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Greipel derriba la Porta Aurea

El bestial velocista alemán arrasa en Benevento, lugar al que soñó llegar Amets Txurruka

César Ortuzar - Jueves, 12 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:21h

André Greipel, aplastante ayer en Benevento.

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André Greipel, aplastante ayer en Benevento.

donostia- Fue tan rápido en Benevento André Greipel, una estampida encerrada en el andamiaje de un Gorila, así se le conoce, que en el sprint llegó escapado. Nadie pudo sombrear al King-Kong del pelotón. Al forzudo alemán, acunado en Rostock, donde esculpieron a Ullrich, se le hinchó el pecho, abierto como el fuelle de un acordeón, en un sprint en solitario que ocupó toda la calzada. Bufó Greipel, un martillo severo, despiadado, para atravesar sobre un rayo el Arco de Trajano, que la iglesia denominó la Porta Aurea, de tan bello que es el monumento. “De todos los arcos del triunfo de la Antigüedad, este de Benevento en honor a Trajano era el más noble a juicio de los intendentes;y por la región, que superaba todos los otros en excelencia, y belleza del trabajo, como el oro supera los otros metales, le fue dado el nombre de Porta Aurea que todavía conserva”, describió el cardenal Domenico Bartolini. En Italia, donde la iglesia tuvo la imaginación y el poder de inventarse un estado, el Vaticano, un territorio sagrado que se rige por las leyes de Dios y las finanzas de la Banca Vaticana, la velocidad es alemana. Del apolinio Marcel Kittel, que se colgó dos victorias en la pechera, al bestial André Kittel. Bocados de realidad.

El sueño, la ensoñación, se conjuga en euskera: Amets. Primero fue Omar Fraile, rey de la montaña en su bautismo en el Giro. Al santurtziarra la explosión de júbilo se les resbaló el martes. Una caída le mordió el cuerpo. Pasó la noche de mala manera, con fiebre y vómitos. Se presentó en la salida hasta que el calvario le hizo la maleta de vuelta a casa. Un sueño corto, efímero, el de Omar. Julen Amezqueta también paladeó el caramelo rosa en el segundo día que la carrera italiana pernoctaba en Holanda. El navarro abrió huella con una escapada que le presentó con honores ante la alta sociedad. El viaje iniciático de Amezqueta continúa cargado con el petate de la ilusión. A la tradición le dio carrete Amets Txurruka, tan menudo como corajudo. El de Etxebarria se aventuró desde el sur, donde corretea el Giro por esas carreteras de patchwork y asfalto que muda por el sol. El espíritu de combate de Amets no cambia a pesar de las astillas de sus clavículas. Dicen que uno no es ciclista si no se ha roto la clavícula. Amets, tantas veces el brazo en cabestrillo, tiene que ser un gigante.

un acto de feTxurruka, que fue compañero de Fraile en el Caja Rural, un equipo lanzadera, saltó a Australia, al Orica, para crecer en el árbol del WorldTour, la secoya del ciclismo. Con el maillotaussie se alistó junto a Daniel Oss (BMC), Brutt (Tinkoff) y Foliforov (Gazprom), tres rodadores, en un día grapado a un recorrido rugoso, ideal para darse a la aventura del estraperlo. Txurruka, veterano, siempre dispuesto, no arrugó los hombros a pesar de que sus compañeros habían comprado más boletos para el sorteo. Eso no desanimó a Amets. Se arremangó dispuesto al tajo, igual que cuando ponía vallas para cuidar a los ciclistas que disputaban la Euskal Bizikleta y él pedaleaba imaginando ser profesional en el Debabarrena. Inquieto, Txurruka no se lo pensó y se camufló en los relevos junto a sus camaradas. En el cuarteto mandaba la escuela rusa. Tipos duros, escuetos en palabras. Más proclives a los hechos que a los discursos. A Daniel Oss, un tallo italiano de ojos azules y melena rizada de anuncio, tampoco le espantó el laboro ni cuando se estampó en una curva contra la estructura de una valla. Oss se levantó de inmediato y magullado prosiguió con la siembra. Tenían que arar si querían recoger la cosecha.

En las fugas la esperanza se mide en kilómetros y el cuarteto, bien empastado, abrió una zanja de tiempo como para pensar en Benevento, aunque por detrás comenzó el máster de cálculo. Los cuberos del pelotón no suelen equivocarse. Tiene un ojo perfectamente adiestrado por la experiencia, por tantos almanaques contando la misma historia. Sueños rompe el quebranto de la realidad: tozuda, insobornable, inclemente. A Txurruka y sus acompañantes les sostenía la hipótesis, el condicional, el y si... nutriente proteico para la moral en una etapa que fotografió la caída a la cuneta de Timmer, Zilioli y Bobrigde, que surgieron de los setos para continuar cuando el pelotón, armado para el sprint, descontaba kilómetros. Los francotiradores de las volatas difícilmente desvían el tiro. Tampoco en vías que desembocan en calzadas.

Allí, sobre el suelo de piedra se enterraron la aventura de Txurruka. Los cuatro se quedaron a tiro de piedra de la resolución por las calles viejas, sabias, irónicas que dibujaron los ingenieros romanos en Benevento. Siglos atrás, cuando Trajano, el emperador, transitaban la legiones romanas. Ayer volaba el Giro en busca de un final con mecha;rápido y fogoso, donde Valverde y Zakarin rascaron cuatro segundos por el tajo de una caída en el sprint. Incandescente, recién tallado en la forja, brotó Greipel, un terremoto. El estruendoso alemán, un almacén de músculos, trituró los pedales como si les tuviera manía. A sus rivales, Démare, Colbrelli, Hofland, les dio un vahído. Nada pudieron hacer salvo observar la escapada salvaje de Greipel, cuyo golpe de aceleración derribó la Puerta Aurea, la que soñó Amets.


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