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James Rhodes Pianista y escritor

“Aún hay mucho ruido, terror y miedo en mi cabeza”

El dolor y la esperanza se funden en ‘Instrumental’, el libro que ha obtenido el Premio Euskadi de Plata y cuyo autor, James Rhodes, fue salvado por la música

Juan G. Andrés Iker Azurmendi - Jueves, 5 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:11h

El británico James Rhodes dará hoy un recital íntimo de piano, a las 19.30 horas, en la iglesia de San Telmo, en Donostia.

(Fotografía de Iker Azurmendi)

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El británico James Rhodes dará hoy un recital íntimo de piano, a las 19.30 horas, en la iglesia de San Telmo, en Donostia.

“Hay un interés por mantener la música clásica solo para la elite, cuando debería ser para todos: los músicos debemos luchar por romper eso”

Donostia- “La música clásica me la pone dura”. Ya desde la frase del inicio, Instrumental(Blackie Books) deja claro que no es una autobiografía al uso. La dolorosa existencia de Rhodes (Londres, 1975) tampoco lo es y tanto es así que los hechos que relata este superventasserían muy difíciles de creer si formaran parte de una ficción literaria o de una película. A los seis años fue violado sistemáticamente por su profesor de gimnasia y el trauma le empujó a prostituirse, a drogarse, a sumirse en el alcoholismo, a autolesionarse con cuchillas de afeitar, a realizar una larga gira por distintas instituciones psiquiátricas y a intentar suicidarse en más de una ocasión. Las secuelas mentales no han desaparecido y las cicatrices físicas permanecen visibles en sus brazos, muy cerca del nombre de su adorado Serguéi Rajmáninov que un día se tatuó en cirílico. Sin embargo, como cuenta en el libro, hoy puede decir que la música, un arte que transporta luz “a sitios a los que no llega nada más”, le salvó la vida.

La música le salvó la vida... y también el amor. ¿Son la misma cosa?

-Oh, es una pregunta difícil. Creo que tienen el mismo efecto en la mente y, sobre todo, en el corazón, que es lo más importante. La única diferencia es que la música no te decepciona y el amor a veces sale mal.

¿El libro puede considerarse parte de su terapia para superar los traumas del pasado?

-No, mucha gente me pregunta si fue catártico escribirlo, pero en realidad fue más duro de lo que yo creía. Pero eso no es razón para dejar de escribirlo. Claro que habría sido más fácil referirme solo a las cosas bonitas, pero me parece importante hablar de cosas como la salud mental, el suicidio, los abusos a menores...

Aunque escribirlo supusiera revivir el horror...

-Sí, fue difícil y por eso quise hacerlo lo más rápido posible: no fue fácil mirar atrás. Escribí entre las tres de la mañana y el mediodía, sin dormir, a base de café y cigarrillos.

¿Qué pensaría si un librero coloca ‘Instrumental’ en la estantería de los manuales de autoayuda?

-Preferiría que fuera en la estantería de libros musicales, pero es verdad que he recibido miles de mensajes de gente a la que le ha ayudado leerlo, así que, ¿por qué no? Supongo que es un libro divertido porque es una biografía, pero también habla de música y es una carta de amor a mi hijo y a mi mujer, así que al final, lo mismo es una novela. (Risas)

“La música y el amor tienen el mismo efecto en la mente y en el corazón, pero mientras la música nunca te decepciona, el amor a veces sale mal”

Su infancia fue “una zona de guerra llena de peligro, amenazas, terror y dolor”. Su adolescencia no fue mucho mejor. ¿Se puede superar algo así? ¿En qué fase se encuentra ahora?

-Más o menos parecido. Es triste pero creo necesario decirlo así porque desde fuera alguien se puede hacer una idea equivocada al ver que tengo una mujer fantástica, la carrera que siempre soñé, el libro se está vendiendo estupendamente... En realidad, aún hay mucho ruido, terror y miedo en mi cabeza. Hay un sufrimiento parecido pero no lo padezco a diario.

Precisamente, en el libro describe varias recaídas: sale adelante pero luego vuelve a hundirse...

-Suelo decir que siempre me siento a una distancia de dos semanas de volver al pabellón psiquiátrico. La enfermedad mental, la depresión o como quieras llamarla es como tener diabetes: si no te cuidas diariamente, recaes. Y nunca estás totalmente a salvo porque hay factores exteriores que te desestabilizan, como por otra parte le sucede a todo el mundo...

Una de sus recomendaciones más reiteradas es no caer en el victimismo y la autocompasión...

-Es muy fácil caer en esa trampa y yo he pasado muchos años sintiéndome una víctima: salir de ahí es un trabajo duro y agotador. Es un patrón difícil de romper pero puedes elegir entre sentirte una víctima o aceptar que tu cabeza está hecha así y que la tienes que cuidar tal y como es. Hay que tomar un distancia y perspectiva.

¿Podría haber escrito su historia sin humor? Para el lector es un asidero, sobre todo en las partes delicadas...

-¡El humor es tan importante! Si no nos reímos empezamos a tener problemas reales. Cuando ves a gente como Donald Trump, joder... Si no te ríes de alguien así, ¿qué haces? ¿Te pegas un tiro? Me gusta que encuentres divertido el libro, es algo que no he buscado, simplemente salió así...

No diría que es divertido, sino que el humor ayuda a digerir situaciones muy dramáticas, como por ejemplo, ese intento de suicidio al que usted se refiere como ‘Benny Hill en el pabellón psiquiátrico’...

-La vida es divertida, ¿no? Ese suceso en concreto fue algo gravísimo pero a la vez muy ridículo. Me río ahora, pero en aquel momento no me parecía nada divertido, claro... Yo espero que la gente se ría y, al mismo tiempo, entienda la gravedad del asunto.

“Es una biografía, un libro sobre música, un manual de autoayuda, una carta de amor a mi hijo, a mi mujer... Al final, lo mismo es una novela”

Ofreció su primer concierto muy tarde, a los 31 años. ¿Su carrera habría sido diferente si hubiera empezado antes?

-No lo sé... Creo que mi técnica sería mejor y ahora podría tocar a 32 compositores en lugar de estar limitado a diez u once: tendría un repertorio más amplio y sería más divertido. Pero honestamente, no sé si ahora sería pianista, porque habría ido al conservatorio, que es un lugar muy difícil, lleno de crítica y competitividad. No creo que emocionalmente hubiera podido afrontarlo. Al final, todas estas vueltas que he dado en la vida me han permitido llegar a la actual madurez.

Uno de los mayores logros de ‘Instrumental’ es que inocula en el lector unas ganas irrefrenables de escuchar música clásica, sobre todo con esas pequeñas recomendaciones que abren cada capítulo...

-Gracias. Una de las cosas más excitantes que han ocurrido con el libro son las listas que he creado en Spotify, donde cientos de miles de personas están escuchando a Bruckner, Chopin, Brahms, Liszt y otros autores que quizá no habrían conocido de otro modo. La música clásica es maravillosa pero la gente que maneja la industria es gilipollas.

¿Por qué esta música es incapaz de salir de su “trinchera” elitista?

-Hay muchos motivos y responsables. El gobierno debería hacer lo posible por fomentar la música clásica en la educación infantil. Las emisoras de radio especializadas también tienen su parte de culpa: emiten una y otra vez los mismos fragmentos trillados, y luego están esos discos del tipo 50 clásicos en clave chill out... ¡Es terrible! Detrás de todo eso existe un interés por mantener la música clásica solo para la elite, cuando debería ser para todos. Son los músicos quienes tienen que luchar por romper eso.

¿Y cómo pueden hacerlo?

-Yo trabajo en la creación de una discográfica que haga las cosas de otro modo, pero se pueden intentar cosas más pequeñas. Estoy tratando de convencer a más músicos de que hablen con el público y presenten las composiciones que van a tocar, que es lo que yo suelo hacer y haré hoy en mi concierto de San Telmo... Se pueden programar conciertos a otras horas que no sean las 20.00 o las 21.00. ¿Por qué no a las 18.00 o a las 23.00? Quizá así atraeríamos a otro tipo de gente... También se puede cambiar la iluminación y dejar la sala completamente a oscuras para facilitar la inmersión en la música en vez de que la gente esté leyendo o mirando el móvil mientras toco, algo que me enerva. Ahora voy a participar en el Sonar de Barcelona y será la primera vez que este festival de electrónica incluya un recital de música clásica... ¡Sonarán Chopin y Rajmáninov junto a grupos como New Order!


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