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Cuando tembló el techo del mundo

Un año después del terremoto en Nepal, la crisis política y la escasez han retrasado una reconstrucción alejada de los planes contra la pobreza. Los supervivientes afrontarán la época del Monzón en refugios temporales.

Un reportaje de Susana M. Oxinalde - Lunes, 25 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Nepal portada

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Nepal portada

Nepal, año 1. Un país acostumbrado a los desastres naturales sufrió el 25 de abril de 2015 unos de los terremotos más devastadores de su historia después del que asoló el país en 1934 y del más destructor, en la región del Himalaya, hace una década. Tras las siguientes réplicas, la más mortífera el 12 de mayo, en torno a 9.000 personas murieron y más de 22.000 resultaron heridas. Las sacudidas dejaron además casi un millón de edificios dañados o destruidos y un desafío descomunal basado, no solamente en la reconstrucción de las estructuras sino en la puesta en marcha de planes de subsistencia.

A Virginia Pérez, responsable de protección a la infancia de Unicef Nepal, los seísmos le sorprendieron sobre el terreno un sábado a mediodía viendo la televisión con su familia. “Las primeras semanas fueron muy intensas, perdí la noción del tiempo durante el primer mes porque habían un flujo continuo de información, había que plantear la organización del equipo y poner en marcha los operativos de primera respuesta viviendo con las réplicas”, señala en comunicación con este periódico desde la capital, Katmandú. “Ahora, un año después, estamos casi en peor situación de como estábamos el día después del seísmo, la ayuda más esencial de primera urgencia llegó pero la reconstrucción y la vuelta a la vida normal está paralizada”.

Y es que un año después del devastador seísmo de 7,8 grados en la escala Richter muy pocas de las casas han sido reconstruidas y las familias siguen viviendo en refugios temporales, según la valoración de Intermón Oxfam que alerta de falta de avances en la reconstrucción. De los 4,4 millones de dólares prometidos en la Conferencia Internacional sobre la construcción de Nepal del pasado mes de junio, 900 millones están comprometidos en planes del Gobierno nepalí y la ayuda apenas llega a los supervivientes, en especial, el apoyo financiero de 200.000 rupias por hogar, tampoco los préstamos a bajo interés ni la aprobación oficial de planes de diseños y materiales para la restablecimiento estructuras y viviendas.

CRISIS POLÍTICA Los nepalíes han sufrido en este tiempo la conmoción del olvido y el bloqueo de la ayuda por la crisis política que está sirviendo de excusa para el retraso y el lento progreso de los trabajos de la constituida Autoridad de Reconstrucción Nacional y que, simbólicamente, echó a andar el pasado enero con la colocación de la primera piedra en las obras de reconstrucción del histórico de Rani Pojari situado en el corazón de Katmandú.

“Con menos recursos hubo que dar respuestas a uno de los más grandes problemas para abordar un problema que estaba afectando a todo el país, como la industria, el empleo y la economía”, indica Pérez. La situación política entorpeció el día a día de los supervivientes con la escasez de combustible y el consiguiente incremento de los precios de los productos básicos en Katmandú, después de que Nepal adoptara su primera constitución política en octubre desatando las protestas sociales en algunas provincias como la fronteriza Madhes y que afectaron notablemente a las rutas comerciales. Por esta razón, añade la cooperante de Unicef, “ha habido procesos que se han paralizado cuando estábamos concentrados en dar respuesta a las zonas afectadas”.

Con todo, pese a los desastres de la naturaleza, el retraso en los planes oficiales o el desabastecimiento, los nepalíes de los distritos afectados comenzaron a reconstruir sus casas con materiales poco resistentes a los seísmos, un desarrollo preocupante, señala Oxfam, en una región que registra grandes terremotos cada 70 años. Unicef construyó aulas temporales, vacunó a cientos de miles de niños e identificó a los que se encontraban en riesgo de malnutrición, facilitando agua potable y servicios de saneamiento, pero “sigue habiendo un elevado riesgo de otros terremotos en el oeste del país, hay que tenerlo presente y ha de traducirse en una planificación de riesgos más presente si cabe que antes del desastre”, afirma Pérez.

TRATA El mayor éxito en la protección de la infancia ha sido, no obstante, prevenir el tráfico de personas. En un año, Unicef ha realizado 1.800 intercepciones de mujeres antes de cruzar la frontera, la mayoría de ellas explotadas sexualmente en burdeles de Bombay o Nueva Delhi y ha ayudado, tanto a las mujeres como a sus familias, a retornar;40.000 niños y niñas han sido identificados en riesgo de explotación y de tráfico en un campo abonado tras los terremotos para las redes de trata. Sin embargo, el riesgo sigue siendo alto, como señala Virginia Pérez, porque “es muy difícil saber con certeza si el tráfico ha disminuido o ha aumentado. Antes del terremoto la información era escasa. Los seísmos, junto a la crisis económica, aumentaron la vulnerabilidad y un año después seguimos identificando niños cuyas familias se plantean confiarlos a los traficantes por la presión de la pobreza”. Según Oxfam, han sido precisamente las mujeres nepalíes quienes están en el centro de los esfuerzos de recuperación, ya que la fuerte migración laboral a los estados del Golfo o Malasia ha vaciado de hombres pueblos enteros dejando un 25% de los hogares encabezados por mujeres, según el censo de 2011.

A la falta de avances en la reconstrucción material se une la ausencia de planes de desarrollo que podría perpetuar la pobreza en el país. La recuperación de las zonas asoladas por el terremoto exige también, según Oxfam, una reconstrucción inclusiva, una oportunidad de poner solución a los problemas de la tierra que reproducen la desigualdad en la sociedad de Nepal abordando los derechos a la tierra y su tenencia y uso, otro difícil desafío ya que las familias que perdieron sus hogares son obligadas a dar fe de sus certificados de tierra para recibir la asistencia financiera y gran parte de la documentación ha desaparecido tras los seísmos.

A la actual situación de parálisis se une otra amenaza, la llegada de las lluvias de la época del Monzón, un triple riesgo, como señala la cooperante de Unicef, “en las zonas afectadas por el terremoto, sitios donde la gente no vive en una estructura permanente, el riesgo de los corrimientos de tierra que volverán a ser un peligro este año y la zona sur con riesgos de inundaciones. No solo son las zonas afectadas por el terremoto, el resto del país está en alerta”.

CIFRAS

9.000

El fuerte seísmo de 7,8 grados de magnitud y su réplicas dejaron casi 9.000 muertos y 22.000 heridos en un país de alto riesgo sísmico que alberga a 26 millones de habitantes. Los terremotos afectaron a 39 de los 75 distritos del país.

Pérdidas. Según el Gobierno nepalí, las pérdidas económicas por el desastre se estimaron en 7.000 millones de dólares, un 36% del PIB.

Reconstrucción. 750.000 familias, según Oxfam, siguen esperando la asistencia y ni una de ellas ha recibido las 200.000 rupias comprometidas por el Gobierno.

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