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Dani Rivas voluntario de la ong zaporeak de ayuda alimentaria a los refugiados de grecia

“A través de la comida llevamos mucha dignidad a los refugiados que llegan a Grecia”

Rivas ha permanecido mes y medio en la isla griega de Quíos repartiendo comida entre los refugiados a través de la asociación guipuzcoana Zaporeak

Aitor Anuncibay - Domingo, 8 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Dani Rivas

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Dani Rivas

donostia- Este joven voluntario se ha encargado, junto a otros compañeros, de poner en marcha el proyecto humanitario de la agrupación gastronómica vasca en aguas del mar Egeo. Rivas destaca que la expedición guipuzcoana en Quíos se ha fortalecido gracias a la “increíble y asombrosa” respuesta de la sociedad guipuzcoana.

¿Qué sensaciones tiene de su estancia en Grecia ayudando a los refugiados?

-La sensación más clara es que el drama de los refugiados es un mundo paralelo. Cuando llegué a los campos de refugiados y los vi durmiendo en el suelo pidiendo comida y ropa, no podía imaginarme que eso realmente pasase en Europa y que ocurriese día tras día. Por eso me daba la sensación de estar en un mundo paralelo. Al final son las ONG las que están salvando a esa gente. Que esa situación parezca normal me impresiona muchísimo. Pensaba que como Unión Europea teníamos mejores mecanismos para ayudar. No me imaginaba que todo fuese tan inestable y tan frágil.

De alguna manera, la UE quiere negar la realidad.

-Sí y tampoco da soluciones. No hay nadie a quien reclamar cosas. ¿Cómo puede ser que haya gente durmiendo a la intemperie y no se le dé una solución y sean las ONG las que tengan que repartir comida, mantas? ¿Cómo es posible que las ONG tengan que presionar a quien sea para que se le dé una solución a esa gente? Como europeo, nunca termino de digerir que no podamos dar mejor respuesta a esa gente con una ayuda más eficaz y que, al final, tengan que ser los voluntarios que funcionan con el dinero del resto de la sociedad los que cubran eso. Los voluntarios son quienes están dando un poco de dignidad a unos pobres refugiados que están huyendo de la guerra. Si no fuese por las ONG la bienvenida que Europa les da es de dolor, sufrimiento y llanto. No es una acogida, es un punto muerto hasta ver qué pasa con ellos.

¿Cómo se vive el hecho de que lleguen familias rotas y no se les dé un trato ni justo ni humano desde las instituciones?

-El riesgo es normalizar esa situación. Darte cuenta de que eso pasa a diario y que es normal. Lo que hacemos las ONG es pelear porque ellos tengan un trato más digno;pelear porque cuando lleguen a la costa tengan a alguien que les dé ropa seca;pelear por que si tienen que coger un autobús que les lleve al campo de detención no tengan que pagarlo. ¿Cómo puede ser que paguen tres euros por llevarlos desde la playa al centro de detención que está a unos cinco kilómetros? Lo jodido es que tienes que seguir trabajando en el día a día y, al final, esas cosas las normalizas. Y ese es el gran riesgo: no darte cuenta de que todo eso es excepcional, catastrófico, estúpido y absurdo. Tenemos que trabajar en el día a día, pero sabiendo que es una situación en la que la UE se está lavando las manos con los refugiados. ¿Qué pasa si las ONG se marchan? A veces sentimos que respaldamos el sistema porque les estamos haciendo un buen trabajo. Si nosotros no estuviésemos, ¿quién se encargaría de que los refugiados estuviesen bien? A lo mejor estamos salvándole la cara a las instituciones.

En ese drama, ¿qué aporta Zaporeak?

-A través de la comida, Zaporeak lleva mucha dignidad a los refugiados porque es supervivencia, como la ropa o el techo. Lo importante es decirle a esa persona que no nos olvidamos de ella. Aunque las puertas se han cerrado les estamos llevando comida, les vemos a diario, estamos con ellos. De alguna manera les decimos que vamos a estar ahí, que no nos vamos a ir, que no les vamos a dejar tirados como sí ha hecho el Gobierno griego. No es muy digno recibir comida de la caridad, pero sí lo es que alguien se preocupe por tu situación. Hablar con ellos y que te vean diariamente crea ese nexo de seguridad.

¿Cómo ha evolucionado el trabajo de Zaporeak desde unos inicios inestables y sin un respaldo económico fuerte?

-Al principio era algo muy pequeño, entre conocidos, y la recaudación también se hacía entre unos pocos. El miedo que teníamos era el de haber montado todo eso y en quince días tener que irnos por falta de dinero. Había que darlo todo para que esos quince días se convirtiesen en un mes, en dos, en tres... Al ver cómo la sociedad guipuzcoana estaba respondiendo de una manera increíble hubo muchísima gente que vino a nosotros pidiendo cómo ayudar. Lo que empezó como algo muy pequeñito se ha convertido en una plataforma también de dar consejo a otras asociaciones que quieren ayudar. Ese estar en Quíos nos da una posición de asesoramiento y análisis para responder a algo que me asombra muchísimo como es la gran respuesta del pueblo guipuzcoano. Hay muchísima gente que quiere ayudar y, aunque no somos capaces de gestionarlo todo, sí podemos indicar con quién puede hablar y qué se necesita. En Zaporeak empezamos pocos, con miedo a desaparecer y, ahora, estamos tejiendo en Gipuzkoa una red de gente que quiere ayudar. Podemos darles respuesta sobre qué se necesita en Quíos. Zaporeak es una ONG que da de comer, pero también ayuda a mucha gente que quiere ayudar.

¿Ahora tienen suficiente respaldo económico?

-No. No tenemos el compromiso de las instituciones, que es lo que necesitaríamos. El respaldo económico de las empresas y la gente sí es sólido. En la empresa de transportes Argitrans, que nos lleva a Grecia alimentos y otros materiales, están convencidos y no se van a echar atrás como tampoco las conserveras. Necesitamos que el dinero venga de una manera segura de las instituciones;los eventos para recaudar funcionan muy bien pero requieren mucha organización y pueden producir un cansancio en la gente. Que los guipuzcoanos no se olviden de que estamos en Grecia porque, aunque no se vea en los informativos, siguen llegando botes con gente necesitada. El reto es cómo hacer para que esto siga siendo un tema de actualidad y que la gente siga aportando porque sabe que seguimos ahí.

Regresará dentro de pocos días a Grecia y se reencontrará con el drama. ¿Qué siente?

-Me da muchísimo respeto volver a Quíos porque la situación cambia diariamente y las injusticias con los refugiados son constantes. Pero, a la vez, estando aquí la cabeza sigue estando en Quíos. Siento más respeto ahora porque es una situación de crisis humanitaria y el ánimo y la moral se van desgastando poco a poco cuando no vemos soluciones. No es tan útil como pensaba el volver a casa porque no desconectas de aquello, sigue dentro de mí. El ánimo nos lo alimentamos viendo que la gente nos respalda, nos da fuerzas para volver, pero sé que será duro porque conozco la situación. Anímicamente va a ser complicado.


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