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punto de mérito

Confirmado: cuando quiere, puede

 La Real volvió a reaccionar bien ante un rival europeo como el Villarreal, al que anuló y pudo vencer en su estadio

mikel recalde - Lunes, 25 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:10h

El realista David Zurutuza y el local Mario, en un lance del encuentro disputado ayer en El Madrigal.

El realista David Zurutuza y el local Mario, en un lance de un encuentro disputado en El Madrigal. (Foto: Efe)

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El realista David Zurutuza y el local Mario, en un lance del encuentro disputado ayer en El Madrigal.

A pesar de haberse convertido en el equipo más imprevisible de la temporada, con una falta de fiabilidad y de regularidad sangrantes, poco a poco y ya en el ocaso del campeonato, los aficionados txuri-urdin estamos de enhorabuena porque le estamos cogiendo el truquillo a la Real. Si el jueves no había ningún espectador en Anoeta que se sorprendiera por la remontada de un Getafe tan menor como limitado, ayer, en la guarida del cuarto clasificado y semifinalista de la Europa Laegue, seguro que todos esperábamos una solvente respuesta de los guipuzcoanos. Su notable partido se cerró con un empate sin goles que, de haberse producido en otras alturas de la competición, habríamos valorado como muy meritorio.

La Real anuló a uno de los rivales más ofensivos y que mejor fútbol practica de la Liga y además atacó bastante, dominó la posesión de balón, controló el choque y generó más ocasiones para llevarse los tres puntos. Nada nuevo. En definitiva, solo fue la enésima confirmación de que cuando quieren, pueden. Son ellos mismos, los propios futbolistas, los que se ponen en evidencia al dar un giro de 180 grados en cuatro días en cuestiones tan vitales como son la concentración, la competitividad o la actitud. Sí, actitud, esa palabra que tan poco les gusta a los futbolistas que se les ponga en solfa. Desgraciadamente, las evidencias están ahí y se han repetido a lo largo de las últimas dos temporadas;la Real no juega igual contra el colista que en los escenarios atractivos y de parangón como son los que se les presenta cuando se enfrentan a contrincantes europeos. Y eso es de las peores cosas que se pueden decir de un equipo y la mejor explicación que hay para justificar el éxodo de tantos socios de Anoeta en los últimos meses. No hay nada más indignante y desesperante para una parroquia que ha disfrutado con plantillas peores partirse el pecho por un escudo y por una camiseta que sufrir al equipo más caro de la historia del club comprobando que, al parecer, no le motiva lo suficiente el simple hecho de enfundarse la mítica txuri-urdin.

Aunque sus declaraciones no suelen ser lecciones de nada, Marcelino expresó un interesante análisis a la hora de referirse a la Real en la previa. “En realidad debería estar luchando con nosotros, porque cuenta con potencial para ello, pero le ha faltado regularidad”. Viendo ayer lo bien que compitió y la forma con la que anuló a su equipo, no nos cabe duda de que su verdad estaba mucho más arriba en la tabla. Pero, claro, luego nos acordamos de lo sucedido el jueves en Anoeta y nos damos cuenta de que así no se puede aspirar a ninguna meta ilusionante. Es lo que tiene estar subido en una montaña rusa constante.

Eusebio sorprendió con una alineación innovadora en la que introdujo cuatro cambios respecto al equipo que hizo el ridículo ante el Getafe, además de modificar las posiciones de Aritz, Reyes, Markel, Zurutuza y Vela. Sorprendió el rol que le asignó a Reyes, un híbrido entre libre y mediocentro, con el que intentó generar superioridad en la salida del balón ante la presión de los dos delanteros locales, para luego, en defensa, situarse de escoba en la medular en una especie de 4-1-4-1. A decir verdad, el experimento ya lo había probado en el Calderón con un resultado garrafal, ya que solo duró 45 minutos en el que, además, el jugador cedido por el Oporto tuvo la mala suerte de marcar en su propia portería. Pero lo más impactante fue que Markel actuó casi de mediapunta para intentar incomodar el origen del juego castellonense. Y lo hizo bien. A nadie le puede extrañar a estas alturas que Eusebio se aleje sin ningún problema de la propuesta futbolística que exportó en su formación en la Masía.

El primer tiempo fue uno de los más sosos y aburridos que se recuerdan entre dos rivales que no dejaron de tantearse. El Villarreal demostró desde el inicio que, tal y como manifestó Marcelino, respetaba y mucho a los guipuzcoanos, al esperarles bien situados en su campo a la espera de que cometieran un fallo para salir en dos o tres toques a la contra. El equipo txuri-urdin tenía el control de la pelota y no le entraba la prisa a la hora de jugarla con posesiones largas pero sin excesiva profundidad.

En realidad, los donostiarras siempre parecieron mucho más cómodos que los locales en el guión con el que se desarrollaba el duelo. Las ocasiones de peligro llegaban con cuentagotas, pero las primeras vistieron de blanquiazul. Aritz Elustondo dejó escapar un cabezazo en un saque de esquina botado por Vela y Mikel Oyarzabal se patinó cuando se encontraba en una buena posición para probar su gran disparo con la zurda que seguimos esperando.

Los mejores minutos de los amarillos llegaron de la mano de un Bakambu que acreditó los motivos por los que se ha convertido en una de las sensaciones de la temporada. Rápido, agresivo y vertical, el congoleño provocó problemas a una zaga realista que respondió bien. En solo siete minutos generó tres opciones nítidas para marcar. Primero asistió a Soldado, cuyo disparo adivinó Rulli;después provocó una falta evitable de Iñigo que Bruno estrelló en el larguero;y, por último, el de Ondarroa se rehizo con un felino cruce para impedir su chut ya dentro del área. En los últimos minutos la Real volvió a controlar la situación y Zurutuza dispuso de una buena ocasión en su mejor jugada, pero su recorte se le quedó muy encima tras rozarlo con la espalda Bailly y Asenjo le achicó todo el espacio.


confianza En la reanudación una Real más asentada y con confianza en sus posibilidades se vino arriba y estuvo mucho más cerca del triunfo. A los pocos segundos, Zurutuza combinó con Vela y Markel, y el disparo con la zurda de este último se estrelló en el lateral de la meta levantina. Oyarzabal no pudo concretar su testarazo a centro de Vela y, casi a continuación, el maya malgastó la gran oportunidad para llevarse los tres puntos en otra decisión lamentable al insistir con otra frívola vaselina, como en Eibar, en lugar de disparar cruzado para aprovechar la evidente mala colocación de Asenjo. El capitán ayer vio una amarilla exagerada que le va a impedir jugar contra el Madrid, aunque se supone que el club recurrirá.

En la otra portería, con las dos barreras de granito que formaban Markel, Illarra y Reyes, y después los cuatro zagueros, los castellonenses solo pudieron anotar en una excelente cabalgada de Bakambu, quién si no, que detuvo con la rodilla un atento Rulli. Una pena que Eusebio no se mostrara más valiente con los cambios, puesto que el choque estaba para intentar ganarlo.

Tampoco podemos olvidar que las últimas comparecencias realistas en El Madrigal se han contado con palizas importantes, por lo que el punto es un buen resultado. La Real fue superior al Villarreal y se aproximó más a la victoria cuando Marcelino había calificado su visita como “el partido más importante del año”. En noches así, en las que la alegría no es máxima porque el botín fue de un punto, es cuando más frustrado te hace sentir esta Real, que ha desperdiciado un año entero. Ahora que se prepare el Madrid, porque contra ellos seguro que también van a querer.


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