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Tribuna abierta

Paro, talento y mercado laboral

Por Ander Gurrutxaga Abad - Viernes, 13 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

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El discurso sobre el talento tiene interés, pero las políticas de empleo no pueden olvidar que el 75% de la población trabaja en empleos rutinarios donde las normas de la formación excelente están ausentes

Me causan perplejidad algunas cuestiones que leo o escucho alrededor del empleo y sus políticas. Que responsables políticos digan, por ejemplo, que las instituciones que promueven esta actividad no funcionan bien y no hacen la labor que debieran me parece una mala noticia. No por que se diga que “no funciona” -hay otras instituciones que pueden sumarse a la misma lista- sino porque no conozco iniciativas de los mencionados responsables para hacer que la institución que tienen a su cargo funcione y “haga bien su trabajo”.

Ocurren otras situaciones en las que el empleo y las iniciativas laborales figuran en un lugar destacado en las declaraciones públicas. Son llamativas los discursos alrededor de la protección del “talento”, de su promoción, etc. Se refiere a personas jóvenes bien formadas, “invitadas” a realizar la carrera profesional en países extranjeros. La impresión que trasladan este tipo de declaraciones es que no hay capacidad suficiente en el mercado laboral vasco para acoger “el talento” y que la marcha al extranjero puede o debe ser provisional, aunque nadie pueda asegurarlo. Me parecen, en ambos casos, dos ideas que se quedan lejos -quizá porque no se puede, no se quiere o no se sabe- de la cuestión clave, aquella de la que ningún responsible institucional puede desprenderse: la integración laboral de las nuevas generaciones y cómo asegurar el relevo generacional de la sociedad, teniendo en cuenta además que la tasa de población joven es la mitad de la que era en la década de los 70.

No me refiero, exclusivamente, a que no se crean suficientes puestos de trabajo para esta joven generación -algo obvio, las estadísticas oficiales lo repiten en cuanto tienen ocasión-, sino a que se han establecido dos tendencias preocupantes para afrontar este problema. La primera es crear becas de formación, de tal suerte que, a veces, da la impresión que en vez de un mercado laboral para jóvenes se constituye el mercado laboral de becarios en estado permanente de formación. ¿Cuál es, por cierto, la fecha de caducidad del becario en formación laboral? No tengo nada, es obvio, contra la formación ni contra las becas, pero sí me parece que puede forjarse un mecanismo perverso: dejar en manos de los programas institucionales de becas lo que debe reflejarse en el mercado laboral normalizado. Por otra parte, que no se pierda de vista, que hay un contingente significativo de población que no puede acceder, por muy diversas razones, a este tipo de becas-bienes, con lo que sus esperanzas están puestas en el mercado laboral. La respuesta, en estos casos es: paro o contratos precarios con escaso valor económico.

El resultado es que el mercado laboral y la formación no encuentran puntos de conexión suficientemente fuertes y claros y la relación entre mercado laboral, empleo y jóvenes es difícil y precaria. El punto de llegada está diciendo que hay un problema estructural con una débil respuesta, el problema es el relevo generacional y la respuesta debiera estar avalada y protegida por un mercado laboral cohesionado que adopta decisiones claras. No sólo es que queda mucho por hacer en este terreno sino que ocuparse de estos temas con coherencia e inteligencia práctica son objetivos básicos, estratégicos, que esperan respuestas novedosas e innovadoras, porque la praxis del trabajo lo que demuestra es que las políticas de creación de empleo tradicionales no funcionan.

Ocurre otra tanto con la cuestión del talento. Las instituciones recurren al empleo sistemático de este concepto. Se refieren con esta definición, obviamente, a individuos con formación destacada -casi siempre en carreras tecnológicas o e ciencias experimentales-, cuyos saberes son demandados por instituciones del conocimiento especializadas en investigación punta o por empresas tecnológicas. Son individuos que tienen el mercado abierto y suelen colocarse en unas u otras instituciones, eso sí, la mayoría en el extranjero. La esperanza que depositan las intervenciones de las autoridades es que en algún momento “puedan regresar”. Lo que queda oculto en las afirmaciones es la creación de caminos claros para el regreso. ¿Existen de verdad? Tampoco es que las cosas sean tan claras como se dice porque, por citar algunos hechos, no se conoce con precisión cuántos son los poseedores de talento, dónde están ubicados -en qué centro tecnológico, empresa o universidad-, cuáles son sus aspiraciones, si están o no dispuestos a regresar, ¿pueden o quieren volver?, qué expectativas tienen, cuáles son las condiciones que exigen, ¿tenemos tejido industrial, empresarial, instituciones de conocimiento interesadas y con capacidad para captar este talento?, etcétera. Si no hay respuestas claras a estas cuestiones, es difícil que las afirmaciones o las llamadas al talento puedan ir más ella de declaraciones vacías de contenido. Quizá, como en otras ocasiones, las instituciones y las élites que recurren a ese discurso se ocupan más del discurso y de la retórica del talento y menos del contenido explícito de cómo crear el “mercado laboral atractivo para el regreso”. Es también necesario conocer con precisión por qué otros muchos jóvenes quieren quedarse, o al menos no irse, dónde se colocan o qué espacios laborales de calidad existen para ellos.

Se sabe que la verdadera amenaza para un país es que personas creativas y con talento no quieren acudir a él o quedarse en él porque no lo encuentren atractivo. La descripción empírica se reconoce bien en la opinión de T. Cowen: “Carecer de la formación adecuada equivale a quedar al margen de oportunidades como nunca antes”.

Esta tendencia tiene el origen en fuerzas difíciles de contrarrestar: la productividad cada vez mayor de las máquinas inteligentes, la globalización económica y la escisión de las economías contemporáneas en sectores estancados y en sectores dinámicos. El progreso tecnológico no sube y sube hasta afectar a todo el mundo;cuando sube no tiene por qué alcanzar a todos, de hecho la gran mayoría de la población queda sujeta a sus condiciones laborales, pero no a “la ducha o al baño completo” que promete la innovación tecnológica. Hay ganadores y perdedores y éstos no son el segmento más pequeño de la fuerza de trabajo, en principio pueden ser la mayoría -se citan cifras entre el 70% y el 75%- de la población activa. Lo que parece indudable es que a medida que la tecnología continúe avanzando desaparecerán empleos y tareas que suelen realizar exclusivamente las personas y cabe imaginar el futuro inmediato en el que un número cada vez mayor de trabajos sea realizado por máquinas a un coste menor. El hecho está avalado por datos empíricos: los salarios de los trabajadores no especializados han seguido una tendencia a la baja durante los últimos treinta años.

El resumen lo propone, con fuerte carga sintética, R. Florida: “hay dos tipos de trabajo -dice- que sí experimentan crecimiento: los trabajos del conocimiento, profesionales y creativos, que están bien pagados y los trabajos rutinarios de la economía de servicios”. Como dice este autor, las empresas tecnológicas acaparan las noticias pero es en el sector servicios donde se crean la mayoría de las nuevas empresas y empleos.

La conclusión es obvia, el discurso sobre el talento tiene interés, pero los responsables de las políticas de empleo no pueden olvidar que la gran mayoría de la población laboral -prácticamente, como media, el 75% de la población-, trabaja en empleos rutinarios donde las normas de la formación excelente están, en la mayoría de los casos, ausentes;y este tipo de población también está impactada por la radical transformación de los mercados laborales. Hay una tendencia a pensar que el paro o el empleo son números, estadísticas, que suben o bajan. Es un error. Crear puestos de trabajo de calidad, asegurar plantillas con salarios dignos, es una cosa diferente que incorporar trabajadores con salarios bajos, puestos de trabajo mal definidos, eventuales, etc. Las sociedades se construyen -no lo olvidemos-, se cohesionan y legitiman de manera diferente en unos o en otros casos. Estamos lejos de haber alcanzado el óptimo o siquiera de aproximarnos a él. El mercado laboral es un problema, el relevo generacional no está asegurado y las respuestas al enigma de su conexión encierran un cuadro de gran complejidad. Aceptemos el reto y no huyamos de él recurriendo a salidas que no hacen sino encerrarnos en el callejón de la falta de respuestas.

El mercado laboral y la formación no encuentran puntos de conexión suficientemente fuertes y claros y la relación entre mercado laboral, empleo y jóvenes es difícil y precaria


Crear puestos de trabajo de calidad, asegurar plantillas con salarios dignos, es una cosa diferente que incorporar trabajadores con salarios bajos, eventuales, etc.


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