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Colaboración

La salud en el trabajo, aún más amenazada

Por A. Jimenez y J. Elexpe - Viernes, 13 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Tras el 28 de abril, día internacional de la seguridad y salud en el trabajo, es necesario hacer un repaso a la situación de la salud laboral en Euskal Herria. Dos décadas después de la publicación de la LPRL (Ley de Prevención de Riesgos Laborales) sus frutos son muy dispares y en muchos casos inexistentes. Es verdad que en los grandes centros de trabajo, donde son necesarios certificados diversos de cara a las instituciones o de cara a otras empresas, se realiza una aplicación amplia de las medidas preventivas. También en estos centros es donde el sindicalismo tiene mayor representación y en buena medida donde más personas se dedican a este campo. En ellas se realizan con cierta regularidad evaluaciones de riesgos, se hacen mediciones en los diversos apartados, son obligatorias las auditorias y en consecuencia es donde existen mayores mecanismos de control.

Esta práctica, que no es masiva, se ve enfrentada o se va al otro extremo en el mundo de los pequeños centros de trabajo, el mundo de la subcontratación en la construcción o en la industria, las empleadas de hogar o el cada vez mayor ámbito de las personas que son falsas autónomas. Sin olvidar la privatización de los servicios de atención a mayores y personas dependientes que está provocando en las personas contratadas un déficit importante en sus niveles de salud.

En cuanto a Servicios Públicos se refiere, el hecho de que tanto Osakidetza/Osasunbidea como el departamento de Educación, tanto en la CAV como en Nafarroa, cuenten con servicios propios de prevención de riesgos laborales, no garantiza en absoluto la correcta vigilancia de la salud de todos sus trabajadores y trabajadoras. Los continuos recortes en los servicios públicos, donde lo prioritario nunca es la salud, obligan a trabajar en condiciones cada vez más estresantes en las que la falta de recursos hace que tanto la atención a la ciudadanía como la propia salud se deterioren.

Los datos de AT mortales del año 2015 con 58 personas muertas en Hego Euskal Herria, 15 de ellos en Nafarroa, examinados con detalle, nos muestran cuáles son los sectores a la cabeza de esta lacra socia. Y la mayoría está en la zona de la subcontratación y de mayor precariedad. Este año 2016 ya llevamos 16 fallecidos en Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa.

Con la crisis económica, el capital y los grandes poderes industriales han decidido cambiar aún más los sistemas productivos y hacer de la precariedad su mejor aliada para seguir obteniendo grandes beneficios. Los contratos temporales por meses, por semanas, días e incluso horas están a la orden del día. La amenaza de la competitividad hace que cada vez más personas vean reducidos sus derechos no solo con una nefasta reforma laboral, también con la espada de Damocles del despido, hoy en día libre, que obliga a trabajadores y trabajadoras a mantenerse sin rechistar en el puesto de trabajo. Y eso, a pesar de la pérdida de los derechos más elementales.

La salud labora,l amenazada ya por factores agresivos del propio trabajo, es ahora sacudida por elementos como la flexibilidad, la precariedad de los contratos, la crisis de las empresas… Las personas son más y más vulnerables y eso en el caso de las autóctonas, porque existe otro submundo donde a estas penalidades se suma la de ser emigrante, con la falta de papeles, la posibilidad de ser devuelto a su país, el racismo intolerante, etc. Indudablemente, las peores paradas siguen siendo las mujeres, que a pesar de constituir en muchos casos el único sustento de la familia, en ciertos sectores de producción prácticamente se les niega el acceso al empleo obligándolas a volver a dedicarse exclusivamente a las labores del hogar o a aceptar sueldos miserables en subcontratas de limpieza y cuidados.

Pero si los enemigos de la salud a nivel laboral crecen y si ya teníamos a las mutuas como gerentes de los procesos de IT por enfermedad común, ahora el gobierno les ha atribuido más funciones en un proceso que de no pararse nos llevará a la privatización de la atención sanitaria y de las pensiones.

El papel que jugamos los sindicatos debería ser infinitamente más incisivo y agresivo, no tolerando ni permitiendo esta pérdida de derechos o, en muchos casos, la ausencia de ellos.

Los gobiernos vasco o navarro deben garantizar que todas las personas trabajadoras tengan sus derechos y los puedan ejercer, pero en la práctica esto no es así y mecanismos como las Inspecciones de Trabajo no cuentan con suficiente personal, ni su prioridad son los derechos atacados. Se alaba la labor de creadoras de empleo de las empresas y se olvidan y no se penalizan las condiciones de precariedad y de falta de seguridad y salud en los puestos de trabajo. La lucha por la prevención y salud laboral pasa hoy también por la lucha contra la precariedad y los recortes en los servicios públicos, básicos para el bienestar de toda la ciudadanía.


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