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Eneko Agirre Fundador de la página web Osoigo.com

“Ha sido más difícil que el ciudadano se sentara en la mesa a preguntar que el político se sentara a responder”

De los libros a la política. Eneko Agirre saltó hace dos años de la librería Garoa, de la que sigue siendo socio, a poner en marcha la página web Osoigo.com

Jurdan Arretxe Javi Colmenero - Lunes, 2 de Mayo de 2016 - Actualizado a las 06:15h

Eneko Agirre, fundador de la página web Osoigo.com.

Eneko Agirre, fundador de la página web Osoigo.com.

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Eneko Agirre, fundador de la página web Osoigo.com.

donostia- Osoigo pone en contacto ciudadanos con dirigentes políticos, que se comprometen a responder las preguntas que más apoyos hayan recibido. La plataforma cumplió el viernes dos años. ¿Qué balance hace?

-El proyecto de Osoigo coincide con un periodo de muchas elecciones: las europeas con las que empezamos, Andalucía, Catalunya, autonómicas y locales… Ha encajado con un momento de mucho interés ciudadano en la política. En esa ola de interés nos hemos movido bien, aunque al principio teníamos muchas incógnitas, desde por qué un político iba a participar en una herramienta no institucional. Estamos contentos, la aceptación ha sido mayor de la esperada y en la parte del ciudadano no dibujábamos que llegaríamos a un problema tal que la rotonda de su barrio. No pensábamos que utilizaría Osoigo para preguntar a su alcalde.

¿Cuesta incorporar a políticos?

-No. Partíamos de un error: pensamos que sería muy difícil incorporarlos. Hicimos un trabajo puerta por puerta, comercial, y aceptaban. Nos llamaban y contaban con nosotros. Tras esos seis primeros meses es el propio político el interesado en participar.

¿Y que entren usuarios?

-En comparación, sí. Dábamos por hecho de que en una época en la que la gente utiliza tanto las redes sociales y es tan activa, existiría una participación mucho más alta. La realidad es, por ejemplo, que Change.org, con doce millones de usuarios en el Estado, tiene 900-1.000 peticiones mensuales, unas 30-40 al día. No es mucho. El número que barajábamos nosotros era más alto, pero estamos en unas 20 preguntas diarias. Ha sido más difícil que el ciudadano se sentara en la mesa a preguntar que el político a responder.

¿Qué tipo de preguntas llegan?

-De rendición de cuentas, sobre todo en torno a la corrupción. Osoigo es una herramienta de preguntas, pero también exigencias: “¿Por qué me ha sucedido esto a mí? ¿Por qué llevo dos años sin trabajo?”. El ciudadano no tanto un psicólogo al otro lado, pero a veces sí busca algo de esperanza.

Trabajan en varias comunidades autónomas, los políticos no son todos iguales y sus responsables de comunicación, tampoco. ¿Con qué se han ido encontrando?

-Nosotros estamos en Zarautz y Donostia, y empezamos desde aquí. Hay partes del Estado con mucho más interés ciudadano y la participación es más alta, pero no hay barreras. Aquí, por ejemplo, todos los partidos nos han invitado a participar. En un ámbito más alto sí que hay cuestiones que nos hacían de dónde veníamos, cuál era el objetivo… Siempre decimos que es una herramienta nacida en una miniempresa para acercar al ciudadano y al político. La aceptación ha sido buena, sin barreras como tal, pero no hemos estado en todas las partes del Estado como para sacar conclusiones.

¿Cuál es el perfil del político más receptivo?

-Cuando hacemos el listado de políticos potenciales miramos a gente muy participativa en redes sociales, pero nos hemos encontrado el caso de políticos que participan en Osoigo y no manejan redes sociales. Por ejemplo, el grupo parlamentario del PP andaluz decidió que todos sus parlamentarios entraran en Osoigo y son capaces de utilizar. Hay políticos muy early adopters, que son los primeros que se apuntan a un bombardeo, y hay otros que, sin estar en el listado que habíamos hecho, apuestan por Osoigo. Nos alegra ver que es una herramienta creíble y válida, con ciudadanos interesados en buenas preguntas.

¿Cuentan con más parlamentarios o dirigentes ejecutivos?

-En el Congreso llegamos a casi 100 de los 350 diputados, pero hay europarlamentarios, senadores, seis presidentes autonómicos, diputados generales, alcaldes y concejales de pueblos que al principio no creíamos que quisieran participar. Les preguntábamos y nos decían que querían participar como un canal más. Esa es la lectura acertada. El político no puede elegir dónde va a hablar, sino que será el ciudadano quien diga dónde va a preguntar por la rotonda de su barrio. El político tendrá que aterrizar ahí, no abrir canales unidireccionales.

¿La denominada ‘nueva política’ existe o tiene más de marketing?

-No soy el más adecuado para valorarlo, pero sí que hemos visto que partidos con más recorrido, no voy a entrar si son vieja política, son muy participativos. Los que más lo hacen, y es lógico visto el número de militantes, son el PP y el PSOE. En Gipuzkoa, en el caso del PNV Markel Olano y Eneko Goia participan en Osoigo. Un cliché que tenemos es que, viendo partidos como Ciudadanos y Podemos, son muy participativos en redes y Osoigo, y pensamos que los demás lo son menos. Pues no. Lo utilizan otro tanto.

¿Cuál es el papel de estas plataformas y las aplicaciones en la política actual?

-Osoigo es un proyecto a largo plazo. No queremos que sea una herramienta de época electoral y que sin ella no funciona. Con el compromiso del político podemos romper ese muro que muchos tenemos de que no hay respuesta o atención al ciudadano.

¿Los políticos también lo ven así? Porque vemos a muchos con perfiles en redes sociales durante la campaña electoral, pero tras las elecciones, desaparecen.

-En dos años tenemos casi 600 políticos, y vimos que cuantos más había, era mejor, porque más ciudadanos podían tener cerca a sus cargos electos. Después de las elecciones vimos casi 1.500 preguntas sin respuesta, que equivale a unos 300.000 apoyos que habían cosechado las preguntas para que fueran remitidas a los políticos. Nuestro lema es el portal de los políticos que escuchan. Ahora queremos dar un paso atrás y en lugar de crecer y que todos pregunten a todos, hacer un portal en el que estén valorados los políticos que sí responden. Ya hemos dado 100 políticos de baja y daremos otros tantos porque parece ser que no tienen tiempo para responder a los ciudadanos.

¿Hay ejemplos similares en otros países?

-En Reino Unido las propias instituciones tienen canales muy participativos y es el propio político el que tiene interés en participar. Otro ejemplo claro es Alemania, donde Parliamentwatch lleva diez años de recorrido con más de 500.000 respuestas al ciudadano. Lo vemos como un logro. En esos dos países hay una cultura de escucha o redes que han conseguido una viabilidad que son un ejemplo.

¿Cuál es la diferencia? ¿Cultural?

-La política alemana la desconozco más, pero en Reino Unido, con el referéndum de Escocia o el Brexit hemos visto que tiene que haber temas candentes, de dos posiciones claras, en las que el político tenga que responder y posicionarse en torno a una serie de temas. Por ejemplo, qué va a pasar con las escuelas públicas si hay Brexit. Hay gente que pregunta y quiere soluciones concretas.

‘Telegram’, ‘WhatsApp’, ‘Twitter’… ¿Influyen en la gestión de Osoigo?

-De Facebook y Twitter estamos a muchos años luz, pero vemos que los políticos apuestan por herramientas con grandes volúmenes de usuarios, pero unidireccionales. Telegram es un canal unidireccional. Twitter o páginas en Facebook, también, con el objetivo de llegar a su comunidad. El político apuesta por herramientas controlables y unidireccionales. Pocas veces responderá en Twitter. Osoigo, en cambio, es pasivo para el político: recibe las preguntas y esa es su participación. También incitan a preguntar, pero el que da el paso en Osoigo es el ciudadano.

¿Por qué los políticos apuestan por lo masivo y lo unidireccional?

-Creo, y los departamentos de prensa y comunicación hacen bien, se miden los impactos. Cuando vemos las redes sociales en las que andan los políticos, ninguna ha sido creada para la participación ciudadana. Hay partidos que nos piden datos de medición, de lectores… y creo que se confunden en la base de todo. No es una herramienta para tener 5.000 o 10.000 seguidores ni un medio de comunicación, sino para darle respuesta a ese ciudadano que ve que mediante las instituciones no puede llegar a una comisión. Miden el esfuerzo y el rédito que pueden sacar, y el de un canal de Telegrampuede ser mayor.


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