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El lehendakari no quiere reunirse con ELA

Por Adolfo Muñoz, ‘Txiki’ - Martes, 17 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

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No le gusta que expliquemos que los gobiernos, en el conflicto capital-trabajo, toman partido por el poder económico y llega al extremo de negar que ese conflicto exista.

Javier Esparza, presidente de UPN, partido de la derecha navarra, exige al Gobierno de Nafarroa que “sea valiente” contra el sindicalismo vasco y pone como ejemplo al lehendakari Urkullu por negarse a reunirse con ELA. El régimen navarro, para sus objetivos de siempre, se inspira en el Gobierno de Gasteiz. Es muy ilustrativo.

No es de recibo que el lehendakari se niegue a reunirse con el sindicato mayoritario argumentando que le molesta “la actitud que mantiene ELA con el Gobierno vasco”. El lehendakari nos manda a la mal llamada “mesa de diálogo social” para que expongamos a Confebask, CCOO y UGT nuestra opinión sobre la estatalización de la negociación colectiva (precisamente, a los que la llevan adelante). Nos remite, también, al Departamento de Empleo;al mismo cuyo titular nos dijo que estaba de acuerdo con la ILP que presentó ELA en el Parlamento para evitar la explotación laboral en las subcontratas públicas. Sus palabras no sirvieron de nada: PNV y PSE-EE votaron contra ella para que el gobierno aplicase recortes presupuestarios licitando a la baja en las subcontratas. Así, imponiendo recortes que conllevan miseria laboral, han cuadrado el déficit.

ELA no está en contra del diálogo social. Lo que afirmamos es que con políticas presupuestarias obsesionadas en cumplir el déficit, pagar la deuda y no tocar la política fiscal y con políticas laborales, en Madrid y Gasteiz, que dan a la patronal todo lo que pide, el diálogo social es imposible. Confebask definió bien el objeto de esas mesas: “Presentar las políticas propias del gobierno como compartidas con los agentes sociales”. Un objetivo, decía Confebask, que no se cumple “no solo cuando el agente mayoritario (ELA) se excluye, sino cuando directamente lo ataca”. Urkullu quiere que ELA haga lo mismo que CCOO y UGT para dar apoyo a sus políticas. No, gracias, eso no vamos a hacer. Dicho eso, deseamos subrayar la reflexión del nuevo secretario general de la UGT de España, Pep Álvarez: “El diálogo social se ha convertido en una foto útil para los gobiernos que ha perjudicado a los sindicatos”. Es lo que hemos dicho siempre.

El documento sobre estatalización de la negociación colectiva que enviamos al lehendakari decía que “no hay autogobierno sin derecho a la negociación colectiva”, sin instrumentos que nos permitan decidir en nuestro país cómo se distribuye la riqueza de manera más justa. La negociación colectiva, para ese objetivo es parte esencial del Marco Vasco de Relaciones Laborales y Protección Social en el que creemos. Confebask y el gobierno no creen en eso;las leyes y convenios españoles no les suponen ningún problema. En 1994, ante otro intento de estatalización planteado por el PSOE, el PNV desarrolló un papel digno. Enmendó aquel objetivo y logró salvar que la representación sindical vasca pudiera negociar los convenios en Euskal Herria. Pues bien, 22 años después, este gobierno carece de pulso político frente a la involución española, no le molesta la estrategia de empobrecimiento que supone la estatalización de la negociación colectiva. A los neoliberales vascos, bien sea para realizar ajustes presupuestarios o para ganar mucho dinero imponiendo miseria laboral, las leyes y los convenios estatales les vienen muy bien. Al Gobierno vasco, también.

A Urkullu no le gusta que expliquemos que los gobiernos, en el conflicto capital-trabajo, toman partido por el poder económico y llega al extremo de negar que ese conflicto exista. Gobiernos y patronal han decidido que su opción estructural para la nueva contratación es la precariedad (en un nivel desconocido). El consejero de Empleo llama a la solidaridad... “de los trabajadores y trabajadoras que tienen empleo digno para con los que no lo tienen”. Achacan el problema a las condiciones de trabajo dignas. No tienen nada que reprochar al aumento de la desigualdad, a los beneficios empresariales, supersueldos, bonus, pensiones privilegiadas de los directivos... Con esos, el gobierno se saca fotos todos los días. Sinceramente, es un escándalo.

No deseamos relaciones clientelares con el gobierno, de esas en las que se acaba con cualquier crítica social. Antes de que el gobierno pusiera en marcha la Mesa de Diálogo Social, este sindicato planteó al gobierno explorar acuerdos parciales en formación, empleo y salud laboral. Quedamos en remitirnos propuestas por escrito. ELA envió las suyas. El gobierno, no. A esas tres materias podemos añadirle lo sucedido con la ILP: PNV y PSE-EE despreciaron el hecho sindical en el debate parlamentario. Pues bien, personas cercanas al gobierno nos explicaron la razón que justificaba ese proceder: “¿Qué ganaba el Gobierno explorando esos acuerdos si ELA seguía criticando la política general?” Para el gobierno, explorar acuerdos parciales no tenía sentido si ELA seguía criticando la fiscalidad, la reducción de las prestaciones sociales, la falta de política industrial... La relación clientelar nunca ha sido el objetivo de ELA.

El gobierno montó la Mesa con la minoría sindical que estaba dispuesta a desempeñar ese papel y, a partir de entonces, ha sido extremadamente coherente negando cualquier diálogo a quienes no estábamos allí. Pero no hizo solo eso, decidió también estigmatizar a ELA afirmando que somos “maximalistas”. El consejero de Empleo dijo hace pocos días que las críticas de ELA al gobierno se hacían “desde posiciones únicamente teóricas”. No es cierto. La diferencia de presión fiscal en la CAPV con la media de Europa es de 5.638 millones. ¿Es ser maximalista reivindicar la presión fiscal media europea y denunciar que ese déficit fiscal es consecuencia del fraude y trato privilegiado a rentas altas, empresariales y de capital? ¿Es ser maximalista defender la dignidad en el trabajo? Este Primero de Mayo, denunciamos que Confebask y el gobierno comparten modelo de sociedad. Comparten que hay que debilitar a las organizaciones sindicales y sociales que militamos en el contrapoder;no quieren nada organizado que limite su poder. Cargos del gobierno, representantes empresariales, tertulianos en nómina... hablan con desprecio de organizaciones sindicales que, según ellos, estamos “a principios del siglo XXI con prácticas sindicales que no tienen sentido”. ¡Qué poca vergüenza! A las personas débiles nos quieren atemorizadas y obedientes.

En tiempos de una profunda banalización de la política, de lenguajes vacíos y teatrales, nos parece extraordinariamente importante que los discursos sean claros. Insistimos en que existen alternativas al neoliberalismo si funciona la democracia;no si las decisiones más importantes que nos afectan se deciden fuera de las instancias democráticas y si el poder político acepta ser dócil ante el capital. De lo que no tenemos duda alguna es que para lograr cambios en la política social y defender la democracia -sí, defender la democracia- es imprescindible la activación sindical y social. ELA extrae conclusiones de todo esto: si queremos hacer frente al neoliberalismo debemos construir poder y trabajar alianzas que no sean instrumentales para los partidos para exigir el cambio de las políticas.

Una última cuestión. No es el lehendakari quien elige qué sindicatos representan a los trabajadores y trabajadoras, sino los trabajadores y trabajadoras, que determinan mayorías y minorías. Un gobierno democrático debería respetar esa voluntad y a las organizaciones que, sin aceptar ninguna intromisión, fijan sus posiciones con total autonomía.

La diferencia de presión fiscal en la CAPV con la media de Europa es de 5.638 millones. ¿Es ser maximalista reivindicar la presión fiscal media europea?


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