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De Soria a Jersey y vuelta en ventilador

Parece que al Partido Popular ‘le crecen los enanos’ en el peor momento pero, para que eso ocurra, hay que tener enanos en las entretelas propias y además haber reducido su estrategia anticorrupción a extender cortinas de humo con el ventilador que esta misma semana agitaba Iñaki Oyarzábal en el Parlamento Vasco

Por Iñaki González - Domingo, 17 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:13h

El exministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, participa en el programa 'El cascabel', de 13TV, su primera entrevista después de presentar la renuncia expresa a todos sus cargos en el Gobierno, el Congreso y el PP.

El exministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, participa en el programa 'El cascabel', de 13TV, su primera entrevista después de presentar la renuncia expresa a todos sus cargos en el Gobierno, el Congreso y el PP. (EFE)

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El exministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, participa en el programa 'El cascabel', de 13TV, su primera entrevista después de presentar la renuncia expresa a todos sus cargos en el Gobierno, el Congreso y el PP.

es cuestión de días que se confirme o se descarte la convocatoria electoral del 26 de junio. En cualquiera de los casos, parece el peor momento para que un partido con aspiraciones de gobierno protagonice titulares asociados a la corrupción, la elusión fiscal o, al menos, a prácticas financieras y fiscales éticamente cuestionadas por la opinión pública.

El único mecanismo para evitar elecciones es un acuerdo en el que cualquier eventual socio puede sentirse poco proclive a unir su imagen pública a la de un PP con exministros y expresidentes en boca de todos por sus dineros y los que presuntamente habrían escatimado a sus votantes vía impuestos. Y acometer una nueva cita con las urnas con esos condimentos en el cóctel con el que se pretende seducir al votante no refuerza la oferta electoral de Mariano Rajoy.

Eso es lo que hemos vivido en los últimos días. José Manuel Soria, que se las ha arreglado para llegar al final de la legislatura sin que nadie conozca ninguna iniciativa de su responsabilidad -la cartera de Industria y Energía- que haya mejorado objetivamente la competitividad de la industria o la accesibilidad de los ciudadanos a sus necesidades energéticas, es el segundo ministro de Rajoy que se ve obligado a dimitir por prácticas personales poco claras.

De Soria a Jersey pasando por el Caribe

La primera fue Ana Mato, casi olvidada ya como ella olvidó preguntarse por qué se le llenaba el garaje de vehículos de lujo. En honor a la verdad, hay que decir que el caso de Soria no tiene aún la derivada delictiva. De lo sabido hasta ahora el problema reside en que ha dejado en evidencia que el ya exministro ha mentido a sabiendas o ha sido tan torpe como para no saber que mentía. Cualquiera de ambas opciones le desacredita para el cargo que ha desempeñado más de cuatro años.

La impostada arrogancia con la que se ha desenvuelto durante el goteo de informaciones sobre su titularidad en sociedades radicadas en paraísos fiscales ha retratado a alguien que, con ánimo de evadir dinero o no, era consciente de que lo hecho era mejor no admitirlo, no aclararlo o no ponerlo en conocimiento de la sociedad. Lo que viene siendo actuar con rabo de paja.

Queda también la sensación de que Rajoy hubiera aguantado el periplo caribeño de su ministro en funciones, en medio de una campaña de autodefensa de los personajes de toda índole vinculados a los célebres papeles de Panamá. Se había construido un discurso compartido entre el “yo no sabía nada” y el “esto no es delito” que parecía soportarlo todo. Hasta la sensación de que quienes crearon sociedades en paraísos fiscales se sienten con el derecho de hacerlo y les irrita la reprobación ética. Pero el puente aéreo de Soria a las islas Jersey, que en el imaginario social vienen a ser a Europa lo que Isla Caimán al Caribe, ha sido demasiado.

Porque, al fondo de las idas y venidas de dineros hacia y desde el extranjero, alguien debería recordar que este Gobierno del PP en funciones sustituyó la lucha contra el fraude por una amnistía fiscal. Lo hizo un ministro que ejerce de azote de las cuentas corrientes de la oposición pero se reúne con José María Aznar para, según dice, no hablar de la ingeniería elusiva aplicada por el expresidente y la consiguiente multa. Todos iguales ante la ley, sostiene Montoro, pero para que así fuera debería recibir en su despacho a todo el que tiene alguna línea descolocada en su declaración de IRPF;o a ninguno.

Cabalgando un ventilador

El vuelo de retorno del PP de ese viaje al sótano de los movimientos financieros bajo cuerda podría y debería haberse acometido una década atrás a la luz del día, con luz y taquígrafos, pero está preñado de sms cómplices, de amistades inquebrantables hasta que se tornan estorbo y de un cierre de filas que ni siquiera ha servido para lavar en casa los trapos sucios.

A cambio, el PP trata de aligerar su pozo séptico con un ventilador. Tiene razón cuando sostiene que la corrupción, presunta o probada, no ha sido un producto de consumo exclusivo en la derecha española, pero no hay argumento que excuse la falta de consistencia frente a ella. La sustituye un discurso en el que se intenta extender la sospecha sobre toda la estructura política e institucional.

Proteger su deteriorada imagen desacreditando al conjunto del sistema es impropio de una responsabilidad democrática como la que se arroga. Denunciar irregularidades -con independencia de su origen- y exigir la asunción de sus consecuencias -con independencia de sus responsables- es imperioso en términos de limpieza democrática. Pero el PP no está practicando tan noble arte cuando compara la presunta concertación de precios entre empresas en los concursos del servicio de comedores de la escuela pública vasca con el caso de los ERE de Andalucía o con la detención del alcalde popular de Granada.

Es el discurso del secretario de derechos y libertades del PP, Iñaki Oyarzábal. Una estrategia peligrosa esa de agarrarse a las aspas del ventilador porque quien lo hace acaba saliendo despedido de él por la mera sucesión de hechos conocidos en torno a su partido. El artilugio no soporta tanto peso: Gürtel, Troya, Scala, Andratx, Pokemon, Malaya, Emarsa, Brugal, Faycán, Púnica, Palma Arena, Nóos, Nueva Carthago, Cooperación, Radio Televisión Valenciana…

Son algunos, no todos, nombres que los jueces y los medios han puesto a la mochila del PP desde el año 2000 en materia de corrupción. El PP suma más de 140 imputados e investigados -cargos públicos, desde alcaldes a expresidentes autonómicos y exministros- y una treintena de condenados por actividades corruptas. El partido de Rajoy, Alonso y Oyarzábal es un circo al que le crecen los enanos porque parece estar plagado de ellos. Con estos mimbres, es sorprendente que, volviendo al principio, el exministro Soria haya causado quemaduras de tercer grado a tantos compañeros que han puesto la mano en el fuego por él en los últimos días -Fernández Díaz, Montoro, De Guindos, Dolores de Cospedal-. Con esta experiencia, ¿de verdad nadie hace en el partido una reflexión ética sobre su actividad en el ejercicio del poder que lleve a una regeneración de toda la estructura? El ventilador parece poco remedio para tantas ampollas.


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