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Tribuna abierta

La batalla de los relatos

Por Iosu Perales - Jueves, 28 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:10h

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La nueva derecha ha logrado cumplir con el encargo del Ibex 35: impedir el acceso de Podemos al Gobierno. Y lo ha hecho dando el abrazo del oso a un PSOE que tampoco ha hecho nada por liberarse del mismo.

Las voceras y voceros del Partido Socialista Obrero Español (incluido el PSE) nos tratan como a gilipollas. Piensan que la ciudadanía es siempre manipulable, una masa amorfa que traga cualquier mensaje repetido una y otra vez. Se casan con la nueva derecha, por cierto muy neoliberal, invitan a Podemos, a las Confluencias y a Izquierda Unida de convidados de piedra a su fracasada boda, y pretenden hacer creer que los culpables de que Rajoy pueda seguir siendo presidente son otros.

Les diré algo: hace unos días un lector de este periódico me abordó en la calle y me preguntó: ¿Cómo es posible que no haya un acuerdo entre PSOE y Podemos para formar un gobierno de izquierda? Le contesté: ¿Y quién le ha dicho a usted que el PSOE quiere un gobierno de izquierda? Creo que en este punto reside exactamente el problema. Los socialistas de hoy, sus cuadros medios y dirigentes superiores (no hablo de militantes de base y mucho menos de su electorado) están haciendo un recorrido que los aleja progresivamente de la socialdemocracia de izquierda para convertirse en una socialdemocracia liberal. ¿Por qué? Porque dan por perdida la batalla entre poderes financieros y soberanía popular, entre democracia y elites económicas. Este PSOE interpreta que la globalización actual ha liquidado las viejas aspiraciones socialdemócratas de igualdad y justicia social y cree que su supervivencia radica en mutarse, en abrazar políticas como las que defiende Ciudadanos y en escenificar juegos de trileros.

Es por eso que cuando Ciudadanos ha repetido hasta la saciedad que el famoso documento firmado con el PSOE contiene en un 80% su programa, no es una mera anécdota, es una realidad no desmentida por Pedro Sánchez. Y de ahí que Albert Rivera asegure que es un documento perfectamente asumible por el Partido Popular. Ha resultado cómico que mientras el PSOE pedía a Podemos su adhesión al pacto con Ciudadanos, éste último partido hacía lo propio con el PP. ¿La política se ha vuelto loca? ¿O algunos políticos practican el disparate, el absurdo? Un desatino fue, también, la escenificación de la firma del famoso documento: pareciera ser la firma de un armisticio, o algo parecido. Tal vez lo era.

El relato del PSOE sobre lo ocurrido podrá creérselo ese electorado que le es fiel haga lo que haga, pero no el electorado que piensa y que tiene criterio. Y es que la respuesta a su narrativa es muy clara: ¿Por qué no eligió pactar primero con la izquierda para después ofrecer a la nueva derecha su adhesión o su abstención? Hubiera sido lo lógico de haber habido el deseo de formar un gobierno de izquierda. Pero el famoso comité federal de diciembre ordenó a Sánchez lo que debía hacer: con Podemos nada. Es tan evidente como dos y dos son cuatro. Todo ese cuento de hacer un recorrido transversal queda muy bonito, pero es una coartada para auto bloquearse en el pacto con Ciudadanos. ¿Y si el camino elegido, de 130 votos, no le llevaba al gobierno qué sentido podía tener? Muy fácil: sobrevivir electoralmente basando la inevitable nueva campaña electoral en que ellos si han querido quitar a Rajoy. No hay que olvidar que tras el 20-D el PSOE y Ciudadanos se necesitaban mutuamente y miraban a unas segundas elecciones con mucho temor. Por eso acordaron una comedia que tiene como objetivos salir lo mejor parados el 26 de junio y culpar a Podemos de su fracaso.

Por cierto que quien ha perdido es el PSOE y quien ha ganado algo es Ciudadanos en términos de responsabilidad ante la opinión pública. Los socialistas han fracaso en su engaño, por dos veces en la cámara de diputados;y la nueva derecha ha logrado cumplir con el encargo del Ibex 35: impedir el acceso de Podemos al gobierno. Y lo ha hecho dando el abrazo del oso a un PSOE que tampoco ha hecho nada por liberarse del mismo, pues ni en sus dirigentes elegidos, ni en sus barones, ni en sus lobbys internos, ha habido la mínima voluntad de conformar un gobierno de izquierda, estando como están en el camino hacia un social liberalismo que combina una economía de derechas con políticas sociales orientadas a mantener caladeros de votos entre los trabajadores, el mundo rural y las clases medias.

En el otro lado, creo que el relato de Podemos es mucho más consistente. Es cierto que no me han parecido afortunadas algunas intervenciones de Pablo Iglesias, unas por ruidosas, otras por precipitadas, otras por ser a mi juicio tácticamente erróneas. Pero en el balance general creo que la posición de Podemos ha sido coherente, clara, en permanente disposición al diálogo. Lo prueban los datos de su reciente encuesta que ha logrado un cierre de filas total entre militantes y dirección del partido.

La posición de Podemos, por coherente, ha sido objeto de una campaña de acoso brutal. Pocas veces, durante los últimos cuarenta años en el estado español, se había vivido una cruzada tan ofensiva, sistemática y organizada. En el acoso hay que incluir encuestas fabricadas con objetivos preconcebidos que han tratado de debilitar el cuerpo electoral de Podemos y al propio partido. Sólo por resistir semejante campaña ya hay que felicitar a Podemos. Precisamente soy de los que piensan que el mayor daño se lo puede hacer Podemos a sí mismo si no gestiona bien su complicada pluralidad y su programa político a caballo entre el pragmatismo y un listado de principios como por ejemplo el derecho a decidir.

He de decir que por debajo de lo que se ve Ciudadanos tiene la misión de hacer la guerra a Podemos, de impedir su ascenso. En su relato, Albert Rivera que trabaja por encargo, culpa asimismo a Podemos, cuando es él quien encabeza el ‘no’ a toda posibilidad de contar con Pablo Iglesias. Algo que cortocircuita y ridiculiza los falsos llamamientos de Pedro Sánchez a Podemos, pues ya ha dicho por activa y por pasiva que su pacto con Ciudadanos no lo romperá. Conclusión: asistimos a la escenificación de un galimatías, de una gran mentira protagonizada por los firmantes del pacto de los 130 votos.

El relato de Podemos no guarda secretos. Es transparente: o gobierno de izquierda o elecciones. Otra cosa sería traicionar y traicionarse, lo que sería el principio del fin.

El PSOE da por perdida la batalla entre poderes financieros y soberanía popular, entre democracia y elites económicas


Era cómico que mientras el PSOE pedía a Podemos su adhesión al pacto con Ciudadanos, este último partido hacía lo propio con el PP


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