el centro y oeste de la actual Ucrania navegan tras la estela de la UE, división que significa de facto el retorno al endemismo recurrente de la Guerra Fría.

Desde el principio de su mandato presidencial en el 2000, la obsesión de Putin ha sido la renovación de sus obsoletos arsenales armamentísticos con el reto de lograr en el 2020 la equiparación de su potencial militar con el de EEUU. Así, según el Instituto de Estudios Estratégicos de Londres (IISS), Rusia destinó 45.300 millones de dólares para la defensa en 2012, que comprende el contrato entre el Mindef y la empresa Astilleros Unidos Sevmarch para la construcción de siete submarinos nucleares de quinta generación destinados a portar los novísimos cohetes balísticos intercontinentales de ojivas nucleares múltiples Liner, que serán la espina dorsal de la estrategia nuclear rusa para la próxima década. Además, Moscú tiene presupuestados más de 550.000 millones de dólares para el próximo quinquenio con el objetivo inequívoco de equipararse a EEUU como superpotencia mundial. Por su parte, EEUU tendría planificado un programa nuclear con una duración de 30 años y un coste de un billón de dólares, así como un sistema diseñado para detectar misiles de crucero en territorio estadounidense (JLENS), carrera armamentística que por mimetismo se extenderá al espacio geográfico que se extiende desde Israel hasta Corea del Norte (incluyendo a países como Irán, Paquistán, India y China).

Zbigniew Brzezinski, exconsejero de Seguridad Nacional del presidente Jimmy Carter, declaró en una conferencia en la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados (SAIS) de la Universidad Johns Hopkins que “la dominación de Estados Unidos que tras la Guerra Fría determinaba la agenda internacional ha terminado y no podrá restablecerse durante la vida de la próxima generación”, añadiendo que “ninguna de las potencias mundiales puede alcanzar la hegemonía mundial en las condiciones actuales, por lo que Estados Unidos debe elegir mejor los conflictos en los que va a participar ya que las consecuencias de un error podrían ser devastadoras”. Según explicaba Brzezinski en la revistaNational Interest en el año 2000, “los europeos estarán más inmediatamente expuestos al riesgo en caso de que un imperialismo chauvinista anime nuevamente la política exterior rusa”, con lo que esbozó un plan que pasaría por la expansión de la OTAN hasta límites insospechados en la década de los 90 y la implementación del nuevo sistema europeo de defensa anti-misiles (European Phased Adaptative Approach).

El presidente estadounidense Barack Obama, tras su reunión con el mandatario electo en Ucrania, Piotr Poroshenko, como parte de su gira por Europa para asistir en Bruselas a la cumbre del G7 (Rusia fue excluida como parte de la política asumida por Occidente ante el conflicto ucraniano), insistió en la política de su gobierno de fortalecer su presencia militar en Europa, al tiempo que anunció que solicitará al Congreso estadounidense la aprobación de un presupuesto de cerca de mil millones de dólares para tal propósito e instó a los miembros de la OTAN a incrementar los recursos destinados al desarrollo militar, además de informar de sus proyectos de colaborar en esa área con países como Ucrania, Georgia y Moldova (EEUU habría enviado ya a Polonia 12 F-16 y 200 soldados de refuerzo tras la crisis ucraniana y el contingente total de sus tropas en Europa ascendería a unos 70.000 miembros). Ello en la práctica significará la vulneración del Acta Fundacional OTAN-Rusia de 1997 por la que la OTAN descartaba “el estacionamiento permanente de un contingente sustancial y adicional de tropas de combate en el Este de Europa”.

Por otra parte, en una reciente entrevista a la cadena estadounidense ABC, el futurible candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump, expresó sin ambages la idea de que la “OTAN está obsoleta, no sirve para combatir el terrorismo y cuesta demasiado a EEUU”, por lo que exigió a los países europeos integrantes de la OTAN “pasar por caja” y en la cumbre a celebrar en Varsovia el próximo mes de julio se analizará el “refuerzo del flanco occidental de la OTAN” y se espera la asunción de la nueva doctrina Smart Defense, nuevo concepto operativo que implicará la cesión parcial de la soberanía de los países miembros a la coordinación de defensa con la OTAN, así como el incremento de las partidas de gasto de los países europeos, pues la aportación económica de dichos países sería de un exiguo 2% del PIB nacional, quedando el grueso de la financiación en manos de EEUU (el 70% de cerca del billón del total del presupuesto).

Asistimos al tiempo a unas sorprendentes declaraciones del ministro británico de Exteriores, Philip Hammond, recogidas por el diario The Telegraph, en las que afirma que “Londres podría acoger misiles nucleares estadounidenses en suelo británico en medio de las tensiones con Rusia”, lo que podría entenderse como el retorno a una carrera armamentista como la mantenida durante la Guerra Fría con la URSS (reviviendo el proyecto Partnership entre los EE.UU. y Europa para proveer al Reino Unido de misiles Polaris de julio de 1962), y lo que supondrá de facto el retorno a la Doctrina de la Contención, cuyas bases fueron expuestas por George F. Kennan en su ensayo Las fuentes del comportamiento soviético publicado en la revista Foreign Affairs¡en 1947! y cuyas ideas principales se resumen en la cita “el poder soviético es impermeable a la lógica de la razón pero muy sensible a la lógica de la fuerza”.

EEUU tendría planificado un programa nuclear con una duración de 30 años y un coste de un billón de dólares

En la próxima cumbre de la OTAN se asumirá el aumento de las partidas de gasto de los países europeos


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