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Itziar Navarro y Javier Retegui Profesora de la universidad de deusto y exrector de mondragon unibertsitatea

“Los años de bonanza han facilitado olvidar que la cooperación es una seña de identidad de nuestro pueblo”

Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa nace del impulso de varias instituciones y personalidades para difundir la figura y obra del padre del cooperativismo vasco

Mikel Mujika I. Azurmendi/G. Estrada - Sábado, 23 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:12h

Itziar Navarro

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Itziar Navarro

“Desde planteamientos religiosos se puede colaborar con la sociedad en su afán de progreso” “Ni la sociedad de antes era tan creyente como aparentaba ni esta es tan agnóstica como parece” “Es preciso trabajar por la participación de la persona y por un sistema económico más humano” “El caso Fagor será muy difícil de olvidar pero el mundo cooperativo sabrá sacar conclusiones de sus errores”

donostia -¿Qué puede ofrecer su Fundación a un ciudadano de a pie que no sepa de qué le están hablando?

-Podemos ofrecerle la participación en la búsqueda de un sistema económico que concilie la eficacia económica con la justicia social. En estos momentos de incertidumbre y cambio social donde la economía es clave de futuro, es preciso trabajar por la participación de la persona y por un sistema económico que responda a las necesidades de la sociedad, en su conjunto.

Tienen ustedes un objetivo ambicioso, como es romper con el poder del dinero y anteponer el humanismo en las empresas, la política y la sociedad. ¿Es posible esto?

-Es difícil pero necesario. Se trata de reconocer el valor de la persona, especialmente en los actuales tiempos que han conseguido la socialización de la educación. Irrumpe en el modelo económico la persona formada que reclama participación. Es preciso que los rígidos planteamientos sustentados en el absolutismo del capital, moderado algo por la fiscalidad, tengan en cuenta esta circunstancia y den paso al humanismo sustentado en la cooperación como un elemento nuevo a tener en cuenta. Aunque es muy difícil influir en el sistema global, es posible generar una economía competitiva y territorialmente arraigada que se pueda implantar en nuestro entorno. No somos los primeros ni es algo no experimentado. Hay regiones que lo están practicando con éxito.

Humanismo y cooperación son los valores principales que promulga Arizmendiarrieta Kristau Fundazioa. ¿Se han debilitado estos valores en la sociedad vasca?

-Numerosos estudios coinciden en afirmar que se ha reforzado el individualismo tanto en la sociedad vasca como en las sociedades occidentales. Quizás los años de bonanza económica, un tanto artificial, han facilitado olvidar que la cooperación ha sido una de nuestras señas de identidad como pueblo y, sin duda, la razón más importante para explicar el éxito de la experiencia cooperativa. Sin embargo, vemos que estamos adentrándonos en otro periodo en el que empiezan a vislumbrarse actitudes más humanistas y en las que la persona adquiere protagonismo. Están aflorando niveles de solidaridad y generosidad con los más necesitados notablemente mayores que en el pasado.

Hablan de impulsar la transformación socioeconómica de la sociedad inspirada en el Evangelio. Explíquenme esto.

-Estamos trabajando un concepto de economía de cooperación, que tiene su incidencia en un triple plano: cooperación en el seno de la empresa, entre empresas de una misma comunidad y cooperación público-privada. Se trata de articular la sociedad que pasa de entidades aisladas y fuerzas separadas en el seno de cada entidad, a otra regida por la cooperación y el esfuerzo compartido.

¿Algún ejemplo?

-El Palau San Jordi de Barcelona, por ejemplo, tiene una magnífica estructura que la cubre que no se sustenta en pilares intermedios. La conjunción de nudos y barras de conexión, individualmente débiles, adquiere una extraordinaria fortaleza conjunta. Pensar en una sociedad con instituciones aisladas y débiles o en otra articulada y coherente cambia radicalmente. La cooperación es el entramado de articulación. Y los valores ético-religiosos fomentan los conceptos comunitarios y el destino compartido por encima de los intereses privativos. Desde los planteamientos religiosos se puede colaborar con la sociedad en su afán de progreso solidario.

Hablan ustedes de evangelización social, términos que suenan lejanos en el tiempo para algunas personas. ¿Es efectivo este discurso en una sociedad cada vez más laica y menos creyente?

-Está bien que la sociedad sea laica. Creemos en el personalismo, en su libertad y responsabilidad, lo que no obsta para que en el fondo de las personas alienten sentimientos trascendentes que busquen conceptos humanistas. El bien común, que alienta nuestros sentimientos, no puede quedarse en el plano de las ideas sin repercutir en modelos coherentes de vida. Ni la sociedad era tan creyente como aparentaba en el pasado ni ahora es tan agnóstica como podemos pensar por sus manifestaciones.

¿Entonces la religión vale para todos?

-La doctrina social de la Iglesia se dirige a los creyentes, pero es una aportación válida al esfuerzo general de la sociedad, creyente o no, en la búsqueda de su destino. Con humildad, en minoría, sin miedos ni temores, nos aprestamos a poner nuestro grano de arena en la búsqueda de un futuro mejor para todos. Entendemos que nuestra aportación será positiva para todas las personas que vivan en nuestra sociedad, con independencia de que sean creyentes o no creyentes. De hecho, en una sociedad plural como la nuestra, la centralidad de la persona, la cooperación, la solidaridad… son asumibles desde muchos planteamientos ideológicos, son compartidos por muchas personas de buena voluntad.

La luz que guía esta labor es el padre Arizmendiarrieta. Sin embargo, muchas personas, sobre todo jóvenes, no saben quién es. ¿Cuánto tiempo costará que su figura sea un referente más allá del mundo cooperativo?

-Soy optimista. Aunque esta será una tarea para generaciones estamos conociendo aportaciones actuales de interés que nacen de las experiencias generadas en su tiempo y que son de rabiosa actualidad. No se trata de volver miméticamente a reproducir sus fórmulas, sino en generar nuevos planteamientos a partir de su magisterio. Es preciso actualizar los principios humanistas y comunitarios y adecuarlos a las circunstancias que vive la sociedad actual. Lo importante para nosotros es empezar a hacerlo.

¿Y cómo se hace?

-Desde la vertiente del conocimiento y la divulgación merece destacar a corto plazo la realización de dos documentales sobre Arizmendiarrieta dirigidos por un director portugalujo, Gaizka Urresti. Uno dirigido a un público generalista y el otro tendrá un enfoque más religioso dirigido a un público católico internacional.

¿Cómo está de salud el movimiento cooperativo que impulsó don José María Arizmendiarrieta?

-El movimiento cooperativo está superando las dificultades de los últimos años. En ese proceso, se constata, una vez más, que la cooperación entre empresas es una importante fortaleza, complementaria de la tradicional preocupación por las personas que ha caracterizado el movimiento cooperativo desde sus inicios. El hecho de que ya en el año 2015 se haya producido un crecimiento neto del empleo en el grupo es un nuevo signo de la vitalidad empresarial del mismo.

Sin embargo, el caso Fagor supuso un duro golpe. ¿Se ha superado del todo?

-El caso Fagor será muy difícil de olvidar, aunque sus consecuencias negativas para sus socios trabajadores se han resuelto de forma razonable: acaba de culminar con éxito el compromiso de buscar una solución a los casi 2.000 socios de Fagor Electrodomésticos afectados por la crisis de la cooperativa. Por otra parte, y aunque todavía quedan algunas reflexiones pendientes sobre el mismo, no son pocas las enseñanzas que se han podido extraer del fracaso del buque insignia del cooperativismo. El grupo cooperativo sabrá sacar conclusiones de sus errores y, desde luego, supondrá su adecuación para enfrentarse a situaciones similares.

¿Están ligados el éxito y la expansión internacional del cooperativismo y la canonización del padre Arizmendiarrieta?

-La expansión internacional de la Corporación y el proceso de canonización de Arizmendiarrieta son cuestiones totalmente independientes. Es posible y deseable, en cualquier caso que la notoriedad y el prestigio de Arizmendiarrieta derivados de su designación como Venerable pueda animar a otras comunidades repartidas por el mundo a intentar experimentar fórmulas cooperativas para resolver sus problemas. Como Fundación estaremos abiertos para colaborar, en la medida de nuestras posibilidades, con las iniciativas de grupos católicos y no católicos que se inspiren en la obra de Arizmendiarrieta.

¿Qué se puede esperar del proceso de canonización?

A corto plazo, se trata de poner en valor el nombramiento de Venerable (se produjo el pasado diciembre). El proceso de canonización seguirá su ritmo pero nos preocupa más aprender de su magisterio y actualizar su mensaje para afrontar el futuro. Entre reconocer su ejemplo, como reconocimiento de su figura o aprender de su legado, priorizamos el segundo aspecto. Por otro lado, la aparición de una circunstancia extraordinaria por su mediación nos llevaría a gestionar la designación de Beato. Pero al no ser algo que está en nuestra mano iniciar, preferimos centrarnos en aquello en lo que podamos ser útiles a las personas, a la institución eclesial y a la sociedad implementando dicho magisterio en realizaciones concretas.

¿Cuál es la influencia del Padre Arizmendiarrieta en la sociedad actual?

-La influencia social de Arizmendiarrieta estriba en dar protagonismo a la persona confiando en su libertad y capacidad de organización. Transformar las escalas de valores de las personas matizando los originarios sentimientos individualistas e insolidarios por otros de colaboración con los demás y destinos compartidos. A partir de estas premisas es dar sistemas de organización en cooperación para articular una sociedad desde sus bases sin paternalismos ni despotismos ilustrados. En estos momentos de cambio social la participación es una verdadera revolución que puede alterar el sistema imperante.

Hablan de incorporar a nuevos agentes a la fundación... ¿A quién echan en falta?

-Nos gustaría que, de la misma manera que contamos entre nuestros fundadores con universidades y personas representativas de las distintas ideologías políticas presentes en el Parlamento Vasco, pudiéramos contar con personas representativas de los distintos agentes económicos y sociales actuantes en nuestra sociedad. Pero trabajaremos para poder ir incorporándolas de forma progresiva.


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