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Tribuna abierta

Por una universidad vasca sin discriminación entre trabajadores

Por Iñaki Etaio - Sábado, 7 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:12h

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Somos conscientes de que hablar de discriminación laboral con relación al profesorado universitario puede no ser bien entendido por una parte de la población. Más en tiempos de EREs, cierres de empresas y muchas/os jóvenes en paro o emigrando a otros países. Sin embargo, esto no es óbice para denunciar la situación de discriminación laboral que sufrimos algunos colectivos de profesoras/es e investigadoras/es en la UPV/EHU, especialmente desde la imposición de la tasa de reposición por el Gobierno español en 2012 (limitación del nº de plazas permanentes que se pueden crear a un % del nº de jubilaciones).

Para contextualizar nuestro trabajo debemos empezar por hacer frente a diversos mitos acerca del profesorado universitario (3 meses de vacaciones, sueldos altos, actividad laboral reducida a dar clases…). Las/os profesoras/es universitarias/os tenemos establecidos tres tipos de actividades. Además de la docencia en grados y másteres, desarrollamos investigación, dedicándole tanto o más tiempo que a la docencia, así como actividades de gestión, que incluyen el trabajo derivado de comisiones, órganos de representación y otras actividades administrativas. Las vacaciones de verano se limitan a agosto;nuestra actividad laboral no termina con los exámenes ni empieza en septiembre con las clases.

Llegar a ser profesor/a de universidad no es un proceso para nada fácil. Se asemeja más a una carrera de fondo que incluye en muchas ocasiones obstáculos y en la que, como ocurre actualmente, tras haber recorrido ya muchos kms, cuando empiezas a acercarte a la meta, la mueven y te la ponen varios kms más adelante. La mayoría de los/as docentes más jóvenes ocupamos plazas de profesor/a adjunto/a (contrato no permanente de hasta un máximo de 5 años), en muchos casos tras haber cubierto sustituciones a media jornada con sueldos de alrededor de 400 euros. Para ocupar una plaza de adjunta/o hemos realizado la tesis doctoral, hemos sido acreditados/as por una agencia de evaluación externa que ha reconocido nuestros méritos y hemos superado una oposición. Por si esto fuera poco, se requiere una nueva acreditación y realizar otra oposición para acceder a un puesto estable.

La práctica totalidad del profesorado adjunto impartimos docencia en dos idiomas y muchas/os también en un tercer idioma o estamos acreditadas/os para ello. La inmensa mayoría de nosotras/os desarrollamos actividad investigadora de alto nivel, publicando en revistas internacionales de impacto, presentando anualmente comunicaciones en congresos internacionales y habiendo realizado estancias en universidades y centros de investigación extranjeros. Nos movemos en un entorno de gran competencia a todos los niveles, lo cual supone una carga de trabajo muy importante que a menudo dificulta la conciliación de la vida laboral con la familiar. En muchos casos, se podría decir que, más que trabajar en la universidad, vivimos en ella. En una situación similar se encuentran otras/os compañeras/os que, ocupando otras figuras laborales, también siguen esperando poder estabilizar su situación.

El salario base del profesorado universitario está fijado en base a las tablas salariales estatales, siendo bastante menor que el del profesorado de la enseñanza pública vasca no universitaria (un 22% menor que el del profesorado de secundaria). Para complementar los salarios y como estímulos a la productividad se creó un complejo sistema de complementos (que no “pluses”) que incluye los quinquenios de docencia y los sexenios de investigación. Sin embargo, aunque muchas/os de nosotras/os reunamos los méritos, se nos ha negado reiteradamente el derecho a solicitar dichos complementos, simplemente por no ser permanentes. Un mismo mérito se reconoce a un/a docente mientras que al/a la de al lado se le niega, lo que constituye una discriminación flagrante que, más allá de aspectos salariales, produce cabreo y desmotivación. Además, hay que tener en cuenta que la citada tasa de reposición ha creado un “tapón” en el que estamos alrededor de 200 profesoras/es, ya acreditadas/os para figuras permanentes, pero que seguimos esperando (algunas/os más de 3 años ya) a que se cree dicha plaza a la que poder opositar.

Desde hace varios meses hemos desarrollado diversas iniciativas reclamando una solución. En diciembre se celebró una concentración frente al Edificio de Rectorado y se registraron de forma simbólica cerca de 60 solicitudes de quinquenios. En marzo se produjo un cambio cualitativo a través de una sentencia del TSJPV a una demanda interpuesta en 2013 por un profesor no permanente. La sentencia establece que, habiendo superado los cánones de permanencia suficientes, no se puede establecer un trato diferente entre colectivos, y reconoce su derecho a ser incluido en la convocatoria de quinquenios. Tras ignorar sistemáticamente nuestras peticiones, el gobierno de la UPV/EHU se ha visto obligado ahora a admitir que las/os profesoras/es no permanentes podemos solicitar quinquenios. No obstante, nos encontramos frente a una nueva argucia: como el decreto del Gobierno Vasco (GV) que regula los quinquenios sólo especifica el montante económico para las figuras permanentes, argumentan desconocer cuánto nos correspondería por cada quinquenio y dejan su abono a expensas de que el GV cambie el actual decreto. Desde el GV se mira a otro lado, contribuyendo a perpetuar esta injusticia.

El trasfondo de la cuestión no es sólo que no cobremos tal o cual complemento, sino que quedan de manifiesto dos aspectos: que el Equipo rectoral de la UPV/EHU está dispuesto a asumir sin mayores complejos evidentes situaciones de discriminación entre sus trabajadoras/es y que la educación (en este caso la universitaria) no es prioritaria ni estratégica para el GV. Si bien la situación de la CAPV a nivel presupuestario no es fácil, vemos cómo se destinan grandes cantidades para macroproyectos muy cuestionados socialmente mientras que la partida destinada a la UPV/EHU no ha variado apenas en los últimos años. También somos conscientes de las dificultades económicas de la UPV/EHU, pero esto no puede ser la excusa para no acompañar a sus trabajadoras/es en sus justas reclamaciones, abocándonos a una situación de resignación, de “produce y no te quejes”, a la espera de la ansiada plaza permanente. El derecho a la igualdad y a la no discriminación recogido en los Estatutos de la UPV/EHU y la responsabilidad social a la que tan frecuentemente se hace referencia deben tenerse en cuenta también de puertas para adentro. Exigimos tanto al GV como al Equipo rectoral que apuesten claramente por una universidad pública y de calidad. Y esto incluye acabar con la discriminación laboral y cuidar a las/os docentes e investigadoras/es más jóvenes y en situación más precaria, que constituyen, al fin y al cabo, el futuro de la Universidad Pública Vasca.

Aunque muchas/os de nosotras/os reunamos los méritos, se nos ha negado reiteradamente el derecho a solicitar dichos complementos, simplemente por no ser permanentes


El derecho a la igualdad y a la no discriminación recogido en los Estatutos de la UPV/EHU a la que tan frecuentemente se hace referencia deben tenerse en cuenta también de puertas para adentro


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