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6ª ETAPA

La certeza de Dumoulin

El belga Tim Wellens celebra el triunfo en roccaraso, la cumbre donde el líder afianza su proyecto de ganar el giro tras agregar varios segundos a Mikel Landa, Valverde y Nibali

César Ortuzar - Viernes, 13 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Tim Wellens, feliz, levantó la bicicleta para festejar su triunfo.

Tim Wellens, feliz, levantó la bicicleta para festejar su triunfo. (Foto: Efe)

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Tim Wellens, feliz, levantó la bicicleta para festejar su triunfo.

Donostia- A la mañana, en Ponte, donde amanecía el día, Tom Dumoulin, remolón, propagandístico durante varios días, juguetón con el diccionario y el lenguaje, se desmaquilló. Borró la careta del embuste. “Fueron unas declaraciones para despistar un poco al enemigo. Todos somos suficientemente profesionales y sabemos cómo está, lo que vale, que se encuentra bien y que, de momento, será un duro rival a tener muy en cuenta”, diseccionada Valverde sobre la pose del holandés. El señuelo de que su viaje a Italia respondía al deseo de domar las cronos, sin atender a mayores peanas, se cayó del discurso de Dumoulin. “No había planeado atacar, pero si veía una posibilidad debía intentarlo. Esta era una subida que me venía bien y aproveché al ver que los demás no me seguían”, deletreó en meta. El traje de Clark Kent escondía a Superman. El cartón piedra, roca. Confesó al fin Dumoulin lo que decía su lenguaje corporal, que su idea es ser rosa en Turín, donde se apagará el Giro.

Para la extinción de la carrera aún restan varias lunas y numerosas intrigas del thriller italiano, pero Dumoulin certificó por la tarde, en la mesa de autopsia de Roccarosa, un puerto estirado, sin apenas arrugas, clavijas ni corchetes, que su candidatura toma fuerza después de que arrancase unos segundos a la montaña con un ataque en planeadora. El holandés percutió sobre el muelle de Nibali, que abrió el baile, para expandirse sobre la cumbre junto a Zakarin y Pozzovivo. De paso acrecentó su liderazgo respecto a Nibali, Valverde y Landa, a los que agregó algunos segundos en la coronilla de Roccaraso, donde la corona de se posó sobre Tim Wellens, último eslabón de una escapada. El belga, magnífico, brincó a la gloria y como el forzudo que fue durante todo el día levantó la bicicleta al altar de la victoria. Hubo otras ofrendas.

Como la de Dumoulin, que se dijo sorprendido. Nadie le cree. Se acabó el teatro. El holandés que holló la Cumbre del Sol en la Vuelta a España del pasado curso, el que voló en sus pleitos con el tiempo, el que se agarró al liderato hasta que le desgarró la pirotecnia de Mikel Landa para mayor gloria de Fabio Aru, es verdad. Las conjeturas se adentraron en otras siluetas a la espera de capítulos más ceñudos. Roccaraso apenas dejó migas. El perfil tendido de una montaña que lleva a una estación de esquí con la carretera de una autovía, ancha, el asfalto sin roces, favorecía a la potencia del holandés. Una paisaje amable para Dumoulin, feliz en una cumbre donde deslizarse con patines en los Abruzzos. El líder exprimió el altiplano para encender sus turbinas, esas piernas interminables, cosidas a las manecillas.

nibali Lanza a dumoulinCelebró el holandés que Nibali, al que le pica el Giro, ansioso, el hormigueo sobre el sillín, le mostrara el camino. El siciliano, que había ordenado a Fuglsang labores de expedicionario, aceleró a tres kilómetros de la cima. Fue un latigazo sin chasquido. Un ataque diluido. Café descafeinado. Landa, atento, mandó taponar el hueco. Mikel Nieve, presto en la sala de curas, realizó el torniquete con agilidad. Amansado Nibali, que conoce punto por punto a Landa, al que más teme, al que trata de sorprender por el ángulo muerto, Dumoulin despegó con el turbo. Solo el zancudo Zakarin y Pozzovivo, ligero, un colibrí, se subieron a la chepa del holandés, acoplado al manillar, una crono sin cabra en Roccaraso. Inalcanzable Tim Wellens, que corría por un día de gloria, el repunte de Dumoulin provocó una extraña quietud entre Nibali, que agotó la pólvora en una ofensiva escasamente intimidatoria y Valverde, que no se movió.

Con Dumoulin planeando con la majestuosidad de una albatros, Landa, que cicatrizó el ataque de Nibali con sus peones, se emparejó al siciliano y a Valverde en un hábitat que le provoca claustrofobia. El murgiarra, al que le cuelga el plomo de los escasos días de competición, sobrevivió con el rostro serio, pero el ánimo renovado. La sonrisa, en el interior. Era consciente Landa en el amanecer que se enfrentaba a una etapa espinosa, con corriente en contra. Si se hubiera apergaminado ante el V10 de Dumoulin, un motor que funciona con fiereza, perfectamente lubricado, en montañas chatas, los minutos podrían haberle sepultado el Giro. No solo se sostuvo Landa ante el holandés, que le cargó 20 segundos, también salvó el abordaje que pretendió la timba del Astana con las dobles figuras de Fuglsang y Nibali. Los kazajos quisieron verle las costuras a Landa, pero el murgiarra se remendó a tiempo. Se mantuvo en pie en Roccaraso, puesto de pie ante Wellens y la certeza de Dumoulin.


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