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Infancia robada en Yemen y vidas invisibles en un baño público de Turín

Khadija Al-Salami y Stefania Bona presentan sus filmes ‘Diez años y divorciada’ y ‘Gente dei bagni’

Juan G. Andrés Ruben Plaza - Miércoles, 20 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:11h

La realizadora yemení afincada en Francia Khadija Al-Salami, ayer, en el Victoria Eugenia, ante el cartel de su película ‘Diez años y divorciada’.

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La realizadora yemení afincada en Francia Khadija Al-Salami, ayer, en el Victoria Eugenia, ante el cartel de su película ‘Diez años y divorciada’.

Donostia- A los once años, Khadija Al-Salami (Saná, 1966), hoy convertida en la primera cineasta y productora mujer yemení, fue obligada a casarse con un hombre mayor. “Tuve que luchar no solo con mi familia, sino contra toda la sociedad”, recordó ayer la directora que, con determinación y coraje, se rebeló contra los valores tradicionales de su país, abandonó a su marido y solicitó el divorcio. A los 16 años recibió una importante beca que le permitió cumplir su sueño de estudiar cine en EEUU.

Hoy día reside en Francia y puede vanagloriarse de haber dirigido más de 25 documentales sobre las mujeres y chicas jóvenes de Yemen, donde entre otras cosas, no existen requisitos de edad para el matrimonio y el 52% de las mujeres se casa con menos de 18 años. El Festival de Cine y Derechos Humanos acogerá el estreno en España de Diez años y divorciada, un largometraje que ficciona la peripecia real de una niña yemení, Noyud Ali, cuya historia recuerda mucho a la de la directora.

La película, que se proyectará esta tarde a las 16.30 horas en el Victoria Eugenia, es la adaptación al cine del libroMe llamo Noyud, tengo 10 años y estoy divorciada, bestseller que llegó a España en 2009 y en el que la pequeña cuenta su experiencia con la ayuda de la periodista franco-iraní Delphine Minou. Según recordó ayer Al-Salami, fue difícil “convencer” a la editorial de que le cediera los derechos del libro para llevar el relato al cine, ya que también estaba interesada en ellos una conocida directora francesa cuyo nombre no reveló.

“Me preocupaba que la dirigiera alguien con una mirada exterior y que no conociera la cultura yemení porque eso es necesario para el cambio. Yo no solo quería denunciar, sino también concienciar, utilizar la educación con voluntad de cambio”, afirmó la realizadora, que al final consiguió los derechos del libro y encontró productores pero necesitó cuatro años para lograr la financiación.

Como en Yemen no hay industria cinematográfica, todo el equipo técnico y artístico llegó de Egipto para participar en un rodaje trufado de “obstáculos”. Al tratar un tema “delicado”, Al-Salami temía irritar a las autoridades o “despertar” a los extremistas de su país. Suplieron la falta general de electricidad con un generador que les quisieron quitar, hubo una muerte accidental, problemas diversos al rodar en los pueblos e incluso un bombardeo de Al Qaeda en un edificio cercano. Terminada la posproducción, los ataques de Arabia Saudí a Yemen han impedido el estreno normal de la película en su país, donde solo ha sido difundida por Internet gracias al apoyo de las ONG.

Ahora confía en que Diez años y divorciadasea “un pasito” hacia la aprobación de una futura ley yemení que prohiba el matrimonio forzoso de adultos con niñas menores, una práctica alimentada por la pobreza, el analfabetismo y la mala interpretación de la religión y las tradiciones. “Se les roba la infancia, se impide su acceso a la educación y sufren lesiones y abusos. Hay muchas niñas que no sobreviven a la noche de bodas”, explicó una mujer cuyas traumatizadas madre y abuela también fueron forzadas a casarse en su infancia. “Cuando le pregunto a mi madre, que se casó con ocho años, cómo permitió que a mí me hicieran lo mismo, ella responde que era nuestro destino”, aseguró tras recordar su decisión de “no ser como ellas” y usar el cine “para dar voz a la mujer” de Yemen.

MicrocosmosTras este filme se proyectará The Crossing(19.00), una producción entre Noruega e India sobre el drama de los refugiados sirios. Cerrará la jornada Gente dei bagni(22.30), un documental que Stefania Bona y Francesca Scalisi han rodado sin salir de unos baños públicos de Turín que conforman un peculiar mosaico de gentes diversas. En la rueda de prensa de ayer, Bona explicó que la intención inicial era hablar sobre la “nueva pobreza” surgida en Italia por efecto de la crisis económica. En las duchas municipales hallaron un “increíble microcosmos” de historias y personas de las más diversas procedencias, nacionalidades y escalas sociales, gente que habitualmente lleva una vida “invisible” y hace una pausa en su “difícil” existencia para ocuparse durante unos minutos de su higiene personal, para “darse un mínimo de dignidad”.

La película mezcla varios tonos y combina humor y dramatismo, pues a las directoras les interesaba introducir el “contraste entre cierto toque ligero” y un tema “muy duro” -la pobreza-. “Queríamos hacerlo desde la belleza y de ahí la óptica, la estética y la música empleadas”, afirmó la cineasta, que quiso destacar la “integración natural” que se produce en unos baños en los que conviven individuos de toda condición: italianos que han perdido su trabajo, ancianos que no tienen quien les cuide, vagabundos, inmigrantes o personas que por distintos motivos no tienen cuarto de baño o agua caliente en casa.


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