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Una ciudad de lodo, piedra y madera

Antes de que existieran el hormigón y los estudios geotécnicos la piedra y la madera eran las herramientas de los maestros de obra que hace 200 años reconstruyeron sobre el lodo la ciudad que hoy sigue en pie.

Un reportaje de Arantzazu Zabaleta. Fotografía Ruben Plaza - Domingo, 24 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Una de las casas de la Parte Vieja en la que se observan las vigas de madera que la estructuran.

Una de las casas de la Parte Vieja en la que se observan las vigas de madera que la estructuran.

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Una de las casas de la Parte Vieja en la que se observan las vigas de madera que la estructuran.

No tenían los medios que hay ahora, pero sabían lo que hacían. El maestro de obra excavaba y decidía dónde el lodo era suficientemente firme para empezar a trabajar o, si hacía falta, se reforzaba. Sin llegar a tocar la roca que se esconde bastante más abajo, construían una cimentación superficial, con muros perimetrales de carga y pilares de piedra sobre los que levantaban después estructuras de madera. Era la primera mitad del siglo XIX y así renació y se reconstruyó la ciudad tras el incendio de 1813. Así se construyeron también los cientos de viviendas que dieron forma a una nueva Donostia tras derribar sus murallas y hasta 1920, cuando la madera y la piedra se empezaron a sustituir por el hormigón.

En Donostia hay en pie algo más de 10.000 edificios y, según el último censo de viviendas, algo más de 1.600 son anteriores a 1920, por lo que la mayoría de los inmuebles son de madera. Son los que conforman la Parte Vieja, pero también gran parte del Centro, de Gros y El Antiguo.

Hace solo algunas semanas los vecinos de la calle Fermín Calbetón de la Parte Vieja denunciaron que, como consecuencia de las obras para bajar el suelo del sótano del bar ubicado en la planta baja, en las viviendas colindantes han aparecido grietas y puertas y marcos desencajados.

A principios del siglo XIX no había medios para excavar tanto como para encontrar roca firme, por lo que en las construcciones de la Parte Vieja no hay garajes ni locales subterráneos: solo un semisótano y, sobre él, las plantas sobre rasante. La cimentación superficial llega solo un poco más abajo de esos semisótanos, donde se construyeron los pilares de piedra que sostienen la estructura. Al excavar en esos cimientos con nuevas técnicas, solo el hecho de rebajar la cota, casi inevitablemente, implica que se mueva el lodo que hay bajo las casas colindantes y su estructura, de ahí que puedan aparecer grietas.

De todas formas, el arquitecto Rafael Niño, secretario del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco-Navarro en Gipuzkoa y que trabaja en rehabilitación de edificios, defiende que aunque se muevan ligeramente, las estructuras de madera son muy seguras y las de la Parte Vieja, de hace casi 200 años, pueden durar otros 200 sin problemas. Añade que no han surgido hasta ahora problemas de asentamiento. “Sabían hacer bien las cosas”, apunta.

Más que los cimientos, son las estructuras de madera las que pueden provocar algún problema en la actualidad en casas más grandes que las de la Parte Vieja como las del Centro, aunque no por el material, sino porque hoy en día tienen que soportar mucho más peso que el previsto cuando se crearon.

Niño pone el ejemplo de la cocina y el baño, donde hace 150 o 200 años apenas había un fuego y una mesa y ahora hay muchos más electrodomésticos y hasta bañeras de hidromasaje que pueden pesar muchos kilos. Además, entonces no se aislaba el suelo y el agua y la humedad, a la larga, también dañan la madera. Por eso, en las actuaciones de rehabilitación los techos y suelos de cocinas y baños son una de las primeras cosas que se revisan, según explica Niño.

Los principales problemas son descansillos y escaleras hundidos y desnivelados, bastante comunes en edificios del Centro. “La madera se va deformando y ajustando”, explica Niño, que alega que las estructuras se van acomodando a los cambios y que cuando algo va mal, dan avisos visibles, como las grietas, lo que permite actuar y reforzarlas. Es lo que se está haciendo en muchas casas de la Parte Vieja que se rehabilitan, donde se tiende a reforzar la madera con placas metálicas. El arquitecto explica que esta opción es mejor que cambiar piezas de la vieja estructura.

Las cosas han cambiado mucho en 200 años y lo que antes hacía el maestro de obra, basándose en métodos empíricos y comparativos, ahora lo hacen estudios geotécnicos que analizan qué hay bajo la superficie y aconsejan qué sistema es el más adecuado para construir. Niño participó hace algunos años en la rehabilitación de la escuela de Zuloaga en la Parte Vieja, donde al empezar a trabajar se encontraron con que la cimentación superficial que existía no podría aguantar una nueva estructura interna del inmueble. Por eso, se apostó por mantener la fachada flotando sobre la base existente y se construyeron pilares de hormigón para soportar la nueva estructura interna, que tuvieron que sumergirse hasta 17 metros para encontrar roca firme en la que anclarse.

placaSin sumergirse tantos metros, otra opción, que se trabajó en Amara, fue crear una tabla de hormigón apoyada sobre las marismas para levantar sobre ella los edificios. En ciudades rodeadas de agua como Holanda o Venecia también se han trabajado otras técnicas, aunque antes del hormigón casi siempre pasaban por reforzar el terreno y anclar palos de madera sobre los que construir.

Antiguamente en la Parte Vieja también se hacía así, aunque el nivel freático es muy alto y eso originaba problemas en las vigas de madera que formaban los cimientos de los edificios anteriores a 1813, ya que la humedad las deterioraba. Por eso, tras el incendio apostaron por la piedra para sostener los edificios.

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