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Tribuna abierta

Violencia sangrienta y exculturación de la religión

Obviar sus orígenes, las enseñanzas oscurantistas, los silencios ajenos... supone una cierta ceguera intelectural que hace imposible entender, y por tanto combatir, el terrorismo yihadista.

Por Javier Elzo - Sábado, 30 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:15h

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Concluía mi artículo del pasado 9 de abril, Un silencio religioso, en el que glosaba el libro de Jean Birbaum del mismo título, preguntándome por qué lo subtitulaba su autor, un hombre de izquierdas, no se olvide;“el silencio de la izquierda frente a la yihah”, subrayando así que, tras los atentados de 2015 perpetrados en Francia por yihadistas, “se han analizado todas las explicaciones, todas las causalidades posibles salvo una: la religión”. Me preguntaba si Birnbaum no estaba exagerando el papel que le concede al Islam en la explicación del terrorismo yihadista.
Voy a responder a este interrogante en dos planos diferentes. Por un lado, la legitimación que de sus actos ofrecen los islamistas-terroristas y quienes les apoyan. Por el otro, la causa o motivo del silencio del factor religioso en nuestra sociedad, particularmente de quienes se dicen de izquierdas, a la hora de explicar, junto a otros factores por supuesto, la violencia yihadista.

Una confidencia en el hall de Deusto No me resisto a trasladar aquí una reflexión que me hizo en el hall de la Universidad de Deusto, estando los dos solos, y cuando ya me despedía de él, Dalil Boubakeur, rector de la Gran Mezquita de París que había dado una magnífica conferencia en el año 2004 en el Forum Deusto: “No se olvide, profesor, que el Islam nació en la sangre, como muchas veces olvidamos nosotros los musulmanes”.
En efecto, tras la muerte de Mahoma, Ali, su primo, yerno e hijo espiritual, se opuso al fiel compañero del profeta, Abou Bakr. Este último se impuso y fue el primer sucesor de Mahoma como califa;pero sus dos sucesores fueron asesinados. Después, Ali lograría el califato antes de ser él también asesinado, así como sus dos hijos. Desde entonces vive el Islam la cruenta división entre sunitas y chiitas. Con el uso reiterado de la violencia, como nos recuerdan los propios intelectuales de confesión musulmana.
“No en mi nombre”Así afirmaba el gran islamólogo Rachid Benzine, ya en 2014, luego antes de los recientes grandes atentados en París y Bruselas, que “frente a la acumulación de comportamientos bárbaros, muchos musulmanes protestan: todo esto no es el Islam, o en las redes sociales no en mi nombre. Pero es, sin embargo, el Islam oscurantista el que se ha enseñado estos últimos decenios en la mayor parte de los centros de difusión de la doctrina, de la cultura y de la piedad. En casi ninguno de esos lugares se incita a la gente a reflexionar, a desarrollar su espíritu crítico, a hacer prueba de discernimiento. Se les inculca una historia santa, maravillosista, que se les pide creérsela literalmente, sin consideración alguna por los géneros literarios”. (En Liberation, 16/10/14).
En este marco, como señala otro gran arabista, Javier Martín, “atacar en Bruselas, París o Lahore no es un fin en sí mismo. Forma parte de una causa: la de defender la única interpretación que consideran válida del Islam frente a la pléyade que forman sus enemigos, entre los que colocan también a aquellos que ejercen su propia religión de otro modo. Según la revista Dabiq, órgano de propaganda del ISIS, el territorio bajo su control representa una sociedad “pura”, a salvo de los perniciosos vicios de occidente, y del “islam pervertido”. (El País, 03/04/16).
Un silencio increíble Tras el ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 septiembre de 2001, el gran filósofo Jacques Derrida sostenía en un libro publicado conjuntamente con Jürgen Habermas (Le Concept du 11 Septembre, Galílee, 2003, p. 168) que “hay que ayudar a lo que se denomina Islam, a lo que se denomina árabe, a liberarse de dogmatismos violentos. Hay que ayudar a los que luchan heroicamente en ese sentido desde el interior”. Queda claro que Birnbaum no exagera y que resulta imposible comprender, explicar, luego luchar con esperanza, contra la violencia islamista, sin reconocer el peso que tiene en su interior una determinada lectura de su religión. De ahí que resulte más llamativo todavía el “silencio religioso” de la izquierda europea a la hora de afrontar la yihad terrorista.
Apenas me queda ya espacio para detenerme en la actitud de gran parte de esta izquierda (no solamente la izquierda digo yo, pero sí en mayor grado) en la erradicación del factor religioso en la comprensión de los fenómenos sociales, hoy y aquí el terrorismo yihadista.
Exculturación social de la religiónAsí, como se puede leer en otro libro importante en torno a este tema, “salvo algunos filósofos y muy raros sociólogos, las ciencias sociales desde hace cincuenta años han ignorado la fuerza de lo religioso en una sociedad en Francia (en Francia, en España y no digamos en Euskadi, me permito apuntillar) en razón de la exculturación religiosa de nuestras sociedades contemporáneas;en razón también de que lo religioso ha sido declarado un vestigio residual del pasado, ignorando la vitalidad religiosa de otros continentes y de otras religiones que el cristianismo. Sin embargo, ¡la Revolución iraní tiene ya cerca de 36 años! (D. Creuzet y J-M Le Gall, Au péril des guerres des religion, PUF, 2015, pags. 17-18).
En la consolidación de este silencio, la tradición de la izquierda política e intelectual ha jugado un papel central. El proyecto de emancipación, que estructura su cultura y su imaginario, designa de entrada la emancipación respecto de la religión, entendida esta como principal agente de alienación. Sin embargo, bastantes figuras históricas del socialismo, del comunismo o del anarquismo han tenido seriamente en cuenta las creencias religiosas sin reducirlas a simples prejuicios. Karl Marx, sin ir más lejos, como nos muestra Francesc Torralba en su columna del semanario Vida Nueva, del pasado abril, titulado significativamente Y, ¿si Marx tuviera razón?
Un amigo madrileño me envía un texto de Jeremy Corbin, líder del Partido Laborista británico, del que entresaco esta afirmación: “Creo que las comunidades de fe son aliados esenciales en la lucha por una Gran Bretaña mejor”. Claro que Corbin no está en España sino en Gran Bretaña. Pedro Ontoso, periodista vizcaino, desarrolla la positiva relación de Corbin (que no es creyente, dicho sea de paso) con la religión, en una entrada de su blog.
Es cierto, sin embargo, que “en realidad, en su conjunto, esta izquierda ha perpetuado una tradición que ve en la religión una quimera sin consistencia. En esta óptica, la religión no representa otra cosa sino una ilusión individual y una fuerza reaccionaria, cuya función sería esencialmente escamotear y ocultar los auténticos retos” (Birnbaum, pags. 35-36).
Con semejante ceguera intelectual es imposible entender el terrorismo yihadista. No sé si el primer problema del planeta, como acaba de declarar Obama, pero, ciertamente, sí es uno de los más crueles y sangrientos.
 javierelzo@telefonica.net


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