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FIASCO

La Real les queda grande

FIASCO LA | Real hace el ridículo más grande de la temporada al perder y ver cómo le remontaba un Getafe que llegaba casi condenado

mikel recalde - Viernes, 22 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:11h

Elustondo, Zurutuza, Reyes y Oyarzabal se retiran de los vestuarios al término del partido de ayer en Anoeta.

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Elustondo, Zurutuza, Reyes y Oyarzabal se retiran de los vestuarios al término del partido de ayer en Anoeta.

“Representar a este club debe ser ya una gran motivación, hay que competir cada día con el ánimo de dar alegrías a nuestra afición”. Son palabras de Eusebio la víspera del Ridículo de Getafe. Así escrito, con mayúsculas, porque lo que hizo ayer la Real no tiene nombre, ni perdón, ni justificación. Con un Anoeta medio vacío después de perder centenares de espectadores según han ido acumulando disgustos. Frente a un rival que llevaba trece partidos sin ganar. Que en sus seis últimas salidas no había logrado marcar un gol, es decir que no veía puerta lejos de su estadio desde el pasado 23 de enero y que acumulaba un parcial de 0-21 tantos. Que se presentaba en Donostia con seis bajas de jugadores que podían ser perfectamente titulares en una plantilla menor, que no tiene comparación con la blanquiazul ni en su supuesta calidad, algo que ya hay que poner en solfa, ni en los emolumentos que perciben. Pero sí, el colista de Primera, con un once de circunstancias, también se impuso en Amara en lo que supuso el mayor fiasco de la temporada. Que no es poco.

Un chasco así levantaría ampollas y exigiría depurar responsabilidades en cualquier club de elite que se precie, salvo en la Real, claro. Esa entidad en la que nunca pasa nada. En la que el director deportivo no para de vestir de txuri-urdin a auténticas medianías mientras el presidente le defiende a capa y espada en cada comparecencia pública. Ese vestuario en el que todos se llenan la boca con términos a los que menosprecian y dan la espalda en cada jornada como son ambición y exigencia. ¿Creen que alguno se sintió culpable cuando saltó al campo y vio que la grada estaba semidesierta? Seguro que estarían pensando que no lo entendían bien, ¡con lo bien que habían jugado parte del choque en Ipurua! La Real pasa de todo y, lo que es peor, sus jugadores no están a la altura del escudo que lucen en su pecho. Ni más ni menos.

La derrota de ayer no tiene explicación posible. Y aunque suene ridículo a estas alturas, porque con este conjunto no te puedes fiar ni aspirar a metas ilusionantes en la vida, si hubiese vencido a los dos peores equipos de la segunda vuelta de la Liga, Eibar y Getafe, se habrían quedado a dos puntos del Sevilla, que marca el límite de Europa. A uno si se tiene en cuenta que tienen el gol-average a favor con los de Emery.

Fíjense, tras la penosa campaña que estaban completando, han tenido la ocasión de reengancharse a jugar las dos previas de verano otra vez. Pero la pregunta queda encima de la mesa, ¿han escuchado a algún realista declarar en serio tras vencer al Barcelona que podían aspirar a la séptima plaza? Incluso más de uno manifestó sin ruborizarse que estaba imposible o que se encontraba demasiado lejos. Así les va. Esta es la Real de Aperribay y Loren. La que vacía el estadio cuando los gestores quieren ampliarlo hasta los 42.000 espectadores.

Tampoco se puede pasar por alto que el presidente ha repetido en más de una ocasión que era importante quedar lo más arriba posible para ingresar una mayor cantidad de dinero por las televisiones. Para qué queremos más dinero si el que ficha sigue siendo el mismo al que ya no le da la libreta para escribir todos los jugadores que ha contratado y que no han aportado casi nada. Para eso mejor que repartan los beneficios entre los accionistas. Antes Aperribay lo achacaba a la falta de dinero, ahora que son millonarios se inventará otra excusa. Lo que sea para salvar el puesto de una persona a la que, al parecer, aún se le deben favores pasados, porque su bagaje es simplemente indefendible.

Esta también es la Real de Eusebio. Sí, el técnico que llegó a mitad de temporada y que ha dejado de ofrecer garantías por el simple motivo de que un entrenador no puede tropezar cuatro veces en la misma piedra. En este equipo tienen que jugar los mejores y si no lo hacen, estás expuesto a un batacazo histórico como el de ayer. En los dos duelos de la Copa ante Las Palmas contaba con el salvoconducto de que nadie le avisó de que el tema de las rotaciones no funciona en la Real. En la anterior semana con tres partidos, se le fue la olla con una alineación que no había por dónde cogerla en el Calderón, donde acabaron goleados, lo que marcó el inicio de una crisis. No contento con eso, y si nos ceñimos a sus explicaciones al detallar que la ausencia de Illarra, un futbolista absolutamente intocable, se debía a una “decisión técnica”, ayer volvió a modificar su estructura y, una vez más, el tiro le salió por la culata. Si lo que pretendía era reservarlo junto a Yuri para intentar asaltar Vila-real este domingo, el tema es muy grave. Porque el duelo que era innegociable sacar adelante era el de ayer, ante tus sufridos socios.

Y luego están los jugadores. Claro que sí. Los que no merecen llevar esa camiseta si no son capaces de defenderla con un mínimo de orgullo y de casta. Los que no son conscientes de que si perdían ayer, iban a provocar que su gente, que está hastiada de verles perder, se iba a desesperar e iba a pasar una mala noche un jueves cualquiera cuando, desgraciadamente, ya parecía que estaba todo el pescado vendido en su lamentable campaña. Cuando crees que ya han tocado fondo, se superan, y todavía logran soliviantar más a su afición. Seguro que al comienzo del curso que viene han vuelto los 1.700 que han desertado en los últimos meses. ¿Piensan que alguno de los futbolistas perderá el sueño por ello? ¿Y por la derrota de ayer? Lo dudo.

La pregunta que planeaba ayer en Anoeta era: ¿Alguno de los 14.000 asistentes tenía en mente que era más que probable que el Getafe se llevara la victoria? Incluso tras adelantar Vela a la Real y dar la impresión los madrileños de ser el peor equipo que pasaba por Donostia en años, estoy convencido de que la gran mayoría temía que pudiesen remontar y llevarse los tres puntos. Como así fue. “Menuda banda”, se oía en la grada. Sí, los de txuri-urdin, una banda tan triste como penosa.

solo se salvó el inicioLa Real arrancó el encuentro sobrada ante un visitante que saltó al campo con un once improvisado. Markel fue el primero en crear peligro con un cabezazo a saque de falta de Pardo. Y a los 18 minutos, en una acción que partió en un saque de banda y defendida sin oposición, Mikel Oyarzabal centró, Guaita rechazó el balón y Vela marcó a puerta vacía. Era el primer gol esta campaña en Anoeta de la estrella de la Real. Un 21 de abril, con eso queda todo dicho. Bueno no, pese a contar con marcadores de lo más limitados, suplentes de suplentes, no se fue ninguna vez. Todos soñamos con despedirle por la puerta grande, pero el epílogo de uno de los mejores foráneos en la historia del club dejará como recuerdo la frustración del que pudo y no quiso. Estaba escrito que su historia acabaría mal.

Con la ventaja en el marcador, los blanquiazules se fueron relajando y los madrileños, que seguro que temieron salir goleados, comenzaron a crecerse. Pardo salvó providencialmente una contra con marchamo de gol entre Álvaro y Sarabia;e Iñigo, que hasta ese momento había jugado sobrado, cometió un error flagrante, impropio de un partido de Primera por intentar un regate en su propia área con la mala suerte de que se patinó al pisar un plástico con publicidad. Sarabia agradeció el regalo y su centro lo desperdició por encima del larguero Buendía. Se veía venir y, como suele suceder con esta errática Real, el empate llegó en el último minuto del primer tiempo. Reyes reculó demasiado anulando el fuera de juego de Álvaro y el centro de este lo remató a la red sin oposición Sarabia.

En la segunda parte, tras el enésimo centro que puso De la Bella, que fue de los pocos salvables, y que no leyó Jonathas y después de un penoso cabezazo de este al saque de un córner, arribó la jugada del segundo tanto visitante. Pardo perdió un balón tonto y en la contra Oier se precipitó y cometió penalti sobre Álvaro cuando este no tenía opción de anotar en el clásico fallo del portero con pocos minutos. El propio delantero lo transformó y dio una ventaja que a la postre resultaría decisiva para los de Esnáider.

La Real lo intentó, pero ya era demasiado tarde y sus jugadores estaban demasiado desenchufados como para encontrar portería. Para colmo, Pardo y Jonathas respondieron con gestos feos a la grada cuando sus sustituciones fueron acogidas con silbidos. Extraño prescindir de tu único 9, aunque fuese más un 0 hasta ese momento, cuando necesitas remontar un resultado.

En definitiva y parafraseando a Sanchís y Jocano en su Crónica de San Sebastián,otro fracaso más, desanda los pasos, esta es la Real. Ahora es cuando se puede recordar la algarabía que se vivió el miércoles en El Molinón con el gol del Sporting en el descuento. No contaban con que el Getafe visitaba a esta penosa Real, capaz de lo mejor y de lo peor, pero que desgraciadamente provoca más disgustos que alegrías desde hace demasiado tiempo. Se ha convertido en un club con alma de perdedor y que aboga por empequeñecerse pese a sus enormes posibilidades, cuando antes era pequeño, pero con vocación y espíritu de grande. ¡Qué pena dio la Real aquella noche del Ridículo de Getafe!


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