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El arte sanador de ser un ‘padre terapéutico’


Un reportaje de Alicia Zulueta. Fotografía Javi Colmenero - Domingo, 15 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

María Elena Borrajo, psicóloga en el centro Alén de Galicia;Rosa Barrio, de la asociación Ume Alaia y María Vergara, psicóloga en el centro Exil de Barcelona, ayer.

María Elena Borrajo, psicóloga en el centro Alén de Galicia;Rosa Barrio, de la asociación Ume Alaia y María Vergara, psicóloga en el centro Exil de Barcelona, ayer.

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María Elena Borrajo, psicóloga en el centro Alén de Galicia;Rosa Barrio, de la asociación Ume Alaia y María Vergara, psicóloga en el centro Exil de Barcelona, ayer.

Ser padre es una tarea complicada que afecta de forma transversal a todos los aspectos de la vida. Pero si se le añade la dificultad de criar a un niño que ha sufrido experiencias traumáticas y tiene una percepción del mundo patas arriba, su educación se eleva a un arte. María Vergara, psicóloga infantil en el centro Exil de Barcelona y su compañera de profesión en el centro Alén de Galicia, María Elena Borrajo, trataron de orientar ayer a 120 padres en esta situación. La asociación de familias adoptivas Ume Alaia organizó una jornada formativa en el Museo de la Ciencia Eureka! para enseñar a estas familias a entender las dificultades de sus pequeños y a solventarlas.

El grado de afectación de cada niño es muy variable. Pueden llegar de un orfanato muy grande en el que no eran más que uno más, pero estaban bien atendidos. O haber vivido las primeras etapas de su vida con un adulto que no satisfacía sus necesidades, o que incluso actuaba de forma incoherente y era una fuente de daño. “En su mente puede haber desorganización en distintos niveles”, explicó Vergara. Ahí está la dificultad de los padres, que “con sus mentes sanas tienen que ayudar a estos niños que vienen cargando con una mochila y con el cerebro desorganizado”, añadió. De hecho, esta capacidad de ayudar a estos hijos mediante una relación que llega a ser “profundamente sanadora” se denomina .

Tanto el maltrato, como las negligencias causadas por la omisión del adulto alteran el desarrollo social, moral, sexual e incluso físico de los menores. Lo que lleva a dificultades a la hora de relacionarse, falta de control en la conducta, una percepción equivocada del mundo o problemas para acceder a la memoria y realizar operaciones lógicas, entre otros síntomas.

Además, toda la red que rodea al menor, como el contexto escolar o las actividades extraescolares, puede convertirse en “un estrés más para el niño”. En cambio, “cuanto más acorde esté con las necesidades invisibles del niño, mejor va a ir”, explicó Borrajo.

Por otra parte, la edad a la hora de la adopción “no es un factor determinante”, es decir, que cuanto mayor sea el hijo adoptivo, no tiene por qué estar más afectado, aunque sí existe mayor riesgo porque ha estado expuesto durante más tiempo. “Lo determinante es qué ha pasado durante esas fases de desarrollo en las que no estabas”, mencionó la psicóloga gallega.


Acoger, entender y entrenarse


La primera recomendación que lanzaron estas expertas es que se debe “acoger y legitimar los enormes desafíos” a los que debe enfrentarse el . Para ello, debe conocer el impacto de las carencias en su hijo, porque cada niño es un mundo. “Con niños muy afectados, tratarles como si nada, es como pretender que alguien que tiene el carné de coche pilote un avión”, ilustró Borrajo. Pues la manera de proceder con niños con grandes traumas es distinta que con niños que han recibido buenos tratos.

Para lograr con éxito esta tarea, en ocasiones es necesario que los padres reciban para ser capaces de “ver el sentido de algunas conductas de los niños”, expuso. Pero también es esencial el “autoconocimiento”, ser consciente de cómo va a reaccionar uno mismo ante estos comportamientos, para ser capaz de modular la reacción y poder así ayudar al pequeño. “Estos niños te van a enfadar, te van a hacer sentir mal padre y que no te quieren. Tienes que estar entrenado para llevarlo bien”, añadió Borrajo.

Aunque no existe un patrón para el padre adoptivo, ni para el niño maltratado, Vergara apuntó que está demostrado que determinadas maneras de relacionarse pueden ayudar a disminuir el sufrimiento de estos niños. “Y para eso, son necesarias unas habilidades avanzadas, como la capacidad de los de estar sintonizados con el niño”, detalló. Saber transmitirle que “entiendes lo que le pasa” y aliarse con él para combatir sus dificultades.

Otra gran habilidad, que es un auténtico reto, es la consistencia y la constancia. “Estos niños con sus comportamientos desregulados provocan reacciones muy intensas en el cuidador y mantenerse es todavía más difícil”, subrayó Vergara. Pero para el “cerebro desordenado” del menor es “fundamental” poder predecir la reacción de sus padres ante sus comportamientos, ya sean positivos como negativos.


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