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El ‘ertzaña’ que detuvo al cónsul espía

Miguel Etxagibel se muestra orgulloso de haber hecho preso al cónsul austriaco, mártir para los franquistas y nazis, el 28 de octubre de 1936

Un reportaje de Iban Gorriti - Domingo, 17 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:13h

El lehendakari Iñigo Urkullu y la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, ayer durante el homenaje en Arrasate a Miguel Etxagibel. Fotos: Efe

El lehendakari Iñigo Urkullu y la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, ayer durante el homenaje en Arrasate a Miguel Etxagibel. Fotos: Efe

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El lehendakari Iñigo Urkullu y la consejera de Seguridad, Estefanía Beltrán de Heredia, ayer durante el homenaje en Arrasate a Miguel Etxagibel. Fotos: Efe

Es de Arrasate, ertzaña de los años 30 del siglo pasado. Formó parte de tres ejércitos y en tres idiomas. Tan solo en el primero, en euskara, Miguel Etxagibel fue libre, voluntario. Hecho preso por los golpistas españoles en Gallarta, tuvo que hablar en castellano en los batallones de esclavos, idioma no materno que, por suerte, había aprendido en Sestao antes de que estallara la Guerra Civil. También en España fue reo de los fascistas de Mussolini: tuvo que aprender a hablar italiano porque tenía prohibido hacer lo contrario en la División Blindada Littorio.

La sociedad tiene noticia de él, de que sigue vivo a sus elegantes 97 años, gracias a la asociación memorialista Intxorta 1937 Kultur Elkartea. El propio Etxagibel se muestra dispuesto a relatar su orgullo, el que custodia aquel histórico 28 de octubre de 1936 cuando siendo él miembro de la policía del Gobierno vasco detuvo al cónsul austriaco Wilhem Wakonigg después de hallar en su valija informaciones secretas destinadas al mando golpista. El espía se disponía a embarcar en el destructor inglés Exmouth junto con otros diplomáticos. “¡Yo fui uno de los que detuvo al cónsul de Austria y Hungría!”, subraya.

Wakonigg fue juzgado por un tribunal popular en Bilbao y ejecutado al día siguiente en Derio. Los franquistas y las autoridades nazis alemanas le consideraron uno de sus mártires, que “dio su vida por Dios y por España”. Sus restos permanecen enterrados en Begoña.

Etxagibel eleva el volumen de su voz. “¡Mira lo que eso supone! El lehendakari Aguirre se la jugaba ante el mundo entero. ¿No es para estar orgulloso haber sido uno de los que le detuvo?”, pregunta quien el próximo 21 de noviembre cumplirá 98 años.

Nació en el barrio Garagartza. En el caserío Iturralde. Su primera participación contra el golpe militar de julio de 1936 se dio cuando acompañó a unos asturianos desde el batzoki de Arrasate hasta la empresa Elma para volar el cubilote de la fundición.

A finales del mismo ejercicio colaboró con su padre Patxi como zapador junto a los milicianos del batallón Dragones de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) en Murugain. Más adelante, se incorporó al cuerpo policial de la Ertzaña con su clara ideología sabiniana, que a día hoy mantiene como “bizkaitarra de Gipuzkoa” que se autopresenta. “Fui el ertzaña más joven de todos, porque me incorporé con 17 años, sin tener la edad necesaria”, matiza con el dedo índice derecho en alto.

Desde el cuartel del club marítimo de El Abra, “todo de forma acelerada”, subraya, partió con su compañía al frente en Urkiola, pasando por un recién bombardeado pueblo de Durango. “Pasamos de noche y aún había humo en Durango, trastos, tuvimos que quitar troncos para poder pasar, casas en ruinas...”, evoca.

Con el oficial Abando al cargo llegaron al puerto de montaña. “Antes de salir nos dieron ropa de campaña y dos pistolas: una Star de Eibar y otra Astra, de Gernika. Me gustaba más la primera porque la Astra era sin gatillo”, aporta quien inauguró el cuartel de Bidarte.

En Urkiola veía venir “aviones de Burgos” que raseaban y sus bombas hacían boquetes como una habitación de grandes. Era de miedo, de pánico: “Allí nos dividieron a los ertzañas, unos fueron a Saibigain y otros a Otxandio. En el Saibi murieron muchísimos. Les machacaron. Hubo desaparecidos”.

Etxagibel se replegó con los suyos a Txakurzulo, “con los franquistas cerca en las Tres Cruces”. Continuaron por Atxarte. “Allí perdí mi carnet de ertzaña, en un camarote que dormimos”, lamenta. Y de Arrazola a San Miguel, en Amorebieta, donde se sumaron refuerzos con “el sargento Cuevas”.

Entonces, surgió el rumor de que la Quinta Columna avanzaba hacia Bizkaia desde Cantabria. “Y nosotros no podíamos pasar de Saltacaballos”, explica. Los golpistas le apresaron en Gallarta. Mientras a otros les dieron “el paseo”, es decir, les fusilaron, él tuvo un consejo de guerra y le destinaron al campo de concentración de Miranda de Ebro, “a la azucarera”. Y de allí a ser esclavo de Franco en Zamora. “El agua nos lo traían en aljibes porque no había. Solo perdices”, enfatiza.

Les obligaron a hacer carreteras. “A un guardia civil mutilado le dio un día por tirar balazos y a un amigo le dio en un brazo”. Allí, pidieron voluntarios para formar parte de la División Littorio. Etxagibel no se presentó, pero le tocó en un sorteo. “Nos llevaron a Barcelona a cuidar sus caballos”, señala.

Cuando pudo volver a casa le enviaron a la mili a Gasteiz durante “cinco años. De hecho, vine y me volvieron a mandar un año más. Estuve un total de 8 años fuera de casa”. Aunque en los registros aparece que fue policía del Gobierno vasco durante escasos meses, según Miguel “se es ertzaña siempre”. Así lo deja registrado en la grabadora mientras hace el saludo de llevar su mano al pecho.


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