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El Eibar desentierra las miserias de la Real

Domingo, 17 de Abril de 2016 - Actualizado a las 06:13h

Los jugadores del Eibar celebran el gol del triunfo ante un Rulli cabizbajo. Foto: Gorka Estrada

Los jugadores del Eibar celebran el gol del triunfo ante un Rulli cabizbajo. Foto: Gorka Estrada

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Los jugadores del Eibar celebran el gol del triunfo ante un Rulli cabizbajo. Foto: Gorka Estrada

El Eibar volvió a ganar a la Real en Ipurua. Lo hizo además remontando un tempranero gol de desventaja, sabiendo sufrir en los minutos que fue inferior, y aplastando a los realistas a la contra cuando se puso por delante en el marcador. Enorme mérito para el cuadro armero, que certifica su virtual salvación a falta de cinco jornadas en una temporada en la que la serie de malos resultados que ha encadenado en la segunda vuelta no puede restar brillo a su extraordinario arranque del campeonato.
En el otro lado de la moneda figura una Real sin orgullo ni garra. A la que no parece importarle la gran decepción que produjo entre su gente la derrota en Ipurua de la pasada temporada. Porque, por mucho valor que tenga la campaña armera, no se puede justificar que sigan siendo capaces de lo mejor y de lo peor. Sus aficionados ya conocen de sobra que sus grandes victorias son siempre la antesala de un patinazo. Y el de ayer fue grave. Su plantilla está sobre el papel y por los sueldos que cobran sus millonarios futbolistas a años luz de la del Eibar. Es intolerable que cuando todavía nadie en Anoeta ha olvidado el humillante 1-0 del pasado curso, se dejen remontar e incluso puedan acabar siendo goleados por un adversario que corrió más, que luchó más, que metió con más fuerza el pie y que simplemente demostró que estaba más motivado para afrontar este derbi. Creo que la lista es lo suficientemente elocuente como para que se les caiga la cara de vergüenza.
Pero aquí no pasa nada, la mayoría se agarrarán al manido “ni antes éramos tan buenos ni ahora somos tan malos” y al “cómo exageran los resultadistas de los hinchas y los periodistas”, y a continuar la huida hacia adelante sin hacer un ejercicio de autocrítica lo suficientemente importante y severo como para que se encuentren las soluciones necesarias para que no se repita un año así. Insisto, sin restar ni una mínima cuota de prestigio al triunfo cosechado por el Eibar, que la Real pierda en Eibar tras derrotar al campeón de la Europa League y de la Champions en una semana es sonrojante. Pero era un espejismo, el club txuri-urdin se ha convertido en más perdedor que ganador. Y no hay más que decir al respecto, porque sus datos están ahí.
la Real arrancó mejor El partido no pudo empezar mejor para la Real, que no tardó en confirmar que llegaba en una dinámica superior a la cita. A los cuatro minutos, David Zurutuza se llevó una disputa tras un saque de banda de Yuri y tuvo la fortuna de que el balón se le quedó en una situación perfecta para buscar el disparo. El de Rochefort lo aprovechó con destreza al colocar el esférico en la misma escuadra sin que Riesgo pudiera hacer nada más que seguir con la vista su parábola.
El tanto sentó bien a los blanquiazules, que en la primera media hora siempre parecieron superiores a los locales. Incluso dispusieron de otra oportunidad clarísima para doblar su ventaja en un pase largo perfecto de Illarramendi a Vela, quien encaró a Riesgo partiendo desde una posición correcta, ya que estaba en su campo. El mexicano volvió a confirmar que ha bajado muchos enteros, puesto que malogró su opción con un híbrido de remate que se quedó a medias entre disparo y vaselina y se marchó botando desviado. Para rato se le iba a escapar una ocasión así al Vela de hace tres años. En fin, un capítulo a añadir al triste epílogo que llevan camino de firmar en la Real cinco años después y tras muchos partidos de gloria.
Por cierto que el maya fue una de las noticias destacadas del once de Eusebio, que no dudó en repetir la misma fórmula ofensiva que tan buen resultado le dio ante Sevilla y Barcelona prescindiendo de Jonathas.
Enfrente, Mendilibar, que lleva semanas enfrascado en una constante búsqueda de soluciones para cortar la dura racha de malos resultados con la que se ha ido desinflando su equipo después de erigirse con un mérito asombroso en la sensación de la primera vuelta de la Liga. El técnico fue valiente, algo que jamás se le podrá discutir a lo largo de su carrera, como lo acredita donde coloca la línea de su defensa, y apostó por su versión más alegre, con Inui y Keko en bandas y los dos delanteros.
El Eibar tuvo mérito, porque supo aguantar sus momentos de inferioridad sin desviarse ni un ápice de su planteamiento. Los armeros presionaron mucho y arriba conscientes de que su momento estaba por llegar. Su primer acercamiento fue un cabezazo de Ansotegi que atrapó Rulli. El meta había demostrado, una vez más, que no se motiva igual en campos así como ante el Barça al estar muy cerca de protagonizar un vídeo de primera con una salida desbocada con el balón.
Solo dos minutos después del primer aviso del exrealista arribó el empate, en un centro largo de Capa que cabeceó con demasiada facilidad Sergi Enrich en el segundo palo. El esférico se coló en el marco tras tocar en un Reyes que no estuvo fino en la marca. No hubo nada más reseñable en el final de la primera mitad, más que remarcar que poco a poco iba saliendo a flote la mayor motivación de un más necesitado Eibar ante una Real que volvía a las andadas sin ruborizarse.
En la reanudación, los blanquiazules volvieron a intentar ponerse por delante en un par de buenos acercamientos. Riesgo salvó con un paradón un cabezazo de Markel a centro de Prieto y este último vio cómo le anulaban un gol correctamente al encontrarse en fuera de juego. Era el minuto clave del encuentro, ya que a continuación a Zurutuza se le fue la cabeza en un pase atrás incomprensible con el que habilitó a Enrich, cuyo centro lo desvió con muy poco acierto Rulli, que le sirvió en bandeja el gol a Escalante. Salvo un par de tibias oportunidades, en una salida de Riesgo a los pies de Mikel Oyarzabal, que actuó pasado de revoluciones en el regreso a su casa, y en un suave y centrado disparo de Vela, en el partido se jugaba a lo que quería el Eibar. Los azulgranas protagonizaron varias contras de vértigo con las que destrozaron a los realistas. Rulli, al hacerse gigante, salvó un mano a mano ante Keko y Escalante disparó al larguero en un balón muerto tras el saque de esquina. En el último minuto, a Vela se le escapó fuera una falta en una posición inmejorable, en otra muesca más del ocaso de su magia, y en el descuento el colegiado no quiso pitar un claro penalti de Luna al mexicano. Pero, bueno, estas cosas pasan, y la Real no perdió ayer por el penalti.
La fiesta en el derbi fue armera. La afición local celebró por todo lo alto la victoria ante el hermano mayor, que regresó cabizbajo a casa. Quizá en noches como las de ayer entienda mejor por qué se han producido más de 1.700 bajas de socios, que se dice rápido, y por qué en Eibar y su comarca casi todos sus niños se decantan por los colores azulgranas. La mejor lectura del encuentro es que la campaña que viene volverán a disputarse dos derbis más entre Real y Eibar. En eso sí que se puede decir que toda Gipuzkoa está de enhorabuena. l


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