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La guerra siria de Irán

Por Valentí Popescu - Lunes, 25 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:11h

los últimos éxitos de la contraofensiva gubernamental en Siria se deben evidentemente en gran medida al apoyo militar ruso -en especial, el de su aviación-, pero este no es ni mucho menos la única baza de Asad. Otros dos factores más han sido decisivos en las reconquistas gubernamentales: Irán y las luchas internas de los amotinados sirios.

Las rencillas personales, las desconfianzas mutuas y una incapacidad patológica de cooperar militar y políticamente contra Asad ha sido, desde el primer día, el talón de Aquiles de la sublevación. Incluso ahora, cuando las conversaciones de paz saben una oportunidad para arrinconar a Asad, los diferentes grupos rebeldes se ponen recíprocamente muchas más trabas que objeciones a la continuidad del régimen.

Desde un punto de vista estrictamente militar y económico, el aliado más antiguo e importante de Damasco ha sido Irán. Y, paradójicamente, las actuales rivalidades internas iraníes han beneficiado últimamente aún más a Asad. Y es que desde que los ayatolás iniciaron la aproximación a Occidente -forzados mayormente por las penurias económicas que causaron las sanciones occidentales-, en Teherán se desencadenó una competencia feroz entre los Guardianes de la Revolución y el Ejército regular (Artesh) por ver quien alcanzaba el mayor protagonismo político detrás de la clerecía.

En los primeros tiempos de la revolución teocrática, la primacía de los Guardianes fue indiscutible pese no representar con sus 125.000 hombres más que un tercio de las tropas regulares. Pero sus abusos, sus corrupciones, no pocas ambiciones políticas personales desmedidas, amén de una larga serie de incompetencias personales de sus líderes, han ido minando su protagonismo en el país.

Tal decadencia coincidió con la irrupción militar del Estado Islámico (E.I.) en Irak y Siria, un hecho que obligó a Teherán a crear un cuerpo expedicionario -el Qud- que combatiese a los extremistas sunitas ante las mismas fronteras iraníes. Y durante bastante tiempo - hasta que los EE.UU. comenzaron a armar a los guerrilleros kurdos iraquíes (los Peshmerga) - los hombres del Qud fueron los únicos capaces de derrotar repetidas veces a las tropas del E.I..

Oficialmente, Teherán no ha reconocido -ni desmentido tampoco- la presencia del Artesh en suelo sirio, pero los servicios de espionaje occidentales dan cuenta de que en los últimos tres meses ha muerto en Siria en combate medio centenar de hombres del Ejército regular iraní al mismo tiempo que se observa una rotación trimestral sistemática de sus fuerzas destinadas allá. También han observado los occidentales los esfuerzos iraníes de disimular su implicación militar, ya que la mentada rotación se hace intercalando sistemáticamente periodos de ausencia… por si alguien sacaba la conclusión equivocada de que Irán reducía su intervención en Siria.


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