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Javier Galparsoro Presidente de la comisión de ayuda al refugiado cear-euskadi

“Hay algo que está yendo muy mal cuando un día llegan seis refugiados y pasan ocho meses hasta que vuelve a venir alguien”

“Somos anfitriones de una fiesta que no llega”, admite Calparsoro, quien hoy dará la charla ‘Europa es la que está en crisis, no los refugiados’ en Zarautz (cine Modelo, 19.00 h.)

Ane Roteta Borja Guerrero - Jueves, 28 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:10h

Javier Galparsoro

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Javier Galparsoro

Zarautz- ¿Qué quiere decir con que es Europa la que está en crisis y no los refugiados?

-Se oye hablar de la crisis de los refugiados y nunca me ha gustado esa frase, porque parece que son ellos los culpables de esta situación cuando, en realidad, son las víctimas. Ellos tienen que elegir entre una maleta y un ataúd. La crisis es la que, a mi juicio, se plantea en todo un continente que se hace muchas preguntas y no tiene respuestas, ni de cómo atender ni de cómo acoger. Por eso digo que es Europa la que está en crisis. Se repiten mucho los valores de solidaridad y de paz, pero hay que ponerlo en práctica, y a mi juicio, como continente estamos muy desunidos.

¿Ese será el tema principal sobre el que hablará en la conferencia de esta tarde?

-Efectivamente. Mi idea es trazar una línea desde el 2 de septiembre, que fue cuando apareció el cadáver del niño Aylan, hasta hoy. Parece que fue aquel día cuando todo el mundo descubrió que hay personas refugiadas, cuando desde hace muchos años existen casi 60 millones de desplazados en el mundo. Por lo tanto, repasaré lo que ha pasado a nivel ciudadano, político y mediático, y también sobre por qué no se están cumpliendo los compromisos que había adquirido Europa por escrito. Nos hemos comprometido a acoger a 160.000 refugiados en un plazo de dos años, y hasta ahora apenas han llegado alrededor de 1.100 a 24 países de la Unión Europea. De esos 160.000 refugiados, 9.323 deberían de llegar a España, y a día de hoy sólo han venido 18. Va a ser imposible cumplir con ese compromiso, lo que demuestra que la actuación de Europa está siendo nefasta.

A comienzos de esta semana llegaron ocho refugiados a Hendaia, al Estado, en todo este tiempo, solo 18. Pero según anunció Jorge Fernández Díaz, ministro de Interior, próximamente se espera la llegada de unos 200 refugiados y en Gipuzkoa hay plazas preparadas ya para recibir a 44 desplazados.

-Yo soy muy escéptico con el tema porque esto se viene anunciando desde hace muchos meses, pero yo tengo muchas dudas. Tiene que ser algo sistemático, que vengan de una forma más o menos programada. No puede ser que un día lleguen seis, y que pasen ocho meses hasta que vuelva a venir alguien. Así no se puede trabajar. Hay algo que está yendo muy mal en todos los países y nadie da una explicación convincente de lo que ocurre, pero no tengo la menor duda de que está siendo un fracaso absoluto por parte de todos los países, no solo de España.

¿Tiene alguna idea aproximada de cuándo llegará el resto?

-No tenemos ninguna previsión en detalle. El gran problema es que nos dicen que sí, que la venida va a ser inminente, pero cuando pedimos concreción nadie nos sabe decir ni adónde ni cuándo. No sabemos si llegarán a Euskadi o a otras ciudades. Sin embargo, de 18 que ya están en el Estado, tener a tres en Euskadi -tres eritreos acogidos por CEAR en Bilbao- es un porcentaje razonable, pero hay comunidades que no han recibido a nadie. Todo está siendo a cuentagotas, y la venida tenía que ser mucho más pautada y sistematizada, porque la gente no está de vacaciones, sino en una situación muy crítica.

¿Con qué recursos cuenta Gipuzkoa y Euskadi para la acogida?

-No podría decir las plazas exactas que hay porque no soy el responsable, pero en CEAR tenemos unos cuantos pisos de acogida para poder recibir a mucha más gente de la que hay en este momento. Somos una especie de anfitriones de una fiesta que no llega. El problema no es ni de pisos ni de dinero, porque hay recursos suficientes y voluntad de la ciudadanía, que está muy concienciada, movilizada y motivada. El problema está en por qué los dirigentes europeos no autorizan la venida de estas personas. Yo no tengo ninguna explicación, pero somos los que tenemos que organizar la fiesta, tener la casa preparada, las luces encendidas, las neveras llenas, las cunas, las camas… Todo listo.

¿Por qué se está alargando tanto el proceso de acogida? ¿Cuáles son los problemas que impiden que el traslado se lleve a cabo?

-No lo sé, nosotros desde luego no lo sabemos. El problema está en unos dirigentes absolutamente incompetentes e incapaces en este momento de dar una respuesta a un ciudadano que es extraordinario. En 2015, solo por vía marítima, llegaron a Europa más de 1.100.000 personas. Las cifras son enormes y es un motivo de gran preocupación. Pero ellos no tienen la culpa. Si cualquiera de nosotros tuviera un francotirador encima, lógicamente escaparía con lo puesto, con la familia, en patera o en carrito, con documentación o sin ella, a la búsqueda de la tierra prometida. Eso está claro. Cualquiera de nosotros haría lo mismo, y los políticos no están cumpliendo con lo prometido. Esa es una cuestión a la que no podemos responder.

¿En qué situación se encuentran los tres eritreos que llegaron en noviembre?

-La acogida es muy diferente al resto de los refugiados. Ellos están en una situación inmejorable, en un piso de acogida, y tienen ya una condición de admitidos a trámite, es decir, tienen la documentación, están empadronados, aprendiendo un idioma… En ese sentido están muy bien y tienen un tratamiento muy especial.

¿Cuál es el proceso a seguir para tramitar las solicitudes de asilo?

-Hay diferentes plazos, trámites que hay que probar y hay que demostrar la condición del asilo. No es suficiente con pedirlo, hay que acreditarlo y esperar un tiempo largo. Desde que dices que quieres ser refugiado hasta que te lo conceden pueden pasar años. Para las personas que están en programas más o menos oficiales todo será más breve y más fácil, pero en general, ellos tienen que seguir un peregrinaje bastante complicado.

Actualmente estamos viviendo la mayor crisis humanitaria desde la II Guerra Mundial. ¿Pensó en algún momento que esta situación alcanzaría tal dimensión?

-Soy presidente de CEAR Euskadi desde 1989 y en estos 26 años no recuerdo haber visto una etapa tan convulsa, tan dramática, y con un número de refugiados tan elevado como el que tenemos ahora. Según Naciones Unidas, en este momento tenemos 59,5 millones de refugiados en el mundo, lo que significa que 1 de cada 132 habitantes del planeta, más o menos, es refugiado. ¿Y por qué? Porque hay 37 guerras o conflictos armados, violaciones de derechos humanos… Yo no me podría imaginar que el año pasado 1.100.000 personas llegaran a Europa por vía marítima. Tampoco que habría 3.771 muertos, ni que este año se hayan registrado 180.000 llegadas nuevas a pesar de todo… Son unas cifras de una magnitud muy grande, y la realidad de los refugiados es un auténtico drama.

Imagino que la situación de los refugiados tampoco será nada fácil una vez lleguen aquí.

-Para nada. Hay que ponerse en el lugar de ellos, vienen de guerras y bombardeos, llegan traumatizados y algunos de ellos heridos, no solo con heridas físicas, también psíquicas. Los niños están aterrados, oyen una bengala o fuegos artificiales y piensan que es un bombardeo. También se encuentran con muchas barreras, como el idioma, la cultura o la religión, y tenemos que ir muy poco a poco. Algunos llegan en solitario o divididos, porque algún familiar se ha muerto en la travesía. Estamos hablando de una tragedia que es absolutamente bíblica, y lo que podemos hacer los países que tenemos la responsabilidad de acogerles es relativamente poco, porque necesitan de todo: cariño, adaptarse, aprendizaje de un idioma, trabajo, integración, medicina, apoyo psicológico, escolarización, vivienda...

¿Qué pueden hacer los ciudadanos que quieran ayudar?

-Los ciudadanos ya han hecho mucho, que es sensibilizarse y tomar conciencia de que existen muchas personas refugiadas. Se han ofrecido muchas casas, juguetes, acompañamiento, tiempo y dinero, y también ha habido mucha crítica a los políticos y a Europa. Lo peor será cuando esto desaparezca de la actualidad, porque el tema se pondrá más duro. Pero ellos siguen estando ahí, siguen malviviendo en situaciones dramáticas. Agradecemos infinitamente todo lo que ha hecho la ciudadanía.

¿Cree que esta situación tiene solución a corto o a largo plazo?

-Evidentemente, el refugiado quiere volver a casa porque ha sido arrancado de su tierra y eso es muy traumático. Pero obviamente, eso no será tan fácil, porque los conflictos no terminan rápido. La solución sería que no hubiera guerras, conflictos, miserias, violación de derechos humanos, extorsión… Lo que pido a los políticos, y especialmente a los europeos, es que sean prudentes y consecuentes. Si defendemos unas leyes para proteger a unas personas que estén en situaciones límite, es para protegerlas y no para buscar excusas. Europa está demostrando que no tiene voluntad como continente, al no cumplir esas normas que nos obligan a acoger de forma incondicional e integral a cualquiera de esos 60 millones.


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