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Altarriba “recupera” a su madre en la novela gráfica ‘El ala rota’

El escritor reivindica las “batallas constantes” y cotidianas de mujeres como su progenitora

Naiale Urkijo / Efe - Domingo, 17 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:14h

Antonio Altarriba, con su novela gráfica ‘El ala rota’.

Antonio Altarriba, con su novela gráfica ‘El ala rota’. (Foto: Efe)

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Antonio Altarriba, con su novela gráfica ‘El ala rota’.

Vitoria- El escritor Antonio Altarriba se sorprendió de lo poco que sabía de su madre cuando en su lecho de muerte descubrió que tenía un brazo inmóvil “desde siempre”. Esta revelación le sacudió y le llevó a preguntarse cómo era realmente la mujer que le trajo al mundo. El resultado de ese viaje interior es El ala rota (Editorial Norma), una novela gráfica que sale a la venta esta semana y que ha permitido a este novelista y guionista de cómics “recuperar” a su madre, cuya minusvalía, inadvertida para su familia durante décadas, pone ahora nombre al libro que cuenta su vida.

Nacida en 1918 en Pozuelo de la Orden (Valladolid) y fallecida en 1998 en Vitoria, Petra Ordóñez fue “una mujer de su tiempo: discreta, callada, sumisa, sacrificada y relegada en un mundo de hombres”, explica su hijo. Esa supremacía masculina se refleja en la estructura del libro, que arranca con la muerte de Petra para contar después toda su vida a través de un enorme flashback en blanco y negro.

De esta manera, sigue la línea de El arte de volar, la novela gráfica sobre la vida de su padre con la que Altarriba ganó el Premio Nacional de Cómic en 2010 y que también fue ilustrada por el dibujante catalán Kim, autor de Martínez El Facha. En el caso de Petra, la historia se divide en capítulos que llevan por título el nombre de las personas que marcan cada época de su vida, siempre “hombres de autoridad”: su padre, el capitán general en cuya casa ella sirve en Zaragoza, su marido y un amor otoñal nacido en la residencia vitoriana donde pasó sus últimos años.

Petra, recuerda Altarriba, nació “rodeada de muerte” pero ella lo contaba con “sencillez y decía, ‘Mi madre murió en el parto y mi padre, como estaba muy enamorado, me quiso matar”. Su hermana Florentina evitó el crimen al arrancarla de los brazos de su padre cuando éste trataba de golpearla con una piedra en la cabeza. En este episodio “traumático” al que ella “no daba importancia” está el origen de su nombre, Petra, en recuerdo de aquella piedra que pudo haber puesto fin a su vida el mismo día en que comenzó.

Ese forcejeo por el bebé es además el momento que Altarriba “imagina” como el de la lesión del brazo. Se trata, sin embargo, de una hipótesis porque la causa verdadera es un secreto que su madre se llevó a la tumba, como otras tantas cosas que las mujeres de su generación callaban, “no porque ocultaran algo sino porque hacían las cosas sin darse importancia”. El ala rota reivindica precisamente las gestas cotidianas de aquellas mujeres que “no conquistaban una trinchera o iban a una manifestación prohibida” (como hacía el padre de Altarriba, que “murió anarquista”), pero eran “batallas constantes” porque ellas “eran las que realmente sacaban la familia adelante”.

Petra tuvo una infancia y una juventud “bastante duras” y ya mayor se separó de marido. Cree su hijo que esos últimos años fueron “relativamente felices” gracias a que el ambiente religioso de la residencia vitoriana se acoplaba a su carácter y gracias también al “medio novio que tenía que ver a escondidas porque las monjas prohibían las relaciones si la pareja no era matrimonio”.

Su muerte a los 80 años y el impactante descubrimiento de su minusvalía despertaron en Altarriba la necesidad de “reconstruir” la vida de su madre. En ese ejercicio no ha escatimado detalles íntimos, como la vida sexual de sus padres, algo que juzga necesario para construir el retrato “más fiel y sincero posible” de ellos. El esfuerzo no ha sido baldío porque Altarriba siente que ha “recuperado” a su madre. “Ahora la entiendo mucho mejor y la quiero mejor, no sé si más, pero sí mejor”, confiesa el escritor zaragozano afincado en Vitoria. “Este libro me ha servido para cambiar mi visión sobre mi madre”, sintetiza, y lamenta no obstante que a su muerte aún le quedaban “muchas cosas por saber de ella”.


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